Tras una investigación de inteligencia, Omar García Harfuch desmanteló a la banda “Los Julios”, un grupo criminal con fachada de sindicato que asesinó a una familia de cuatro integrantes en Azcapotzalco para despojarla de sus propiedades bajo un falso mensaje de la Unión Tepito

 

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La madrugada del martes 28 de abril, el silencio de la colonia Nueva Santa María, en Azcapotzalco, fue desgarrado por un acto de barbarie que pretendía camuflarse bajo la sombra del narcotráfico.

Cuatro integrantes de una familia —dos padres de 47 años y sus hijas de 16 y 12 años— fueron hallados sin vida en su hogar.

Sobre uno de los cuerpos, clavado con un arma punzocortante, reposaba un narcomensaje firmado por la Unión Tepito.

Sin embargo, lo que parecía un ajuste de cuentas del crimen organizado capitalino resultó ser una puesta en escena orquestada por una banda mexiquense conocida como “Los Julios”, cuya estructura criminal opera bajo la fachada legal de la Alianza de Comerciantes y Autotransportistas Metropolitanos (ACME).

La investigación, liderada por Omar García Harfuch, desmanteló la mentira en tiempo récord.

El análisis milimétrico de la inteligencia capitalina detectó de inmediato que el mensaje era apócrifo: “La Unión Tepito tiene un lenguaje, un formato y una firma operativa que conocemos con precisión”, señalaron fuentes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC).

El desvío de atención fracasó, y en menos de 24 horas, el cerco se cerró sobre los verdaderos verdugos.

El horror de Azcapotzalco no fue un ataque al azar.

Fue un despojo inmobiliario planificado con una frialdad quirúrgica.

Emiliano Villaseñor Barrera, un joven de 20 años vinculado a la banda, utilizó su pasado sentimental con Valentina, la hija mayor de 16 años, para obtener acceso total a la vivienda.

Se conocieron en el Tecnológico de Monterrey, y aunque la familia había cortado la relación por su conducta violenta, Emiliano fingió una reconciliación para actuar como la “llave maestra” que permitió la entrada de los homicidas sin forzar una sola cerradura.

 

La matanza de la familia de Azcapotzalco conduce a la desarticulación de  toda la banda: “Con 'Los Julios' no se juega” | EL PAÍS México

 

La respuesta operativa fue un despliegue de tecnología y coordinación táctica.

Mientras los sospechosos huían hacia el Estado de México en las camionetas robadas de la familia, el Centro de Comando y Control (C2) Poniente ya rastreaba su “geometría vehicular”.

A pesar de que cambiaron las placas originales de la Ciudad de México por unas de Morelos y San Luis Potosí, el sistema de reconocimiento óptico los ubicó en Tlalnepantla y Atizapán.

“Se desarticuló una célula criminal que operaba bajo fachada sindical para ejecutar despojos, extorsiones y homicidios”, declaró García Harfuch con la contundencia que lo caracteriza.

“Los responsables del multihomicidio en Azcapotzalco están detenidos. La coordinación continuará hasta cerrar todos los flancos abiertos”.

El operativo alcanzó su punto álgido a las 11:51 de la noche.

En la Calzada de los Jinetes, esquina con Avenida Parque de los Pájaros, fueron interceptados José María Villaseñor Barrera, María de Jesús Villaseñor Barrera y Francisco Javier Azuara Santos.

En el vehículo, las autoridades hallaron el botín del crimen: joyas, ropa, armas con silenciadores artesanales y 100 dosis de droga.

Pero el hallazgo más desolador para los peritos fueron los tenis de la niña de 12 años, robados de su habitación y tratados como simple mercancía por los criminales.

Simultáneamente, en un hotel de la Avenida Jorge Jiménez Cantú, en Atizapán, Emiliano Villaseñor intentó una huida desesperada.

Al verse acorralado por fuerzas federales y la Marina, el joven disparó contra los agentes, quienes respondieron neutralizándolo con heridas no mortales.

“Alto al fuego, amenaza neutralizada”, se escuchó en las frecuencias encriptadas tras el arresto de quien traicionó la confianza de una adolescente para exterminar a su estirpe.

 

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La caída de “Los Julios” no terminó ahí.

En los días posteriores, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) capturó a Alexis Ricardo, alias “Lobito” —presunto líder operativo e hijo del patriarca del grupo—, junto a su escolta Valentín.

También cayó Luis Enrique, alias “El Quique”, el encargado de redactar el mensaje falso, detenido en flagrancia mientras extorsionaba una tienda de abarrotes en Tlalnepantla.

En total, ocho personas han sido ingresadas al Centro Penitenciario de Barrientos.

Lo que este caso ha sacado a la luz es un modelo de negocio criminal que migró del narcomenudeo al despojo de tierras y propiedades.

“Los Julios” identificaban inmuebles con irregularidades legales, fabricaban documentación y usaban el brazo armado del sindicato ACME para ejecutar el despojo.

En los cateos se recuperaron escrituras y contratos de una propiedad en Atizapán que era el objetivo real detrás de la masacre de la Nueva Santa María.

Cuatro vidas fueron segadas por una carpeta de documentos.

Aunque la célula operativa ha sido diezmada, el mensaje de Harfuch fue claro: la guerra no ha terminado.

Las palabras del jefe de la policía capitalina, “la coordinación continuará hasta cerrar todos los flancos abiertos”, resuenan como una advertencia directa hacia “El Patriarca”, el arquitecto de esta maquinaria de despojo que aún permanece en las sombras.

Con los nombres, rutas y métodos de extorsión ahora en manos de la justicia, el mapa criminal de los municipios de Naucalpan, Tlalnepantla y Atizapán está siendo redibujado.

El caso Azcapotzalco dejó de ser una nota roja para convertirse en el expediente que podría desmantelar definitivamente el escudo sindical del crimen en el Valle de México.

 

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