De héroe de La Máquina a despedido en Brasil: la brutal caída de Martín Anselmi que nadie vio venir

Una pregunta sacude al fútbol sudamericano y mexicano en este 2026: ¿está pagando Martín Anselmi el precio de su ambición desmedida? Hace apenas un año y medio era el técnico más prometedor del continente, el “Guardiola sudamericano” que revolucionó a Cruz Azul, lo llevó a la final y devolvió la ilusión a una afición cansada de decepciones.

Hoy, el argentino se encuentra al borde del abismo: despedido de Botafogo tras solo tres meses, con una racha de derrotas humillantes y su nombre convertido en sinónimo de fracaso.

La caída ha sido tan rápida como espectacular.

Anselmi, que llegó a La Noria como salvador, abandonó el proyecto en pleno ascenso para saltar al Porto de Europa.

Lo que parecía el gran sueño de su carrera se convirtió en una pesadilla: eliminación temprana en el Mundial de Clubes, choque con el vestidor y despido fulminante.

Ahora, en Brasil, el mismo patrón se repite.

Seis derrotas consecutivas, un equipo sin identidad y una directiva que no vio “evolución ni resultados” en un club campeón.

El karma, dicen muchos hinchas de Cruz Azul, finalmente llegó.

Pero para entender esta tragedia hay que retroceder al principio.

Anselmi no fue un exjugador estrella.

Su camino fue silencioso, analítico, casi obsesivo.

Formado bajo la influencia de Gabriel Milito y la escuela de Marcelo Bielsa, se obsesionó con la presión alta, la salida desde el fondo y un juego posicional implacable.

En Independiente del Valle demostró que su modelo funcionaba: ganó títulos, se ganó el apodo de “matagigantes” y llamó la atención de todo el continente.

Cuando aterrizó en Cruz Azul, el club estaba roto.

Sin identidad, con frustraciones acumuladas y una afición escéptica.

Anselmi no prometió milagros de la noche a la mañana, pero impuso su filosofía sin negociar.

El equipo empezó a proponer, a presionar, a incomodar a los grandes.

Los resultados llegaron: rachas impresionantes, récords de puntos y una final contra América que devolvió la esperanza cementera.

La afición lo idolatraba.

La directiva le dio poder absoluto.

Fichajes a su medida.

Control total del proyecto.

Todo parecía perfecto… hasta que sonó el teléfono desde Europa.

En pleno torneo, con el equipo compitiendo por el título, llegó la oferta del Porto.

Anselmi no dudó.

Abandonó La Máquina de un día para otro, sin despedida clara, sin conferencia de prensa para explicarle a la afición.

La reacción fue inmediata y brutal: acusaciones de traición, enojo, decepción.

“Infiel no le fui”, diría después Anselmi, pero las formas dolieron más que la decisión.

“Quería dar la cara, pero todo se filtró y me dejaron contra la espada y la pared”.

En Portugal duró poco.

Llegó sin pretemporada, sin plantar seleccionado por él, intentando imponer su rigidez en un vestidor con jerarquía propia.

El ritmo europeo lo superó.

Los resultados no llegaron.

Tras una pobre actuación en el Mundial de Clubes, el Porto inició negociaciones para rescindir su contrato.

Salió por la puerta de atrás, sin dejar huella.

El regreso a Sudamérica parecía una oportunidad de redención.

Botafogo lo contrató en enero de 2026 con contrato hasta 2027.

La expectativa era alta: un técnico con ideas modernas para un equipo que buscaba protagonismo.

Pero la realidad fue cruel.

El equipo nunca encontró funcionamiento.

Derrotas dolorosas, incluida una goleada contra Flamengo, expusieron las grietas.

Seis derrotas consecutivas.

Rendimiento irregular.

Presión mediática brutal.

Apenas tres meses después, pese a una victoria ante Bragantino, Botafogo lo despidió.

“No vimos la evolución ni los resultados que esperamos de un club campeón”, sentenció la directiva.

Ahora Anselmi está en la cuerda floja.

Su nombre genera más rechazo que admiración.

En redes sociales lo llaman traidor, ambicioso, soberbio.

“Se creyó más grande que el proyecto y el fútbol se lo cobró”, repiten los hinchas de Cruz Azul.

Pero él no se queda callado.

Rompió el silencio y dio su versión: “Cruz Azul fue mi primer gran amor… todavía tengo heridas que no sanan”.

Admite que quería una reunión con la directiva para tomar un café y aclarar las cosas, incluso ha insinuado interés en volver a la Liga MX.

Sin embargo, esas declaraciones irritaron a exjugadores cementeros como Yosgart Gutiérrez, quien dejó claro que esa puerta ya no está abierta.

¿Fue ego desmedido? ¿Ambición mal calculada? ¿O simplemente el fútbol, que todo lo cobra, le pasó factura por abandonar un proyecto en el momento más delicado? Anselmi insiste en que no fue infiel, que había incomodidades internas y que Europa era un desafío imposible de rechazar.

Pero las formas —la salida abrupta, la falta de cierre— son lo que la afición no perdona.

Hoy, con 2026 avanzando, Martín Anselmi enfrenta la prueba más dura de su carrera.

De ser el técnico que ilusionaba a miles, pasó a ser el villano de una historia que él mismo ayudó a escribir.

Sus intentos de regresar a México generan más rechazo que esperanza.

El fútbol no perdona fácilmente, y menos cuando se abandona un “primer gran amor” en pleno romance.

La tragedia de Anselmi no es solo de resultados.

Es la de un entrenador brillante que, al creer demasiado en su idea y en su destino, olvidó que el éxito también se construye con paciencia, lealtad y timing.

Ahora, con la carrera tambaleante y el karma golpeando fuerte, solo queda una pregunta: ¿podrá reconstruirse o su caída será el final de una promesa que parecía destinada a la grandeza?