Conocemos en profundidad a Jordi Cruz: su infancia, su familia y su papel como padre, coincidiendo con el estreno de la nueva edición de ‘MasterChef’

 

Jordi Cruz

 

Con el estreno de una nueva edición de MasterChef, el reconocido chef Jordi Cruz vuelve a ocupar su lugar como uno de los jueces más exigentes del formato, esta vez en una etapa renovada del programa marcada por cambios en el jurado.

Sin embargo, más allá de su conocida imagen televisiva, el cocinero catalán ha dejado al descubierto una faceta mucho más íntima que explica en gran parte su personalidad reservada y su manera de relacionarse con los demás.

Durante años, Jordi Cruz ha sido percibido como el miembro más estricto del jurado, en contraste con el carácter cercano de Pepe Rodríguez o el perfil conciliador que representaba Samantha Vallejo-Nágera.

Esa imagen, sin embargo, ha ido matizándose a través de distintas entrevistas en las que el chef ha compartido aspectos personales profundamente arraigados en su infancia.

Una de sus confesiones más impactantes resume ese trasfondo emocional: “Tengo la misma enfermedad que mi padre, que a veces no sabes sentir”.

 

Masterchef

 

Esta afirmación no hace referencia a una enfermedad clínica, sino a una dificultad emocional heredada que el propio chef vincula directamente con la figura paterna.

Su padre, según ha relatado, fue un hombre trabajador que comenzó a trabajar desde muy joven en una fábrica, una circunstancia que marcó su carácter.

“Mi padre con doce años estaba en una fábrica… creo que se frustró y se enfadó con la vida”, explicaba.

Esa frustración derivó en una personalidad distante, poco expresiva, que terminó influyendo en la relación con su hijo.

“El padre que yo conocí en los últimos años era un padre con tendencia a estar enfadado”, recordaba Jordi Cruz, evidenciando una infancia en la que la conexión emocional no siempre estuvo presente.

Esa falta de comunicación afectiva dejó una huella profunda que el chef reconoce haber arrastrado durante años.

De hecho, uno de los momentos más significativos de su vida llegó con la muerte de su padre, quien padecía alzhéimer.

“Nunca me dijo ‘te quiero’. Ni yo a él. El día que murió pude decírselo… y falleció a las dos horas”, relató con una carga emocional que revela la importancia de aquel instante.

 

Jordi Cruz

 

En contraste con esa figura paterna, la madre de Jordi Cruz ocupa un lugar central en su historia personal.

El chef no ha dudado en describirla como el verdadero pilar de su vida: “Mi madre ha regalado su vida a la familia. Es una heroína”.

Su influencia no solo fue emocional, sino también determinante en su vocación profesional.

Desde pequeño, Jordi encontró en la cocina una forma de conexión y reconocimiento.

“Quería reproducir lo que mi madre cocinaba… ahí vi que tenía talento y que podía ganarme el cariño”, confesaba.

Esa búsqueda de afecto a través del esfuerzo y la excelencia ha sido una constante en su trayectoria.

Más allá de la televisión, Jordi Cruz ha construido una sólida carrera como chef, basada en la disciplina, la constancia y la exigencia, valores que reconoce haber aprendido en casa.

En una carta dedicada a su madre, el cocinero reflexionaba sobre su infancia con una mirada madura: “No cambiaría ni uno de esos recuerdos… todo me sirvió para aprender”.

Hoy, esa historia se proyecta en su papel como padre.

Junto a su pareja, Rebecca Lima, ha formado una familia con dos hijos, a quienes intenta transmitir las lecciones que marcaron su propia vida.

Su enfoque educativo, sin embargo, está lejos de la sobreprotección.

“Quiero darles lo mejor que tengo dentro, mis consejos… pero nada más”, afirmaba, dejando clara su intención de fomentar la independencia.

 

Jordi Cruz y Jesús Calleja

 

En esa misma línea, ha expresado una idea que resume su filosofía: “No quiero dejarles mucho dinero. Me lo voy a gastar yo”.

Aunque dicha entre risas, la frase encierra un mensaje firme sobre el valor del esfuerzo personal.

“No voy a trabajar toda la vida para que mi hijo se lo gaste. Quiero que se busque la vida como hice yo”, añadía, subrayando su convicción de que el crecimiento personal nace de la experiencia y no de la comodidad.

A pesar de su dificultad para expresar emociones, Jordi Cruz reconoce que el amor por su familia es el motor de su vida.

Su reto, según admite, es encontrar el equilibrio entre la exigencia y el afecto, una tarea compleja para alguien que ha crecido en un entorno donde los sentimientos no siempre se verbalizaban.

Esa dualidad, entre la dureza aprendida y la sensibilidad que intenta desarrollar, define no solo al personaje televisivo, sino al hombre que hay detrás.

Así, mientras las cocinas de MasterChef vuelven a encenderse, Jordi Cruz se presenta ante el público no solo como un chef exigente, sino como alguien que continúa enfrentándose a su propia historia, intentando transformar una herencia emocional compleja en una forma más consciente de vivir y de sentir.