Una operación policial en San Martín de Porres desarticuló a la banda familiar Rimqueston tras dos semanas de vigilancia con drones térmicos e inteligencia militar

 

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En una operación de alta precisión ejecutada por unidades de inteligencia del Ejército y la Policía Nacional, las autoridades desarticularon en San Martín de Porres a la organización criminal conocida como “Rimqueston”, un clan familiar que había convertido una vivienda en un búnker operativo desde donde se coordinaban extorsiones, asesinatos y distribución de drogas.

La intervención, realizada tras dos semanas de seguimiento encubierto, se apoyó en tecnología de vigilancia térmica que permitió confirmar reuniones nocturnas y movimientos constantes dentro del inmueble, pese a los intentos de los implicados por mantenerse ocultos.

“Pudimos verificar que esto era como un búnker, era una base criminal donde operaban, planeaban, inclusive era expendio de drogas”, señaló uno de los agentes participantes en el operativo, describiendo el nivel de organización que mantenía la red delictiva.

Según la investigación, el grupo no solo dominaba el entorno inmediato de San Martín de Porres, sino que también ejercía presión sobre comerciantes locales mediante amenazas sistemáticas dirigidas a bodegas, tiendas de abastos y pequeños negocios de la zona.

La intervención se ejecutó en horas de la madrugada con el despliegue de al menos diez agentes de la división de robos, quienes ingresaron al inmueble tras confirmar que los sospechosos se encontraban reunidos.

La sorpresa fue total para los integrantes de la banda, que no tuvieron margen de escape.

En el interior de la vivienda se hallaron más de 900 envoltorios de pasta básica de cocaína, una balanza de precisión y varias armas de fuego listas para su uso.

 

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“Ahí está… acá se está encontrando el fierro”, se escucha en el registro del operativo mientras los agentes aseguraban el armamento incautado.

Las autoridades confirmaron que la vivienda funcionaba simultáneamente como centro de planificación criminal, almacén de droga y punto de intimidación contra víctimas de extorsión.

El caso tomó un giro más grave cuando se confirmó que se trataba de un clan familiar.

Entre los detenidos figuran Gilda Espinal Velázquez y su hijo Aarón Gamboa Espinal, de 20 años, identificado como uno de los miembros activos de la estructura.

Las investigaciones señalan que el joven no solo participaba en la coordinación de actividades ilícitas, sino que también habría estado implicado en amenazas directas a víctimas de extorsión.

Uno de los audios interceptados por la policía revela el nivel de violencia con el que operaban.

En el mensaje se escucha: “Viejo, ahí tenemos tu ubicación, valora tu vida. No sé que le pase lo mismo que pasó con tu hijo”.

Este tipo de intimidaciones, según las autoridades, eran utilizadas para obligar a las víctimas a pagar sumas de dinero bajo amenaza de muerte.

El grupo criminal también estaría vinculado a un asesinato ocurrido el pasado 5 de marzo en el mismo distrito, hecho que actualmente es materia de investigación.

La hipótesis policial apunta a que el crimen fue ejecutado por miembros de Rimqueston como parte de sus actividades de control territorial.

 

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Durante el operativo se encontraron además dispositivos móviles con material fotográfico donde los implicados exhibían armas de fuego de distintos calibres, entre ellas pistolas y fusiles.

“Su obsesión por las armas quedó registrada en su propio celular”, indicaron los investigadores, quienes calificaron el hallazgo como un “arsenal digital” que evidencia la normalización de la violencia dentro del grupo.

Otro de los detenidos, identificado como Luis Cabana Rojas, alias “Finito”, posee antecedentes por robo agravado desde su adolescencia.

Registros policiales indican que integró anteriormente la banda “Los Charkis de Breña” y que ya había sido intervenido en persecuciones anteriores.

En uno de los interrogatorios, el sospechoso intentó negar su participación: “Yo no he hecho nada”, afirmó, aunque los agentes le recordaron sus antecedentes.

“A partir de dos es banda. Tú tienes antecedentes”, le respondieron durante la intervención.

Las autoridades también revelaron que el grupo utilizaba redes sociales y mensajería digital para coordinar extorsiones y pagos.

Chats incautados evidencian reuniones, distribución de roles y control de zonas específicas.

Incluso, según la policía, algunos miembros se jactaban de su impunidad en plataformas digitales.

“Más que activos, tengo un buffet de abogados”, habría escrito uno de los implicados en tono desafiante.

 

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El impacto del caso ha generado preocupación en la comunidad de San Martín de Porres, donde vecinos aseguran haber vivido durante meses bajo amenazas constantes sin conocer la magnitud real de la organización.

Tras la intervención, varias víctimas han comenzado a brindar testimonios protegidos, lo que podría ampliar el alcance de la investigación hacia otros distritos.

Las fuerzas del orden mantienen activa la búsqueda del presunto cabecilla de la red, cuya identidad ya ha sido plenamente identificada por los equipos de inteligencia.

La hipótesis principal es que el grupo formaba parte de una estructura más amplia dedicada a extorsión, microtráfico y crímenes por encargo en distintos puntos de la capital.

Mientras tanto, el Ministerio Público evalúa la formalización de cargos por organización criminal, tenencia ilegal de armas, tráfico ilícito de drogas y extorsión agravada.

La evidencia recolectada durante la intervención, sumada a los registros digitales y testimonios, será clave para sustentar el proceso judicial en los próximos días.

La operación contra Rimqueston marca uno de los golpes más importantes recientes contra el crimen organizado en Lima norte, dejando al descubierto no solo la violencia del grupo, sino también su capacidad de infiltración en el tejido urbano.

 

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Las autoridades han advertido que los operativos continuarán en otras zonas donde se sospecha la presencia de estructuras similares.