La crisis de seguridad en Guerrero se ha intensificado de forma alarmante debido a los ataques sistemáticos perpetrados por el grupo criminal Los Ardillos, quienes emplean drones explosivos contra comunidades indígenas en Chilapa y han dejado un trágico saldo de decenas de asesinatos, desaparecidos y cientos de desplazados

 

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En el corazón de Guerrero, una crisis de seguridad se desata mientras el grupo criminal conocido como Los Ardillos intensifica sus ataques armados con drones explosivos contra comunidades indígenas.

Desde el 6 de mayo de 2026, informes de medios como Infobae y El Imparcial destacan que estos ataques han dejado un saldo trágico de 76 asesinatos y 25 desaparecidos, además de 96 desplazados reportados por el gobierno federal, aunque organizaciones indígenas como el CIPOG-EZ denuncian que la cifra real es mucho mayor.

En medio de esta violencia, surge la pregunta: ¿por qué el ejército no intervino de inmediato?

La decisión del gobierno, liderado por Omar García Harfuch, de priorizar el diálogo en lugar de un despliegue militar masivo ha sido objeto de críticas.

Sin embargo, lo que muchos no comprenden es que esta estrategia puede ser más inteligente de lo que parece.

Harfuch, en una conferencia matutina, enfatizó la necesidad de establecer un canal de comunicación para reducir el riesgo de un enfrentamiento armado.

Horas después, el gobierno cumplió su promesa, enviando un contingente de 1,290 elementos federales, incluidos 690 del ejército y 400 de la Guardia Nacional, junto con cinco helicópteros y ambulancias, para recuperar el control de la zona.

 

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Este despliegue fue acompañado por un acuerdo inicial que priorizaba el diálogo, el apoyo a los desplazados y la atención a los heridos.

Las carreteras bloqueadas fueron liberadas, y el servicio eléctrico fue restablecido, lo que permitió la reactivación de servicios esenciales.

Sin embargo, la situación en Guerrero es compleja.

Los Ardillos, que han estado presentes en la región durante casi dos décadas, no son simplemente un grupo armado; tienen profundas raíces políticas y un control territorial significativo que les permite operar con impunidad.

Su capacidad de utilizar drones explosivos contra poblaciones civiles desarmadas marca un cambio alarmante en la dinámica del crimen organizado, donde tácticas antes reservadas para cárteles más grandes ahora son empleadas por grupos locales.

Por otro lado, los Tlacos, el Cártel de la Sierra, también están en la contienda por el control territorial, lo que complica aún más la situación.

La tregua que ambos grupos habían alcanzado en 2024 se rompió, lo que llevó a la escalada de violencia que se observa hoy.

La utilización de tecnología avanzada en estos conflictos resalta la evolución del crimen organizado en la región, lo que plantea serias preguntas sobre la capacidad del gobierno para manejar la situación.

 

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Las autoridades federales, al retomar el control, enfrentan no solo la violencia de los grupos criminales, sino también la posible colusión de autoridades locales con estos.

La alcaldesa de Chilapa, Mercedes Carballo, ha sido acusada de estar vinculada a Los Ardillos, lo que refleja un patrón preocupante de corrupción y complicidad que dificulta la restauración del orden.

La historia reciente ha demostrado que, en territorios donde las autoridades locales están comprometidas, simplemente desplegar fuerzas no es suficiente; es necesario reconstruir la institucionalidad desde cero.

Las preguntas persisten: ¿será el modelo de diálogo y despliegue de Harfuch suficiente para mantener el control en una región donde la presencia del estado ha sido históricamente débil? La estrategia de priorizar el diálogo antes del despliegue ha demostrado ser efectiva en esta ocasión, evitando una masacre y logrando un control sin fuego cruzado.

Sin embargo, el verdadero desafío será mantener ese control una vez que la atención mediática se desplace a otros lugares.

Las comunidades indígenas, que han sufrido años de asedio, esperan respuestas y soluciones duraderas.

La situación en Guerrero sigue siendo crítica, y el futuro de su seguridad depende de la capacidad del gobierno para actuar de manera efectiva y sostenible en un entorno donde los grupos criminales han arraigado su influencia durante tanto tiempo.

 

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