Tyler no durmió.

No realmente.

Cada vez que cerraba los ojos, veía la palabra escrita con su propia letra:

“Acepto.”

Se levantó antes del amanecer, sin recordar en qué momento había decidido hacerlo. Su cuerpo simplemente… obedecía.

Como si ya no le perteneciera del todo.

La casa estaba en silencio absoluto.

Demasiado silencio.

Bajó las escaleras lentamente.

Esperando.

Escuchando.

Nada.

Ni Cara.

Ni Diana.

Pero en la mesa de la cocina…

Había algo esperándola.

Un sobre.

No rojo esta vez.

Negro.

Con su nombre.

Tyler lo miró fijamente.

—No… —susurró.

Pero sus manos ya se movían.

Lo abrió.

Dentro había una tarjeta.

Dirección.

Hora.

Y una frase:

“No llegues tarde. Ya has hecho esperar demasiado.”

El aire se volvió pesado.

Miró el reloj.

8:12 a.m.

La entrevista era a las 9.

No recordaba haber confirmado nada.

No recordaba haber respondido al correo.

Pero ahí estaba.

Todo ya decidido.

El edificio de Arkwell Studio no aparecía en Google Maps.

Tyler lo comprobó tres veces.

Aun así…

El taxi se detuvo justo frente a él.

—Llegamos —dijo el conductor.

Tyler miró por la ventana.

El edificio era alto.

Demasiado alto.

Sus líneas eran extrañas.

No imposibles.

Pero… incómodas de mirar.

Como si su mente no pudiera procesarlas correctamente.

—¿Está bien, señorita? —preguntó el conductor.

Tyler parpadeó.

—Sí…

Pagó.

Bajó.

Y en cuanto la puerta del taxi se cerró…

El vehículo desapareció.

No se fue.

No arrancó.

Simplemente…

Ya no estaba.

Tyler se quedó inmóvil.

—No mires atrás.

La voz.

Justo detrás de ella.

Se giró lentamente.

Diana.

Vestida de negro.

Perfecta.

Impecable.

Como siempre.

Pero ahora…

Había algo más.

Algo que Tyler ya no podía ignorar.

—¿Qué es este lugar…? —preguntó.

Diana sonrió levemente.

—Tu oportunidad.

—No —Tyler negó con la cabeza—. La verdad.

Silencio.

Diana la observó durante unos segundos.

Como evaluándola.

—La verdad tiene un precio.

—Ya lo pagué, ¿no? —respondió Tyler, mostrando el sobre.

Diana inclinó la cabeza.

—Apenas diste el anticipo.

Un escalofrío recorrió a Tyler.

—¿Y el resto?

Diana dio un paso hacia la entrada.

Las puertas se abrieron solas.

—Se paga entrando.

El interior era… imposible.

El espacio era más grande de lo que debería ser.

Los pasillos no seguían lógica alguna.

Las luces no tenían fuente visible.

Y el silencio…

Era ensordecedor.

—Camina —dijo Diana.

Tyler obedeció.

No porque quisiera.

Sino porque no podía hacer otra cosa.

Cada paso resonaba de forma extraña.

Como si el lugar escuchara.

—Aquí diseñamos estructuras —explicó Diana—.

—¿Edificios? —preguntó Tyler.

Diana sonrió.

—Realidades.

Tyler sintió un nudo en el estómago.

—No entiendo…

—Lo harás.

Se detuvieron frente a una puerta.

Sin manija.

Sin número.

Sin nada.

—Tu entrevista es aquí.

Tyler respiró hondo.

—¿Y tú?

—Yo ya tomé esta decisión hace mucho.

Una pausa.

—Ahora te toca a ti recordarla.

La puerta se abrió.

La sala estaba vacía.

Excepto por una silla.

En el centro.

Y un espejo.

En la pared.

—Siéntate.

La voz no venía de Diana.

Venía de todas partes.

Tyler dudó.

Pero se sentó.

El espejo frente a ella…

No reflejaba lo mismo.

Al principio parecía normal.

Pero entonces—

La imagen se movió.

Un segundo antes que ella.

Tyler se congeló.

—¿Qué…?

Su reflejo sonrió.

Pero ella no.

—Hola, Tyler.

La sangre se le heló.

—No…

—Tardaste mucho en volver.

—Yo no estoy…

—Sí estás.

El reflejo inclinó la cabeza.

Exactamente como Cara.

—Siempre has estado.

Tyler intentó levantarse.

No pudo.

Su cuerpo no respondía.

—Primera pregunta —dijo la voz—

—¿Por qué quieres existir?

Silencio.

Tyler temblaba.

—Yo… yo ya existo…

El reflejo negó lentamente.

—No como quieres.

Un latido.

—No como necesitas.

Las palabras golpearon profundo.

Demasiado profundo.

—Segunda pregunta—

El espejo cambió.

Ahora mostraba algo distinto.

Versiones de Tyler.

Diferentes.

Exitosa.

Segura.

Admirada.

—¿Cuánto estás dispuesta a sacrificar?

Las imágenes comenzaron a distorsionarse.

Derritiéndose.

Rompiéndose.

—Para convertirte en alguien que no pueda ser ignorada.

Tyler cerró los ojos.

—Esto no es real…

—Tercera pregunta—

El reflejo volvió.

Más cerca.

Demasiado cerca.

—¿Estás lista para dejar de ser tú?

Silencio absoluto.

El corazón de Tyler latía con fuerza.

Recordó.

La soledad.

El rechazo.

La invisibilidad.

El deseo de importar.

De ser vista.

De ser… alguien.

Abrió los ojos.

Miró su reflejo.

Y susurró:

—Sí.

El espejo se rompió.

Pero no cayó.

Se disolvió.

Como si nunca hubiera existido.

La silla desapareció.

El suelo también.

Tyler cayó.

Pero no gritó.

Porque en el fondo…

Sabía.

Esto ya lo había elegido antes.

Cuando abrió los ojos…

Estaba de pie.

En la entrada del edificio.

Diana y Cara a su lado.

Como si nada hubiera pasado.

—Bienvenida —dijo Diana.

Cara sonrió.

—Ahora sí eres una de nosotras.

Tyler respiró.

Pero algo era distinto.

El mundo…

Se sentía más claro.

Más… visible.

Podía notar cosas que antes no.

Grietas en el aire.

Susurros en el silencio.

Presencias entre la gente.

—¿Qué soy ahora…? —preguntó.

Diana respondió:

—Alguien que ve.

Cara añadió:

—Y alguien que será vista.

Tyler miró sus manos.

Luego levantó la vista.

Y por primera vez…

No se sintió invisible.

Pero en lo profundo de su mente…

Una duda surgió.

Si ya no era ella…

Entonces…

¿Quién había quedado atrás?