“Me siento mal”: Los angustiosos últimos segundos de Manolo Rojas antes de caer sin vida frente a su casa

La noche del viernes 27 de marzo de 2026 se convirtió en una de las más tristes para la farándula y el público peruano.

Manolo Rojas, el icónico comediante, imitador y figura inolvidable del humor nacional durante más de tres décadas, falleció repentinamente a los 63 años en los exteriores de su vivienda en el distrito de La Victoria, Lima.

Lo que debía ser una noche como cualquier otra terminó en una tragedia fulminante que ha dejado a miles de peruanos con el corazón roto.

Según los impactantes testimonios de su propia familia, todo comenzó con un malestar aparentemente común pero que rápidamente se transformó en una pesadilla.

Manolo Rojas empezó a sentir un fuerte dolor de cabeza y una intensa sudoración.

Mientras bajaba las escaleras de su casa, su estado empeoró de forma alarmante.

“Me siento mal”, alcanzó a pronunciar con dificultad antes de desplomarse frente a la puerta de su vivienda.

Un vecino alertó inmediatamente a la familia.

Fue su propio hijo, Manuel Rojas, quien lo encontró tirado en el suelo, sin respuesta.

El pánico se apoderó del lugar.

Los familiares, desesperados por salvarle la vida, intentaron auxiliarlo de inmediato.

Lo subieron a su propio vehículo con la intención de trasladarlo urgentemente a una clínica cercana.

Sin embargo, cuando llegaron los bomberos y el personal médico, ya era demasiado tarde: Manolo Rojas no presentaba signos vitales.

Las primeras versiones apuntan a un infarto al corazón fulminante como la causa principal del deceso.

Su hermano Jaime Rojas confirmó en las primeras horas que se trató de un infarto.

“Él estaba normal, iba todos los días al gimnasio, hacía su dieta tranquilo… Todo el día había estado bien”, relató conmovido.

A pesar de los esfuerzos por reanimarlo, los médicos solo pudieron certificar su muerte en el lugar.

El relato de su hijo Manuel es especialmente desgarrador.

Visiblemente afectado, contó que su padre necesitaba auxilio urgente y que incluso habían pedido un taxi para llevarlo a una clínica de emergencia.

“Sentía dolor de cabeza y estaba sudando… No pude hacer nada más”, confesó entre lágrimas.

La impotencia de la familia al ver cómo un hombre lleno de vida se apagaba en cuestión de minutos ha conmovido a todo el país.

Lo más sorprendente es que Manolo Rojas había cambiado radicalmente su estilo de vida en los últimos meses.

Semanas antes de su muerte, en una entrevista, reveló que un diagnóstico médico lo había alertado sobre problemas de hipertensión y sobrepeso.

Motivados por eso, bajó de 93 a 82 kilos, comenzó a hacer ejercicio constante, mejoró su alimentación y dejó hábitos dañinos.

Parecía estar en su mejor momento físico y anímico.

Ese mismo viernes había participado en el programa “Los Chistosos” de RPP, donde compartió risas y anécdotas como siempre.

Nadie imaginaba que horas después llegaría el final.

Las cámaras de seguridad de la zona captaron parte de los angustiosos momentos: la familia corriendo, el intento desesperado de trasladarlo y la llegada de las autoridades.

La Policía Nacional y serenazgo acordonaron la zona mientras se realizaban las primeras investigaciones.

Aunque las causas preliminares indican un paro cardíaco, las autoridades continúan con las diligencias para confirmar oficialmente los detalles.

Manolo Rojas no era solo un comediante.

Era un ícono del humor peruano que conquistó generaciones con sus imitaciones magistrales, su participación en “Los Chistosos”, “El Reventonazo de la Chola” y innumerables presentaciones en radio y televisión.

Su carisma, humildad y capacidad para hacer reír incluso en los momentos más difíciles lo convirtieron en un referente querido por todo el Perú.

La noticia de su muerte provocó una ola inmediata de condolencias.

Colegas como Ernesto Pimentel, Jorge Benavides, Carlos Álvarez y muchos otros expresaron su profundo dolor.

El Gobierno del Perú también envió sus sentidas condolencias.

Sus restos fueron velados en la sala VIP del Gran Teatro Nacional, donde cientos de fans, amigos y artistas llegaron para despedirlo con cariño y gratitud.

Esta tragedia repentina vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de la vida y la importancia de atender las señales del cuerpo.

Manolo Rojas había empezado a cuidarse, pero un infarto no siempre da segundas oportunidades.

Su partida deja un vacío enorme en la comicidad peruana y un legado de risas que perdurará por siempre.

Mientras el país aún procesa el shock, la familia intenta encontrar consuelo recordando los momentos felices.

Manuel y sus hermanos han compartido videos recientes donde Manolo aparece lleno de energía, haciendo ejercicio y cantando una canción que él mismo escribió sobre la importancia de cuidarse para vivir mejor.

“Quien nos hizo reír tanto ahora nos deja llorando”, es el sentimiento que se repite en redes sociales y en las calles.

Un hombre que dedicó su vida a alegrar a los demás se fue demasiado pronto, en la puerta de su casa, en una noche que nadie olvidará.

El humor peruano está de luto.

Manolo Rojas, el gran imitador y comediante que marcó una época, ya descansa en paz.

Su voz, sus imitaciones y su sonrisa seguirán viviendo en el recuerdo de todos los que alguna vez se rieron con él.

Descansa en paz, Manolo.

El escenario del cielo ahora tiene a su mejor artista.