Entre bloqueos y ataúdes: así se vive hoy la tragedia en La Guaira
El estado La Guaira enfrenta una crisis humanitaria devastadora tras el reciente terremoto, marcada por un colapso en los servicios médicos y forenses, un apagón que afecta al 90% de la región y denuncias sobre el saqueo de suministros esenciales

La Guaira, una de las zonas más golpeadas por el reciente terremoto en Venezuela, se encuentra en una situación crítica.
Los accesos a la región están bloqueados por efectivos de la Guardia Nacional, lo que ha convertido el traslado de rescatistas y familiares en una odisea.
“Esto es lo que está pasando en la autopista, Caracas, La Guaira. Tienen el acceso trancado de este lado”, comenta un familiar desesperado que busca a su prima.
“Necesitamos herramientas para llevarla, pero el acceso está completamente cerrado”.
La situación ha llevado a tensiones entre civiles y autoridades.
“La policía no nos deja pasar, no tenemos ningún permiso”, se queja otro ciudadano.
“El QR nunca llegó. Nos están desviando y no dejan pasar al personal médico”.
Las peleas entre los rescatistas y las autoridades han sido frecuentes, reflejando la angustia y desesperación de quienes intentan ayudar a sus seres queridos.
Un testigo relata: “Las tensiones han sido tantas que han desembocado en peleas entre civiles y autoridades. Un grupo de personas le dijo a los policías: ‘Permiso, porque o nos matan o nos dejan pasar’. El comandante de la policía respondió: ‘Quítense ya en el corazón de ustedes. Yo los entiendo, pero están atentos a las órdenes de los superiores'”.
Esta dinámica ha creado un ambiente de incertidumbre y frustración.
A medida que avanzan los días, la situación empeora.
La falta de electricidad en un 90% del estado ha permitido que los saqueos y actos vandálicos aumenten.
“La inacción de los primeros días fue vergonzosa, y constituye un crimen de lesa humanidad porque son vidas las que se han perdido”, denuncia un activista.
Diosado Cabello, portavoz del gobierno, ha indicado que se han tomado medidas para regular el acceso a la zona.
“A partir de hoy, queda restringido el acceso al estado La Guaira. Quien quiera venir tiene que cumplir con los protocolos establecidos”, afirmó.
Aunque algunos ven esta medida como necesaria, otros la critican, alegando que obstaculiza la llegada de ayuda humanitaria.
Un rescatista que se encuentra en la zona explica: “El ruido de las motos no deja que los rescatistas escuchen los gritos. En cinco horas, solo pudimos encontrar a dos personas”.
Las condiciones son extremas, y muchos han decidido actuar por su cuenta, derribando bloqueos para intentar ayudar a sus seres queridos.

La situación se agrava con la llegada de reportes sobre saqueos de ayudas humanitarias, donde incluso oficiales están implicados.
“Están repartiendo allí arriba y no reparten ni agua, todo se lo agarran ellos”, revela un ciudadano indignado.
“Los vecinos han tenido que organizarse para ayudar a quienes lo necesitan, mientras que los cuerpos de seguridad parecen más interesados en acaparar recursos”.
A pesar de la adversidad, la solidaridad entre los venezolanos sigue siendo fuerte.
Muchas organizaciones no gubernamentales y misiones religiosas continúan distribuyendo ayuda en los puntos más críticos de La Guaira.
“Aquí está llegando otro camión al sector Guaracarumbo. Esto son donaciones de ropa y alimentos no perecederos que las víctimas del terremoto vienen a conseguir”, explica un voluntario.
El ambiente de desesperación y caos se siente en cada rincón.
“Antes del terremoto, La Guaira era considerada una de las zonas más estratégicas de Venezuela, por albergar el principal puerto marítimo del país. Hoy, ha pasado de ser un puerto comercial a un lugar donde llegan ataúdes”, lamenta un residente.
Los hallazgos preliminares en los hospitales revelan un colapso en los servicios forenses y un registro inadecuado de víctimas.
“Estamos adquiriendo 10,000 bolsas para cadáveres. De alguna manera, se está aplicando una suposición y es muy triste realmente”, comenta un médico en la zona.
Mientras tanto, los ciudadanos continúan enfrentando la dura realidad.
“Mira, quien venga en realidad tiene que ser especialista. Gente que no va a venir por venir, sino a colaborar”, enfatiza un rescatista.
La desesperación por encontrar a los desaparecidos es palpable, y la comunidad se une en un esfuerzo conjunto para sobrellevar la tragedia.
A medida que la situación continúa desarrollándose, la esperanza de que las ayudas lleguen a quienes más las necesitan sigue viva.
La Guaira, marcada por el dolor y la pérdida, se aferra a la solidaridad y la resiliencia de su gente en medio de la adversidad.