El legendario cantante Carlos Gardel sufrió una severa crisis fonética entre 1927 y 1929 que disminuyó drásticamente la potencia de su voz y lo dejó casi mudo antes de una función en el Teatro Apolo

 

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Carlos Gardel, reconocido como el máximo exponente del tango, enfrentó a lo largo de su carrera un serio problema fonético que lo llevó a la cirugía.

Desde sus inicios, Gardel se destacó cantando en cafetines y bodegones, y se acostumbró a cantar durante horas cada noche.

En 1919, cuando formaba parte del Dúo Gardel-Lozano, un tenor llamado Maceo le sugirió que estudiara canto para cuidar su garganta.

Gardel, siempre dispuesto a superarse, aceptó la recomendación y comenzó a asistir a clases con Eduardo Bonesi, un músico y compositor que más tarde también sería maestro de canto de otros artistas.

A pesar de adquirir técnicas de respiración, vocalización y proyección de la voz, Gardel comenzó a experimentar problemas con su garganta.

Era común que padeciera de resfriados e infecciones que irritaban e inflamaban su laringe.

Sin embargo, sus compromisos artísticos no le permitían tomar un descanso para recuperarse, lo que resultaba perjudicial para su aparato fonador.

Además, Gardel era un fumador y consumía alcohol, lo que complicaba aún más su situación.

 

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Entre 1927 y 1928, Gardel empezó a notar que su voz ya no era la misma.

Sentía que había perdido potencia y resistencia, y que los carraspeos afectaban su canto.

Aunque sus amigos le aseguraban que su voz estaba mejor que nunca, Gardel sabía que la realidad era diferente y decidió buscar ayuda médica.

Un doctor le explicó que sus cuerdas vocales estaban inflamadas, probablemente debido a los resfriados, el abuso de su voz y la falta de descanso.

Con un tratamiento adecuado y reposo, logró recuperar su voz, pero esta experiencia le hizo tomar conciencia de que la voz no era un don eterno, lo que le generaba gran preocupación.

Gardel solía comentar a sus músicos que había que aprovechar el tiempo, trabajar duro y ganar lo máximo posible, ya que la fama no duraría para siempre.

El 7 de agosto de 1929, durante un crudo invierno en Buenos Aires, enfrentó su mayor temor: su voz lo abandonó antes de subir al escenario del Teatro Apolo.

A pesar de su estado, tuvo que disculparse con el público, alegando un fuerte resfriado, aunque sabía que la situación era mucho más grave.

A punto de cumplir 40 años, Gardel se encontraba en una etapa en la que muchos cantantes comienzan a experimentar problemas vocales.

Sin embargo, su autoexigencia era casi insostenible.

Había implementado una rigurosa rutina de trabajo, despertándose a las 5 de la mañana, haciendo ejercicios físicos y dedicando largas horas a ensayar y grabar.

En julio de 1929, un mes antes de perder la voz, realizó 30 sesiones de grabación y además ofrecía shows en vivo.

Este intenso ritmo de trabajo, sumado a las pocas horas de sueño, afectó negativamente sus cuerdas vocales.

 

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A pesar de las dificultades, Gardel se mostró optimista respecto al futuro del cine sonoro, una tecnología que comenzaba a surgir.

Creía firmemente que era el camino adecuado para su carrera, ya que le permitiría llegar a miles de personas sin la necesidad de realizar largos viajes.

Sin embargo, su voz seguía fallando, lo que lo llevó a consultar a varios médicos.

Uno de ellos le recomendó una cirugía, que se realizó en secreto en septiembre de 1929 en Buenos Aires.

Aunque nunca se confirmaron los detalles, se cree que fue una operación relacionada con sus cuerdas vocales o senos nasales, destinada a aliviar las congestiones que afectaban su garganta.

A finales de 1929, Gardel admitió, aunque de manera inadvertida, que se había sometido a una cirugía de garganta.

Un periodista le preguntó sobre su futuro como cantante, y Gardel, malinterpretando la pregunta, respondió que estaba perfectamente recuperado.

A pesar de los rumores y el hermetismo que rodeó su intervención, Gardel continuó su carrera, aunque su voz nunca volvió a ser la misma.

A lo largo de su vida, muchos artistas enfrentaron problemas con su voz, y algunos incluso debieron abandonar el canto.

Sin embargo, también existen cantantes que, gracias a cuidados constantes y entrenamiento, han logrado mantener su voz impecable hasta la tercera edad.

La voz humana es un instrumento precioso, delicado y difícil de cuidar, y Gardel es un ejemplo de cómo la dedicación y el esfuerzo son fundamentales en la carrera de cualquier artista.

Su legado perdura, y su historia continúa inspirando a nuevas generaciones de músicos y cantantes.

 

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