Agustina y Valeria Lozano marcaron un hito en la televisión argentina de finales de los noventa. Su estética ‘rolinga’, su desparpajo en las calles y un recordado encuentro con Diego Maradona las convirtieron en un fenómeno de masas que, de forma abrupta, decidió desaparecer de las pantallas.

 

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BUENOS AIRES. La televisión de fin de siglo en el cono sur se caracterizó por una audacia que hoy, bajo el prisma de la corrección política moderna, resultaría impensable o, cuando menos, ingenua.

En el epicentro de esa revolución catódica se encontraba “Fugitivos en la ciudad”, un formato de entretenimientos emitido por la cadena Telefe en 1999 y conducido por el periodista Matías Martin.

El programa, que combinaba el dinamismo de las misiones callejeras con altas dosis de picardía, logró picos históricos de audiencia, congregando a más de dos millones de televidentes.

Sin embargo, el verdadero motor de aquel fenómeno no residía únicamente en su presentador, sino en el carisma arrollador de dos hermanas de Quilmes: Agustina y Valeria Lozano.

Conocidas popularmente como “las gemelas de Fugitivos”, las hermanas Lozano ingresaron al ciclo como participantes comunes, pero su impacto fue inmediato. En apenas una semana, la producción les otorgó un bloque propio en la franja horaria estelar del domingo.

Su estética estaba fuertemente ligada a la cultura rolinga —una tribu urbana local devota de los Rolling Stones y el rock barrial—, caracterizada por flequillos rectos y una actitud desfachatada que conectó rápidamente con el público masculino y juvenil de la época.

 

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El éxito de las gemelas trascendió su propio programa, convirtiéndolas en invitadas muy solicitadas en los principales programas de televisión de Argentina.

Sus apariciones públicas, incluyendo besos a los transeúntes y entrevistas con un tono bastante sugerente, generaron un auténtico furor entre el público.

Uno de los momentos más memorables de su corta pero intensa carrera fue su entrevista con Diego Armando Maradona.

La estrella del fútbol, ​​cautivado por las gemelas y su encanto natural, incluso las invitó públicamente a Cuba, una anécdota que se convirtió en icónica de la cultura popular de la época.

Tal nivel de fama acabó por sobrepasar la capacidad logística del canal de televisión.

Las apariciones públicas de Agustina y Valeria comenzaron a requerir el uso de furgonetas especiales, ya que las multitudes colapsaban el tráfico de Buenos Aires y ponían a prueba la seguridad vial solo para verlas de cerca.

 

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Sin embargo, la televisión de los noventa consumía sus mitos con la misma velocidad con la que los creaba.

Con el cambio de siglo, el programa llegó a su fin, la moda rolinga comenzó a perder vigencia en los barrios bonaerenses y las hermanas Lozano iniciaron una paulatina retirada de los medios de comunicación.

Tras más de dos décadas alejadas de los focos, las gemelas tuvieron un breve acercamiento con la nostalgia a través de las redes sociales, donde abrieron una cuenta conjunta para interactuar con sus antiguos seguidores y revelar secretos de producción de sus años dorados.

No obstante, la experiencia fue efímera: de manera repentina, decidieron clausurar el perfil y regresar al anonimato absoluto.

A día de hoy, según ha podido constatar el archivo de La Argentina Oscura, las vidas de las hermanas han tomado rumbos completamente alejados de los platós:

Agustina Lozano: Dejó atrás su melena morocha por el cabello rubio, se formó en el arte dramático y mantiene una vida sibarita enfocada en el estudio del teatro y la enología.
Valeria Lozano: Ha volcado su vida hacia el ámbito familiar. Madre de familia, también modificó su aspecto estético y actualmente se destaca por su compromiso con el ecologismo y las causas vinculadas a la preservación del medio ambiente.
El caso de las gemelas Lozano permanece como el fiel reflejo de una época dorada de la televisión abierta: un estallido de fama vertiginoso que, lejos de convertirse en una condena, fue gestionado por sus protagonistas como un grato recuerdo de juventud antes de elegir una vida común.

 

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