En la década de los ochenta, la conductora revolucionó la televisión matutina importando el aeróbic desde Estados Unidos. Un ensañamiento mediático basado en una noticia falsa la condenó al ostracismo profesional antes de su prematuro fallecimiento.

 

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BUENOS AIRES. La historia de la televisión está plagada de ascensos meteóricos, pero pocos descensos han sido tan injustos y crueles como el de María Amuchástegui.

A mediados de la década de los ochenta, las mañanas de la radiodifusión argentina se transformaron de forma radical gracias a “Buen día María”, un formato vanguardista que no solo entretenía, sino que educaba a una audiencia ávida de modernidad.

Sin embargo, el éxito de aquella bailarina clásica reconvertida en empresaria de la salud se vio truncado por una de las campañas de desprestigio más infames y eficaces del periodismo de espectáculos de la época.

Amuchástegui, quien desde su infancia se había formado en la danza clásica, decidió viajar a los Estados Unidos para estudiar las nuevas tendencias del cuidado corporal.

Allí descubrió disciplinas en pleno auge que en el cono sur aún eran completamente desconocidas: el fitness y el aeróbic.

Al regresar a su país natal, importó el concepto y lo trasladó a la pantalla chica. Acompañada por el renombrado médico Lorenzo Borocotó, quien aportaba consejos de salud y prevención, María se convirtió rápidamente en la “Jane Fonda argentina”.

Miles de mujeres adoptaron su estética, replicaban sus rutinas frente al televisor y convirtieron el programa en un pilar indiscutible de la programación diaria.

 

La verdad detrás del fin de la carrera de María Amuchástegui

 

El declive de su trayectoria no se debió a una pérdida de audiencia ni a una falta de vigencia de su formato, sino a una burda maniobra de difamación.

El programa humorístico y de actualidad “La Noticia Rebelde” —que gozaba de un enorme prestigio por su tono satírico y transgresor— emitió la información falsa de que a Amuchástegui se le había escapado un flatulencia en pleno directo mientras realizaba sus ejercicios.

El rumor, propalado inicialmente debido a la mala relación que algunos integrantes de dicho espacio mantenían con la conductora, se extendió con la velocidad de la pólvora. En una época sin redes sociales, el fenómeno del “boca en boca” funcionó como un tribunal sumario.

La opinión pública dio por cierta la humillación, y la presión social y mediática forzó a los directivos de la cadena a levantar el programa.

A partir de ese instante, la carrera de Amuchástegui quedó sepultada bajo el peso de la burla colectiva.

Cada vez que su equipo de producción intentaba gestionar un espacio en las diferentes emisoras, las gerencias de programación rechazaban las propuestas esgrimiendo excusas inverosímiles. La realidad subyacente era el temor al estigma de un rumor que nadie se había molestado en verificar.

 

La verdad detrás del fin de la carrera de María Amuchástegui

 

Apartada de los grandes focos, Amuchástegui demostró una enorme resiliencia. Decidió volcar sus conocimientos en el ámbito privado, dedicándose con éxito a la formación de entrenadores personales y al asesoramiento de diversas celebridades locales.

Aunque años más tarde intentó regresar a la conducción con un formato similar, el contexto de la televisión privada había cambiado y la propuesta no logró replicar el impacto del pasado.

Décadas después del incidente, Jorge Guinzburg, uno de los conductores históricos de La Noticia Rebelde, confrontó el mito en una entrevista formal.

La respuesta de la animadora fue tajante, apelando a su rigurosa formación profesional: «Nunca se me escapó, ni frente a la cámara ni fuera de ella.

Tengo un control absoluto». Su última aparición en la ficción televisiva se produjo en 2012, cuando realizó un celebrado cameo interpretándose a sí misma como instructora de gimnasia en la exitosa telenovela Graduados.

Los últimos años de la pionera del fitness estuvieron marcados por la adversidad médica. Tras ser diagnosticada con un agresivo cáncer de pulmón que derivó en la amputación de uno de sus brazos, María Amuchástegui falleció el 19 de julio de 2017 a los 64 años, víctima de un accidente cerebrovascular.

Su deceso no solo conmovió a quienes recordaban las mañanas de aeróbic de los ochenta, sino que reabrió el debate sobre la crueldad de los mitos mediáticos y la desprotección de las figuras públicas ante la difamación impune.

 

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