Filtraciones en el Ejército mexicano frustran la captura de la cúpula de «Los Cabrera» en Durango
Un operativo federal de alta precisión recupera la histórica Hacienda San Lorenzo, bajo control del cartel de Sinaloa desde hace dos años, pero los delincuentes huyeron cuarenta minutos antes de la llegada del convoy militar.

El despliegue fue quirúrgico, pero la información volvió a filtrarse.
Bajo las órdenes directas del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, las fuerzas federales mexicanas ejecutaron en la madrugada de este domingo un asalto coordinado para recuperar la Hacienda San Lorenzo Calderón, una joya arquitectónica del siglo XIX ubicada en el kilómetro 15 de la carretera Durango-Mezquital.
A pesar del estricto secreto militar y del uso de drones de reconocimiento térmico, los líderes de la célula criminal lograron evacuar el recinto apenas cuarenta minutos antes de que el primer soldado cruzara el portón principal. Una nota manuscrita hallada en el lugar confirma las peores sospechas: el enemigo opera desde dentro del propio aparato estatal.
La propiedad, un predio de 30 hectáreas perteneciente al empresario Jaime Muguiro Peña, había sido despojada por la fuerza hace 24 meses.
Desde entonces, se había convertido en el cuartel general y centro logístico de «Los Cabrera Sarabia», el brazo armado de la facción de «La Mayiza» del cartel de Sinaloa en la región serrana.
Durante seis semanas, los servicios de inteligencia de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) monitorizaron la hacienda mediante el uso de drones tácticos modelo Heron.
Los delincuentes cometieron el error de vulnerar sus propios protocolos de seguridad, que les obligaban a rotar de ubicación cada tres semanas, al asentarse de forma permanente en el casco histórico de San Lorenzo aprovechando el grosor de sus muros de piedra y el control de un único acceso vehicular.
La confirmación legal para el registro se obtuvo hace nueve días, cuando un equipo de inteligencia civil fotografió una ostentosa caravana de vehículos de lujo —incluyendo camionetas blindadas Cadillac Escalade y Ford Raptor— saliendo del predio con destino a la capital del estado.
A la 1:15 horas, un convoy compuesto por 16 vehículos blindados del 78.º Batallón de Infantería partió de sus instalaciones en Durango con las luces apagadas y sin sirenas.
Simultáneamente, el espacio aéreo era controlado por sistemas térmicos que reportaron una anomalía grave a la 1:38 horas: los patrones de calor humano que indicaban la presencia de hasta quince centinelas armados se habían desvanecido.
Aun así, el teniente coronel al mando ordenó cerrar el cerco perimetral en un tiempo récord de cuatro minutos y diecinueve segundos utilizando tres unidades especializadas:
Los Murciélagos: Unidad de asalto nocturno y asalto a estructuras cerradas.
Los Perrazos: Elementos de rastreo perimetral desplegados en las zonas boscosas de nogales.
Los Acorazados: Fuerza mecanizada destinada al bloqueo de la carretera principal.
A las 2:03 horas, las fuerzas especiales forzaron el portón principal.
En el patio interior se hallaba intacta una flota de ocho vehículos de alta gama, con un valor estimado de doce millones de pesos (unos 600.000 euros), algunas armas de asalto con miras telescópicas y abundante documentación.
Sin embargo, los ocupantes ya no estaban. El rastreo de la unidad canina localizó huellas frescas de botas en el lodo con dirección a la Sierra Madre; los sicarios habían escapado con menos de una hora de ventaja.

El verdadero golpe de efecto del operativo no se tradujo en detenciones, sino en el hallazgo dentro del centro de comunicaciones improvisado por el cartel. Sobre una mesa, aún encendidas y transmitiendo en la frecuencia cifrada de 453,225 MHz —adyacente a las bandas de comunicación del Ejército—, se encontraron cuatro radios portátiles Motorola APX8000.
«El 78 sale a la 1. Vámonos»
El análisis forense de la última transmisión, recibida a las 21:47 horas del sábado mediante un modulador de voz, coincidía milimétricamente con una nota manuscrita hallada en una libreta de pasta negra: «El 78 sale a la 1. Vámonos».
Alguien dentro de la cadena de mando militar había notificado con precisión exacta el movimiento del batallón.
Fuentes del Gobierno de México confirman que las agencias de contrainteligencia civil y militar han abierto una investigación de carácter reservado bajo el nombre en clave de «El Audífono».
El objetivo es desmantelar la red de filtraciones que, según los analistas, guarda un patrón idéntico con la emboscada sufrida por la Guardia Nacional hace tres semanas en el poblado cercano de Praxedis.

A las 11:00 horas, Omar García Harfuch emitió un escueto comunicado oficial de cuatro oraciones.
En un lenguaje institucional sumamente calculado, el secretario evitó mencionar las radios o la nota incriminatoria, una estrategia habitual en la inteligencia militar para no alertar al sospechoso infiltrado.
Harfuch enfatizó que la recuperación de la hacienda supone un «golpe directo a la capacidad logística» y advirtió que las investigaciones continúan con el apoyo de las «instancias correspondientes», un término que en el argot político mexicano alude directamente a los órganos de control interno y contrainteligencia del Estado.
El operativo en Durango ha dejado en evidencia que, en la guerra contra el narcotráfico, el desafío más complejo no se encuentra en las montañas de la sierra, sino en los despachos de la propia estructura de seguridad nacional.
