El expresidente Álvaro Uribe Vélez acusó públicamente al candidato Iván Cepeda de promover el asesinato en su contra tras un multitudinario evento de cierre de campaña progresista en la ciudad de Bogotá

 

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La tensión política en Colombia ha alcanzado su punto máximo a pocos días de las elecciones presidenciales del 31 de mayo.

Un fuerte enfrentamiento mediático y de orden público entre el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el candidato e histórico líder de izquierda Iván Cepeda Castro ha sacudido el panorama nacional, evidenciando la profunda polarización que vive el país ante la posibilidad de un triunfo definitivo de los sectores progresistas en la primera vuelta electoral.

El detonante de esta nueva escalada de hostilidades fue el masivo evento de cierre de campaña de Iván Cepeda en Bogotá, un acto que demostró una gran capacidad de movilización urbana y que desató la inmediata reacción del exmandatario.

La madrugada posterior al evento, Uribe Vélez lanzó una grave acusación a través de sus canales oficiales que encendió el debate público: “Cepeda con la frialdad y la calma que reclama, promovió el asesinato de Miguel Uribe y ha buscado por todos los medios que a mí me ocurra lo mismo”.

La respuesta de Cepeda no se hizo esperar, calificando las declaraciones como un reflejo de la desesperación ante la pérdida de control político y advirtiendo sobre las consecuencias legales de tales afirmaciones: “Calumniador desesperado. Su angustia obedece al eclipse de su caudillismo autoritario en Antioquia y en el país. Esa desesperación lo lleva a lanzar burdas y falsas acusaciones. La última vez que lo hizo en mi contra salió condendado. Su abogánster también”.

 

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La confrontación pasó de las plataformas digitales a las calles tras la realización de una jornada cultural en Bogotá, donde un grupo de jóvenes pintó un mural de memoria histórica en un puente ubicado en las cercanías de la residencia del expresidente.

El propio Uribe Vélez se presentó en el lugar de los hechos y, visiblemente alterado, encaró a los activistas que registraban el momento, acusando directamente a la campaña rival de promover actos de violencia.

“Asesinatos de Cepeda de su gente, de las FARC.2.000 asesinatos de Cepeda”, gritó el exmandatario rodeado por su esquema de seguridad, mientras increpaba a un ciudadano exigiéndole que “sea macho” y acusando al candidato de ser un “bandido solapado” y un “asaltador de residencias”.

Ante este episodio, diversos sectores políticos y el congresista electo Hernán Muriel solicitaron formalmente la intervención de las autoridades judiciales debido a la gravedad de las acusaciones lanzadas en el espacio público sin sustento probatorio.

Por su parte, la senadora del Centro Democrático, Paloma Valencia, intervino en la polémica respaldando la postura de su jefe político y denunciando un presunto hostigamiento contra la oposición mediante el uso de fachadas para propaganda política: “Petro y Cepeda promueven la violencia contra la oposición. Las fachadas de las casas no son públicas, son privadas, no nos las quieren expropiar”.

Esta afirmación provocó la reacción del presidente de la República, quien defendió la legitimidad de las expresiones culturales y aclaró el marco legal vigente en el territorio nacional: “Con todo el respeto que se merece, señora Valencia, la seguridad suya, de los demás candidatos y del expresidente Uribe la sostiene el actual gobierno y no me arrepiento de hacerlo.

Pero lea la ley, señora Valencia. Toda fachada pública en Colombia es pública y está regida bajo normas públicas”.

 

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El debate se ha complejizado aún más debido al discurso pronunciado por Iván Cepeda durante su cierre de campaña en la capital, donde cuestionó con dureza las bases ideológicas del uribismo frente a miles de simpatizantes.

“El uribismo es fascista, representa la ideología del desprecio en todos sus componentes de los demás seres humanos.

El racismo, el clasismo, la misoginia, la homofobia, la depredación de la naturaleza, el odio a la paz.

Eso representa el uribismo en Colombia.

Ni centro ni democrático.

Uribe es fascista.

Digámoslo con toda claridad y de una vez por todas”, sentenció el líder progresista en una intervención que fue duramente criticada por sectores de la prensa tradicional, que la consideraron un ataque directo contra la oposición.

Este panorama de confrontación coincide con la publicación de los últimos estudios de opinión pública de la firma Invamer, los cuales muestran un fuerte retroceso en la intención de voto para la candidatura de Paloma Valencia dentro de las fuerzas de derecha.

Analistas políticos y directores de medios radiales coinciden en que los sectores tradicionales de la oposición están sufriendo una importante fragmentación interna, desplazando un volumen significativo de sus electores hacia la campaña de Abelardo de la Espriella.

 

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Según los paneles de discusión política, este escenario plantea una derrota histórica para el liderazgo de Álvaro Uribe en las urnas, lo que explicaría el tono cada vez más agudo y radical de sus recientes intervenciones públicas en las principales ciudades del país.