Hermana Verónica, la religiosa que combina cocina, música y fe: la nueva figura de elGourmet que rompe todos los prejuicios
Hermana Verónica, la religiosa que combina cocina, música y fe: la nueva figura de elGourmet que rompe todos los prejuicios
En un convento ubicado en pleno barrio porteño de Palermo, a pocas cuadras de una de las zonas comerciales más conocidas de Buenos Aires, vive una mujer cuya historia desafía muchas de las ideas tradicionales asociadas a la vida religiosa.
La Hermana Verónica Evangelina Prieto se convirtió en una de las nuevas figuras de la televisión gastronómica argentina al llegar a la pantalla de elGourmet, pero su camino hasta allí estuvo marcado por experiencias tan diversas como sorprendentes.
Con 50 años, esta religiosa no encaja en un único molde.
Cocina, canta, toca instrumentos, disfruta del fútbol y no oculta su pasión por River Plate.
Su personalidad espontánea y su forma cercana de transmitir la fe hicieron que rápidamente llamara la atención del público.
Su llegada al mundo de la televisión gastronómica ocurrió después de una búsqueda que terminó cruzando caminos inesperados.
El canal buscaba una figura religiosa que pudiera compartir recetas y transmitir una mirada diferente sobre la cocina, y la Hermana Verónica apareció como una opción que terminó transformándose en una nueva etapa de su vida.
Antes de convertirse en una referente culinaria, su historia estuvo muy lejos de los estudios de televisión.
Se formó como profesora de Geografía y durante su juventud atravesó un proceso personal que la llevó a elegir el camino religioso.
Ella misma recuerda que dentro de su familia era vista como alguien diferente.
Según contó, creció en un entorno donde la fe no ocupaba un lugar central y su decisión de acercarse a la religión sorprendió a sus seres queridos.
“Soy la oveja negra de mi familia”, explicó al recordar aquellos años.
Su padre era ateo y otros integrantes de su entorno tenían una relación distinta con las creencias espirituales, mientras que ella sentía desde joven una conexión profunda con la fe.
La elección de una vida religiosa no fue un camino sencillo.
La Hermana Verónica relató que incluso recibió cuestionamientos de familiares que no comprendían su decisión y que, con el paso del tiempo, aprendieron a respetar la elección que había hecho.
Más allá de su vocación espiritual, siempre mantuvo una personalidad llena de intereses.
La música ocupa un lugar importante en su vida: toca la guitarra y el órgano, herramientas que también utiliza dentro de sus actividades religiosas.
Su amor por el fútbol es otro de los aspectos que sorprenden a quienes conocen su historia.
La religiosa no duda en expresar su pasión por River Plate y reconoce que disfruta acompañar al club como cualquier otro hincha.
Esa combinación de espiritualidad, música, deporte y cocina es justamente lo que convirtió a la Hermana Verónica en una figura diferente dentro del universo televisivo.
Su ingreso a elGourmet ocurrió de manera inesperada.
Según contó, una conocida vinculada al canal mencionó que estaban buscando una religiosa que supiera cocinar.
Ella decidió presentarse, realizó pruebas y participó de distintas entrevistas hasta que finalmente recibió la invitación para grabar un programa.
Así comenzó una nueva etapa que la llevó a ocupar un espacio que anteriormente había tenido la reconocida Hermana Bernarda, una figura muy querida por los seguidores de la cocina argentina.
Sin embargo, Verónica evita comparaciones y asegura que admira profundamente el legado de su antecesora.
Para ella, ocupar ese lugar representa una gran responsabilidad y no busca reemplazar una historia que ya forma parte de la memoria de muchos espectadores.
Dentro de la cocina, la religiosa demuestra que sus recetas tienen tanto protagonismo como sus reflexiones.
Entre sus preparaciones más destacadas aparecen las pastas, el asado y especialmente un pan de ajo que se convirtió en uno de sus platos más celebrados.
Con humor, cuenta que cuando recibe invitados en el monasterio, muchas veces el pan termina siendo tan exitoso que los comensales llegan con menos espacio para el plato principal.
Esa anécdota refleja la manera cercana y alegre con la que vive la gastronomía.
Para ella, cocinar no representa solamente preparar alimentos, sino también crear espacios de encuentro.
La mesa se convierte en un lugar donde las personas pueden compartir historias, conversar y sentirse acompañadas.
A pesar de su exposición pública, la Hermana Verónica asegura que su prioridad continúa siendo la misión religiosa.
La televisión y la cocina son herramientas que le permiten acercarse a más personas, pero su objetivo principal sigue relacionado con transmitir un mensaje espiritual.
Entre sus próximos proyectos se encuentra una misión en Santiago del Estero junto a un grupo de adolescentes.
Allí participará de una experiencia de acompañamiento en comunidades con menos recursos tecnológicos y con necesidades diferentes a las de las grandes ciudades.
Según explicó, esos encuentros tienen un significado especial porque permiten acompañar a jóvenes en momentos importantes de sus vidas.
Para ella, ver cómo una persona encuentra un sentido espiritual representa una de las experiencias más gratificantes de su labor.
La popularidad que alcanzó gracias a la televisión no modificó su forma de entender su vocación.
La Hermana Verónica sostiene que el verdadero desafío es llevar un mensaje de cercanía y esperanza a cada hogar al que pueda llegar.
Su historia demuestra que una persona puede reunir facetas que muchas veces parecen opuestas: la disciplina religiosa, la pasión por el fútbol, el amor por la música y el entusiasmo por cocinar.
Con su estilo auténtico y su manera directa de comunicarse, la Hermana Verónica logró conquistar a una audiencia que encontró en ella una imagen diferente de la vida religiosa.
Una mujer que demuestra que la fe también puede expresarse entre recetas, canciones, encuentros familiares y una buena mesa compartida.
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