La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán informó haber localizado y neutralizado tres bombas antibúnker GBU-57 en el noreste del país y desactivado un cuarto artefacto tras el reciente alto el fuego con Estados Unidos

 

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La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán aseguró haber localizado y neutralizado varios artefactos militares de alta potencia en su territorio, en un episodio que añade incertidumbre a la frágil calma alcanzada tras el reciente alto el fuego con Estados Unidos.

Según el comunicado oficial difundido por el cuerpo militar iraní, unidades especializadas identificaron tres bombas antibúnker del tipo GBU-57 en la región noreste del país, las cuales habrían sido destruidas antes de detonar.

Un cuarto dispositivo, de acuerdo con la misma versión, fue desactivado de manera controlada.

Las GBU-57, consideradas entre las armas convencionales más potentes del arsenal estadounidense, son bombas guiadas por GPS diseñadas para penetrar estructuras profundamente reforzadas antes de explotar.

Con un peso aproximado de 13.600 kilogramos, este tipo de armamento está concebido para destruir instalaciones subterráneas altamente protegidas.

Aunque no se trata de armas nucleares, su capacidad destructiva las sitúa entre los sistemas más sofisticados utilizados en operaciones estratégicas.

De acuerdo con la información difundida por medios estatales iraníes, estos artefactos habrían impactado en suelo iraní sin detonar, lo que permitió a las fuerzas locales intervenir rápidamente.

“Nuestros equipos lograron asegurar y neutralizar los explosivos antes de que pudieran ser activados o recuperados”, señaló un portavoz vinculado al cuerpo militar en declaraciones transmitidas por la televisión estatal.

El episodio ocurre apenas días después de la entrada en vigor de un alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, lo que ha generado interrogantes sobre las circunstancias en las que estos artefactos habrían sido desplegados.

Mientras tanto, desde el Pentágono no se ha emitido una confirmación oficial sobre estos hechos, manteniendo una postura de silencio que contrasta con la amplia difusión del caso en medios iraníes.

 

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En paralelo, autoridades iraníes han afirmado haber identificado una gran cantidad de municiones sin detonar en distintas zonas afectadas por recientes enfrentamientos.

Se mencionan miles de bombas, cohetes y misiles que habrían quedado dispersos en el territorio tras semanas de intensos bombardeos.

Este dato, de confirmarse, reflejaría tanto la magnitud de la ofensiva como posibles fallos en la detonación de ciertos sistemas de armamento.

Las imágenes difundidas por canales oficiales muestran restos de municiones y equipos militares, en lo que se describe como evidencia de una campaña aérea sostenida.

Sin embargo, la verificación independiente de este material continúa siendo limitada debido a las restricciones de acceso a la zona.

El contexto militar se ha visto acompañado por una intensa actividad simbólica y política dentro de Irán.

En la ciudad de Tabriz, capital de la provincia de Azerbaiyán Oriental, se llevó a cabo un desfile público en el que se exhibieron drones de tipo Shahed-136, conocidos por su capacidad de ataque directo.

Estos dispositivos, utilizados en diversas operaciones, se caracterizan por volar a baja altitud y ejecutar impactos precisos tras evadir sistemas de defensa.

“Estos drones representan nuestra capacidad de respuesta y nuestra determinación”, expresó un funcionario durante el evento, que reunió a civiles y autoridades locales.

La elección de Tabriz como escenario no pasó desapercibida, dada su ubicación estratégica cercana a importantes fronteras regionales.

 

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La exhibición coincidió con una fecha significativa en la memoria histórica iraní: el aniversario de la operación militar estadounidense fallida en 1980 para rescatar rehenes en Teherán.

Este episodio, recordado como un revés para Estados Unidos, fue conmemorado en el desierto de Tabas con actos públicos que reforzaron el discurso de resistencia.

“Lo que ocurrió entonces es un recordatorio de que la superioridad tecnológica no garantiza el éxito”, afirmó un comentarista en la televisión estatal, en referencia a aquel operativo que terminó con la pérdida de vidas y equipos militares estadounidenses.

En el ámbito interno, el gobierno iraní también ha emitido mensajes dirigidos a la población, instando a medidas de ahorro energético en medio del contexto actual.

“Si antes encendíamos diez luces, ahora debemos encender solo dos”, señaló el presidente en una intervención reciente, en un llamado que combina la gestión doméstica con el discurso de resiliencia nacional.

Mientras tanto, analistas internacionales observan con atención la evolución de estos acontecimientos, especialmente ante la posibilidad de que el conflicto pueda reactivarse.

La combinación de operaciones militares, mensajes políticos y demostraciones públicas de capacidad defensiva configura un escenario complejo, donde cada movimiento adquiere un significado estratégico.

La situación sigue en desarrollo, y la falta de confirmaciones independientes sobre varios de los elementos reportados mantiene abiertas múltiples interrogantes.

Sin embargo, el impacto mediático y político de estas declaraciones ya ha contribuido a intensificar la tensión en una región marcada por décadas de rivalidad y enfrentamientos indirectos.

 

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