El periodista Pedro Rosenblat debatió en A24 con Luis Novaresio sobre la tensión entre el poder político, los medios de comunicación y el rol del periodismo en Argentina

 

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En una extensa y tensa entrevista emitida por el canal A24, el periodista y streamer Pedro Rosenblat protagonizó un intenso mano a mano con el conductor Luis Novaresio, en el que se abordaron temas sensibles de la política y el periodismo argentino: la relación entre el poder y los medios, la polarización ideológica, el rol de la justicia y el impacto del gobierno de Javier Milei en el clima social.

Desde el inicio, la conversación giró en torno a los discursos de confrontación entre el poder político y el periodismo.

Rosenblat señaló que existe una estrategia deliberada de ciertos liderazgos políticos para confrontar con la prensa, generando un clima de tensión constante.

“El presidente inteligentemente identifica que hay una sobrevictimización de un sector del periodismo”, afirmó, al tiempo que advirtió que la discusión pública en Argentina “dificulta la posibilidad de arribar a soluciones”.

El intercambio se volvió más intenso cuando se abordó el uso de descalificativos hacia periodistas.

Rosenblat sostuvo que existe una diferencia sustancial entre los ataques provenientes de militantes o redes sociales y los que provienen del poder institucional.

“Una cosa es que te insulten periodistas en 678 o twitteros relacionados al kirchnerismo, y otra cosa es que lo haga el presidente”, expresó, marcando una línea divisoria sobre la responsabilidad institucional en el discurso público.

En ese punto, el periodista recordó el impacto de los apodos y etiquetas utilizadas en el debate político reciente, mencionando incluso términos como “mandrilcio” o listas de periodistas señalados en redes y medios.

En su análisis, afirmó que el nivel de agresividad actual no es un fenómeno nuevo, sino una continuidad histórica de tensiones entre el poder, los medios y la opinión pública.

 

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La conversación derivó hacia el rol del periodismo en los últimos años y la relación entre medios de comunicación y gobiernos.

Rosenblat situó un punto de inflexión en el conflicto entre el grupo Clarín y el kirchnerismo, especialmente a partir del debate de la resolución 125 en 2008, cuando —según su visión— el periodismo comenzó a asumir un rol más explícitamente político.

“Ahí el periodismo empieza a ser un factor de poder”, sostuvo.

También hizo referencia a la transformación del consumo mediático en su infancia: “Clarín llegaba todos los días a mi casa, y nadie lo veía como un actor político”.

Sin embargo, subrayó que con el paso del tiempo la percepción cambió, y los medios comenzaron a ser vistos como actores centrales en la disputa política.

Uno de los momentos más polémicos de la entrevista surgió cuando se discutió el rol del Poder Judicial y su credibilidad.

Rosenblat fue crítico con la percepción social sobre la justicia en Argentina: “El Poder Judicial está a la cabeza de la desconfianza”, afirmó, señalando que existe una crisis de legitimidad institucional.

En relación con la condena de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, sostuvo que no se trata de un debate puramente jurídico, sino político.

“No hay prueba directa, hay prueba indiciaria”, afirmó, cuestionando la solidez del proceso judicial y advirtiendo sobre el riesgo de aplicar criterios distintos según el dirigente involucrado.

Sin embargo, Novaresio replicó defendiendo la existencia de pruebas en la investigación judicial y enfatizó que la corrupción debe ser juzgada independientemente del signo político.

El intercambio expuso dos visiones contrapuestas: una que denuncia una judicialización de la política y otra que reivindica el accionar de los tribunales.

 

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El debate también incluyó referencias a otros gobiernos, como el de Mauricio Macri, y al actual presidente Javier Milei, en un repaso más amplio sobre la alternancia política y los ciclos de poder en la Argentina contemporánea.

Rosenblat insistió en que el problema de fondo es estructural: la degradación del debate público.

“La inmensa mayoría del pueblo argentino no quiere todos los días tener que tomar un partido fanáticamente”, señaló, sugiriendo que la saturación de la confrontación política está generando desgaste social.

En otro tramo de la conversación, el comunicador también hizo una reflexión autocrítica sobre el rol del periodismo y la militancia comunicacional.

Reconoció que en el pasado adoptó posiciones más confrontativas, pero que con el tiempo ha revisado su enfoque: “La derrota te obliga a repensarte políticamente”, expresó.

Hacia el final del intercambio, Novaresio introdujo una reflexión que sintetizó parte del debate: la dificultad de comprender no solo a los líderes políticos, sino a los votantes que los respaldan.

Rosenblat coincidió en parte con esa idea y sostuvo que es necesario evitar la estigmatización del electorado.

“Uno puede ser opositor a un gobierno, pero no a la mitad del pueblo argentino”, afirmó.

El cierre del diálogo dejó en evidencia una tensión persistente en la escena pública argentina: la disputa entre justicia, medios y política en un contexto de alta polarización.

Más allá de las diferencias, ambos participantes coincidieron en un punto central: la necesidad de reconstruir un espacio de discusión pública menos violento y más orientado a la búsqueda de soluciones colectivas, en un país atravesado por ciclos de crisis, desconfianza institucional y debates cada vez más intensos.

 

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