A pocos días de las elecciones presidenciales en Colombia, crecieron las denuncias por presuntas irregularidades en las credenciales de testigos electorales registrados con partidos distintos a los que eligieron originalmente

 

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A tan solo cuatro días de las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo de 2026, Colombia atraviesa una de las campañas más polarizadas y tensas de los últimos años.

Las denuncias sobre presuntas irregularidades en la acreditación de testigos electorales, los enfrentamientos entre campañas y los episodios ocurridos en Bogotá durante un acto político de la candidata Paloma Valencia volvieron a encender el debate nacional en medio de una contienda marcada por la confrontación ideológica y el espectáculo mediático.

En las últimas horas crecieron las alertas alrededor del proceso de inscripción de testigos electorales, cuyo plazo vence este 28 de mayo.

A través de redes sociales, numerosos ciudadanos denunciaron haber sido registrados en partidos políticos distintos a aquellos por los cuales realizaron oficialmente su inscripción.

Varias personas vinculadas al Pacto Histórico aseguraron haber recibido credenciales que los identifican como testigos del Centro Democrático o incluso de movimientos asociados a la candidatura de Abelardo de la Espriella.

Entre los casos más comentados se encuentra el de Cristian Prada, quien publicó imágenes de su acreditación en las que aparecía registrado como testigo del Centro Democrático pese a haberse inscrito, según afirmó, por el movimiento liderado por Iván Cepeda.

Otras denuncias similares fueron difundidas por integrantes y simpatizantes del progresismo, quienes pidieron investigaciones urgentes por parte de la Fiscalía y del Consejo Nacional Electoral.

 

Paloma Valencia y Oviedo retaron a Abelardo, pero no llegó

 

Luis Guillermo Pérez, dirigente cercano al Pacto Histórico, calificó la situación como “extremadamente grave” y aseguró que varias personas registradas por ese movimiento aparecieron posteriormente vinculadas a campañas opositoras.

Algunos denunciantes afirmaron además que el cambio de registro podría afectar su participación como abogados o supervisores en las comisiones escrutadoras de Bogotá.

Las denuncias se producen justo cuando las campañas intensifican la movilización ciudadana para garantizar presencia en las mesas de votación.

En Colombia, los testigos electorales cumplen una función clave en la vigilancia del proceso democrático, ya que supervisan el conteo de votos y reportan posibles irregularidades durante la jornada electoral.

Mientras tanto, la campaña presidencial continúa elevando el tono político.

Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático y una de las principales figuras de la derecha colombiana, protagonizó un polémico episodio en el tradicional Chorro de Quevedo, en pleno centro histórico de Bogotá.

Valencia, quien busca convertirse en la primera mujer en llegar a la Presidencia de Colombia, acudió al lugar acompañada de su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE y excandidato a la Alcaldía de Bogotá.

La visita hacía parte de una convocatoria pública impulsada días antes por Oviedo, quien había retado simbólicamente al candidato Abelardo de la Espriella a un supuesto “debate” en el emblemático sector capitalino.

El economista y político, conocido por su estilo particular y mediático, publicó videos en redes sociales invitando a De la Espriella al encuentro, utilizando expresiones y gestos que rápidamente se viralizaron y generaron críticas por trivializar el debate presidencial.

 

Paloma Valencia prioriza salud y seguridad al cerrar campaña

 

Sin embargo, lo que pretendía ser una actividad de campaña terminó convirtiéndose en un momento incómodo para la fórmula Valencia-Oviedo.

Al llegar al Chorro de Quevedo, la candidata fue recibida entre gritos, arengas y abucheos por parte de varios asistentes.

En videos difundidos ampliamente en redes sociales se escucha a grupos de personas coreando consignas tanto a favor como en contra de Valencia, mientras la candidata avanzaba acompañada de su esposo y de su hija menor.

La presencia de la niña desató una nueva controversia política.

Sectores críticos acusaron a la candidata de instrumentalizar la imagen de su hija en medio de actos públicos de alta tensión política.

Las imágenes mostraron a la menor visiblemente asustada mientras abrazaba a su madre durante el tumulto.

El episodio abrió nuevamente el debate sobre la exposición de menores de edad en campañas electorales.

La discusión adquirió mayor relevancia porque semanas atrás la propia Paloma Valencia había pedido públicamente que no se involucrara a su hija en ataques políticos.

La senadora denunció en varias ocasiones que simpatizantes y creadores de contenido cercanos a otras campañas habían utilizado imágenes y comentarios relacionados con la menor para atacarla políticamente.

Pese a ello, críticos de la candidata sostienen que ha sido la propia campaña quien ha expuesto constantemente a la niña en eventos masivos y actos políticos.

Durante el cierre de campaña en el Movistar Arena de Bogotá, la hija de Valencia también apareció en tarima junto a su madre en medio de discursos y arengas electorales.

 

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El episodio del Chorro de Quevedo generó múltiples reacciones incluso dentro del periodismo colombiano.

Algunos comentarios publicados por reconocidas figuras de medios nacionales fueron interpretados por usuarios como sarcasmos frente a la visita de la campaña uribista al tradicional sector universitario y cultural del centro bogotano.

En paralelo, el debate político sigue marcado por la confrontación entre las diferentes visiones de país.

Valencia y Oviedo representan una alianza estratégica dentro de la derecha colombiana, diseñada para ampliar la base electoral del uribismo hacia sectores moderados y urbanos.

La fórmula ha generado divisiones internas incluso dentro del propio Centro Democrático debido a las diferencias ideológicas entre ambos dirigentes.

Por otro lado, Abelardo de la Espriella continúa consolidándose como una figura disruptiva dentro de la derecha más radical, con un discurso de mano dura contra la criminalidad y propuestas como la construcción de megacárceles y el endurecimiento de la política de seguridad.

Sus constantes enfrentamientos con otros sectores opositores y progresistas han convertido la campaña en un escenario de ataques permanentes y alta polarización.

Con el país entrando en las últimas horas antes de las elecciones, las denuncias sobre el proceso electoral, la tensión en las calles y la creciente radicalización del discurso político reflejan el ambiente de incertidumbre que atraviesa Colombia.

Las autoridades electorales enfrentan ahora la presión de garantizar transparencia y confianza ciudadana en una jornada que será decisiva para el futuro político del país.

 

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