Venezuela honra a sus rescatistas y despide a sus víctimas
A más de una semana de los devastadores terremotos de 7.2 y 7.5 grados que sacudieron el estado La Guaira, las labores en las Residencias Caribe de Caraballeda entran en una dolorosa fase centrada en la recuperación de cuerpos ante el paulatino retiro de las brigadas internacionales

Después de más de una semana de una tragedia que marcó a Venezuela, el país comienza a vivir una nueva etapa.
La esperanza de encontrar sobrevivientes da paso al duelo, a las despedidas y al profundo agradecimiento hacia los rescatistas y miles de ciudadanos que, sin descanso, entregaron todo por salvar vidas. La situación es desgarradora; una madre, con lágrimas en los ojos, expresa:
“Mis niños aún no aparecen. Esto es muy horrible y muy difícil de grabar, pero lo hago porque quiero que mis niños aparezcan.” La angustia se siente en cada rincón, mientras quienes permanecen en la zona de emergencia se resisten a dejar de buscar.
Venezuela comienza a entrar en una nueva etapa de esta tragedia, donde recuperar a quienes no pudieran ser rescatados, asegurar las estructuras para evitar nuevos riesgos, atender a los sobrevivientes y empezar el largo camino de reconstruir vidas se convierten en prioridades.
En los rostros de los rescatistas ya se refleja el cansancio. Algunos regresan a casa con la satisfacción de haber entregado todo, mientras otros permanecen en el terreno, enfrentando un desastre total.
“Todas estas viviendas están inevitables. Mira ese edificio, está todo, o sea, todos se vinieron como de frente. Mira las columnas dobladas,” dice un rescatista, mientras observa la magnitud de la destrucción.

A pesar de este panorama devastador, aún aparecen pequeñas pero profundas señales de supervivencia que recuerdan que la esperanza no desaparece de un momento a otro. Este terremoto dejará una huella imborrable y muchas lecciones para la humanidad.
“Por eso, mientras el mundo sigue su marcha, Venezuela necesita que no la olviden,” comparte un voluntario con un tono de desesperación y esperanza.
Las labores de rescate son arduas y, en medio de la tristeza, la comunidad se une para apoyar a quienes lo necesitan.
“Las personas que no han comido y deseen comerse una deliciosa arepa, eh acá fuera tenemos una arepa rellena con queso, con carne, con su bebida,” anuncia un rescatista, tratando de levantar el ánimo entre los presentes.
La solidaridad entre los venezolanos se hace evidente, y un voluntario agradece a los rescatistas del Salvador: “No existe nada en el mundo con que nosotros los venezolanos podamos pagarles a nuestros amigos. Solo quiero decirles que Dios los bendiga a cada uno de ustedes.”
Los rescatistas trabajan incansablemente, y uno de ellos menciona: “Mira, ya estamos ahí entre el cinco. Hemos despejado bastante el apartamento en la sala y ya empezó a pegar un olor no muy grato que nos indica que debe haber un cuerpo allí.”
Las horas pasan, y la fatiga se hace presente, pero la determinación de encontrar a los desaparecidos sigue firme. “Como 72 horas tiene esta gente sin dormir,” comenta un rescatista, reflejando el sacrificio que están haciendo.
La comunidad se moviliza para brindar ayuda. “Gracias por las donaciones que le están haciendo llegar a él. No solamente él, son varias personas, son alrededor de 20 o 30 personas,” dice un voluntario, resaltando la importancia del apoyo colectivo.
Las donaciones de comida y recursos son vitales, pero también se necesita gasolina para mover los equipos de rescate. “Si queremos hacer la ayuda más efectiva, por favor envíenos gasolina. Necesitamos plantas para mover los taladros, las luces, para todo,” enfatiza un rescatista.
Mientras tanto, en el estadio García Carneiro, que funcionó como centro de operaciones, se escucha el eco de la desesperanza.
“La cantidad de personas vivas que se lograron rescatar se estima que sea bajo en relación con la cantidad de personas fallecidas,” informan los miembros de los equipos de rescate.
La tragedia ha dejado un saldo trágico: aproximadamente 2600 fallecidos, más de 20,000 damnificados y 12,000 heridos, según cifras oficiales.

Los rescatistas de México, Protección Civil y Bomberos Venezolanos continúan sus labores. “Los rescatistas mencionan que por esta zona específicamente aún no hay señales de vida.
Sin embargo, ellos continúan trabajando en las labores de rescate,” se escucha en el aire. Las esperanzas se mantienen, aunque los días pasan y las tareas son difíciles.
La comunidad se une en momentos de dolor y tristeza, pero también en la esperanza de un futuro mejor. “Cree en mí, aunque muera vivirá. Y el que vive y cree en mí no morirá jamás,” se escucha entre las oraciones que se elevan al cielo.
La fuerza del pueblo venezolano se manifiesta en cada gesto solidario, en cada abrazo compartido y en cada lágrima derramada por aquellos que han perdido a sus seres queridos.
La tragedia ha dejado una marca profunda, pero también ha mostrado la capacidad de resiliencia de un pueblo que se une en los momentos más difíciles.
“La solidaridad sigue siendo el mayor orgullo de nuestra nación,” concluye un voluntario, recordando que, a pesar de las adversidades, el espíritu de la gente nunca se quiebra. “Porque podrán temblar nuestras montañas, pero nunca el corazón de nuestra gente.”