Se explica cómo términos bíblicos como Sheol, Hades, Tártaro y Gehena describen distintos estados y destinos después de la muerte según las Escrituras

 

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El tema del infierno ha sido, durante décadas, uno de los más evitados en muchos discursos religiosos contemporáneos.

Sin embargo, dentro de las Escrituras, ocupa un lugar central, especialmente en las enseñanzas de Jesús, quien habló con claridad, insistencia y urgencia sobre el destino final de quienes rechazan la salvación.

Lejos de ser una idea abstracta o simbólica, la Biblia presenta el infierno como una realidad concreta, descrita con términos precisos y con implicaciones eternas.

Para comprender este concepto, es necesario comenzar por el significado de las palabras originales utilizadas en los textos bíblicos.

En el Antiguo Testamento, el término hebreo “Sheol” se refiere al lugar de los muertos en un sentido general.

No describe específicamente un sitio de castigo, sino más bien el destino común de la humanidad antes de la resurrección.

En este estado, tanto justos como injustos descendían, aunque a diferentes condiciones: unos a un lugar de descanso, otros a uno de aflicción.

En el Nuevo Testamento aparecen tres términos principales que suelen traducirse como “infierno”.

El primero es “Hades”, equivalente al Sheol, que describe un estado intermedio donde las almas esperan el juicio final.

El segundo es “Tártaro”, mencionado una sola vez, relacionado con la prisión de los ángeles caídos.

El tercero, y más relevante, es “Gehenna”, término utilizado por Jesús en la mayoría de sus enseñanzas sobre el castigo final.

 

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La palabra “Gehenna” tiene un origen histórico concreto.

Proviene del valle de Hinom, ubicado al sur de Jerusalén, un lugar que en la antigüedad fue escenario de prácticas extremas, incluyendo sacrificios humanos.

Con el tiempo, este valle fue convertido en un basurero donde el fuego permanecía encendido constantemente para consumir desechos.

Este contexto sirvió como imagen para describir un lugar de destrucción, fuego continuo y descomposición, características que Jesús empleó para ilustrar el destino final de los condenados.

Las palabras de Jesús sobre el infierno no dejan espacio para ambigüedades.

En el Evangelio de Mateo se recoge una advertencia directa: “Cualquiera que diga a su hermano ‘necio’ quedará expuesto al infierno de fuego”.

En otro pasaje, afirma: “Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo… mejor te es que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”.

Estas declaraciones reflejan una urgencia radical, donde el evitar ese destino se presenta como una prioridad absoluta.

En el Evangelio de Marcos, Jesús repite una frase clave en varias ocasiones: “Donde el gusano no muere y el fuego nunca se apaga”.

Esta descripción, tomada del profeta Isaías, enfatiza la continuidad del sufrimiento, la imposibilidad de escape y la permanencia del estado de condena.

La repetición de esta imagen refuerza la idea de una experiencia constante y consciente.

 

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Uno de los relatos más detallados sobre el estado después de la muerte se encuentra en el Evangelio de Lucas, en la historia del rico y Lázaro.

En este pasaje, se describe cómo ambos mueren y experimentan destinos opuestos.

Lázaro es llevado a un lugar de consuelo, mientras que el rico se encuentra en tormento.

Desde allí, el rico clama: “Padre Abraham, ten misericordia de mí… porque estoy atormentado en esta llama”.

El relato destaca elementos como la conciencia, la memoria, la capacidad de ver y comunicarse, así como la existencia de un abismo infranqueable entre ambos destinos.

Otro aspecto relevante es la enseñanza sobre quiénes son destinados a este lugar.

En el libro de Apocalipsis se menciona una lista de comportamientos y actitudes que conducen al “lago que arde con fuego y azufre”.

Sin embargo, Jesús también advierte que no basta con una apariencia religiosa.

En el Evangelio de Mateo declara: “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos… y entonces les declararé: nunca os conocí”.

Esta afirmación subraya la importancia de una relación genuina y no meramente externa.

En cuanto a la duración del infierno, los textos bíblicos lo presentan como un estado eterno.

En Mateo se establece una comparación directa: “Irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

La misma palabra se utiliza para ambos destinos, lo que implica una duración equivalente.

Otros pasajes refuerzan esta idea al hablar de tormento “por los siglos de los siglos” y de ausencia de reposo.

A pesar de la severidad de estas descripciones, también se menciona que existe una proporcionalidad en el juicio.

En el Evangelio de Lucas se indica que quienes conocieron más y actuaron en contra recibirán una mayor responsabilidad.

Esto introduce una dimensión de justicia individual en el castigo.

 

El infierno - Creer y Comprender

 

El infierno es descrito no solo como un lugar de sufrimiento físico, sino también como una separación total de Dios.

Esta ausencia implica la pérdida de todo aquello que se asocia con la bondad, la luz, la paz y el consuelo.

La carta a los Tesalonicenses lo expresa como “eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor”.

En cuanto a su origen, el Evangelio señala que fue preparado originalmente para el mal y sus seguidores.

No obstante, quienes rechazan la salvación ofrecida también comparten ese destino.

La Biblia enfatiza que existe una invitación abierta al arrepentimiento, y que la intención no es la condena, sino la transformación.

Finalmente, el juicio es presentado como un evento solemne y definitivo.

En el libro de Apocalipsis se describe un escenario donde todos comparecen ante un trono, y son juzgados según sus obras.

Aquellos cuyos nombres no se encuentran en el “libro de la vida” son enviados al lago de fuego, marcando así el desenlace final.

Estas enseñanzas, presentes a lo largo de las Escrituras, conforman una visión coherente sobre el infierno como un destino real, consciente y eterno, cuya comprensión ha sido considerada esencial dentro del mensaje central del cristianismo.

 

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