Elementos del Ejército Mexicano, la Marina y la Policía Estatal desataron un intenso operativo en el ranchito de los Gaxiola, en Mocorito, Sinaloa, que derivó en un e.n.f.r.e.n.t.a.m.i.e.n.t.o con más de 100 impactos de bala contra una camioneta roja donde resultaron heridos y detenidos dos presuntos c.r.i.m.i.n.a.l.e.s

 

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El pasado 11 de junio, el Ejército Mexicano llevó a cabo un operativo en el ranchito de los Gaxiola, ubicado en la sierra de Mocorito, Sinaloa, que resultó en un intenso enfrentamiento armado.

Durante este suceso, se registraron más de 100 impactos de bala, lo que evidencia la magnitud del ataque y la resistencia del grupo armado que operaba en la zona.

Este evento no fue simplemente una balacera, sino una operación calculada que revela la complejidad del narcotráfico en esta región.

Los hechos comenzaron cuando el Ejército identificó una camioneta roja que, lejos de intentar escapar, estaba diseñada para proporcionar cobertura a un grupo armado.

Mientras este grupo absorbía el fuego militar, una segunda camioneta negra logró salir de la zona con una carga valiosa, lo que plantea preguntas sobre la estructura y el liderazgo detrás de esta operación.

La sierra de Mocorito, lejos de ser un terreno neutral, ha sido históricamente un punto de conflicto entre el Estado Mexicano y el crimen organizado, donde ambos lados han negociado el control de rutas y comunidades.

 

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El operativo fue el resultado de un análisis de inteligencia militar que había estado monitoreando patrones de movimiento en la zona.

A medida que el grupo armado utilizaba la misma ruta para transportar goma de opio, las autoridades comenzaron a documentar esta actividad.

La repetición de estos movimientos encendió una alarma en el sistema de inteligencia de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), lo que llevó a un despliegue militar en la región.

A solo días del enfrentamiento, el coordinador del grupo armado tomó decisiones que resultarían fatales.

Necesitando un vehículo con mayor capacidad de carga, optó por una BMW robada, lo que no sabía era que este automóvil ya estaba registrado en las bases de datos de la Fiscalía General de la República.

Esto facilitó su identificación por parte de las fuerzas militares, quienes estaban al tanto de su presencia en la zona.

 

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El día del enfrentamiento, el Ejército Mexicano, junto con la Marina y otros cuerpos de seguridad, se movió estratégicamente hacia el ranchito. Mientras el grupo armado abría fuego desde la camioneta roja, el cerco se cerraba rápidamente por los flancos.

Con un helicóptero de reconocimiento sobrevolando la zona y transmitiendo información en tiempo real, el grupo armado se encontró rodeado.

A pesar de su resistencia inicial, la situación se tornó insostenible, y el fuego comenzó a espaciarse a medida que se agotaban los recursos.

Finalmente, el Ejército logró asegurar a dos hombres del grupo armado, quienes fueron trasladados al hospital con heridas. La camioneta roja, tras el enfrentamiento, presentaba 112 impactos de bala, un claro indicativo de la intensidad del ataque.

Sin embargo, lo más importante fue la captura de un individuo asociado al grupo, que llevaba consigo armas de uso exclusivo del ejército y droga.

Este operativo no solo resultó en la detención de criminales, sino que también puso de relieve la capacidad de las fuerzas del orden para coordinarse y actuar en situaciones críticas.

La declaración del funcionario Omar García Harfuch tras el enfrentamiento fue clara: el Estado Mexicano está comprometido a mantener el control en áreas donde el crimen organizado ha intentado establecerse.

Su mensaje fue directo, indicando que ninguna comunidad, por remota que sea, está fuera del alcance del Estado.

 

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Además, el operativo reveló que los grupos criminales en la sierra de Sinaloa han perdido su ventaja táctica. Lo que antes era un refugio seguro para ellos, ahora es un área bajo constante vigilancia y monitoreo por parte de las autoridades.

La geografía, que solía ser su principal aliado, ha dejado de ser un escudo efectivo contra la acción militar.

A medida que se avanza en la investigación, la atención se centra en la figura del “piloto”, un operador clave que coordinó el movimiento de la carga y que permanece en libertad.

La capacidad de este individuo para eludir la captura y la forma en que se llevó a cabo la operación pone de manifiesto la complejidad del narcotráfico en la región y la necesidad de un enfoque multifacético para abordar el problema.

El enfrentamiento en Mocorito es un claro ejemplo de cómo las dinámicas del crimen organizado han evolucionado y cómo las fuerzas del Estado están adaptándose a estas realidades.

La coordinación entre diferentes cuerpos de seguridad y el uso de tecnología avanzada para la vigilancia y el reconocimiento son cruciales en la lucha contra el narcotráfico en México.

Este evento no solo representa un enfrentamiento armado, sino que es una pieza en el rompecabezas más grande de la guerra contra el crimen organizado en el país.