La Región Policial Lima capturó a Carmen Pérez Cori de 41 años alias La Mexicana quien lideraba una facción criminal dedicada a la extorsión y al cobro de cupos de transporte público en San Juan de Miraflores

 

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En las sombras de Lima, una figura temida emergía como la cabeza de una de las organizaciones criminales más sanguinarias de la capital peruana.

Conocida como ‘La Mexicana’, Carmen Pérez Cori, de 41 años, se convirtió en la cabecilla de una red dedicada a la extorsión y otros delitos graves.

Esta mujer, junto a su hijo, acumulaba un historial delictivo impresionante, con al menos 11 denuncias por extorsión.

La operación de ‘La Mexicana’ era astuta y meticulosa; durante el día, coordinaba extorsiones, sembrando el miedo entre sus víctimas, mientras que por la noche se dedicaba a grabar videos para redes sociales, mostrando una vida aparentemente normal.

El modus operandi de ‘La Mexicana’ incluía amenazas directas a sus víctimas, donde la intimidación era clave.

Las comunicaciones se realizaban a través de WhatsApp, donde enviaban datos personales y fotografías de los domicilios de las personas a las que extorsionaban.

“A la próxima vamos a hablar, vamos a vender dinamita y meterla en la puerta de tu casa.

Vamos a quemar tu carro”, eran algunas de las amenazas que hacían temer por la vida y la seguridad de sus víctimas.

A pesar de su vida delictiva, ‘La Mexicana’ también era conocida por su devoción a la Santa Muerte, lo que la conectaba con un simbolismo cultural profundamente arraigado en la criminalidad mexicana.

 

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La organización de ‘La Mexicana’ no operaba sola; contaba con un armero clave, Jonathan Velázquez Madrid, alias ‘el armero’, quien se encargaba de abastecer a la banda con armas y explosivos.

Durante su captura, las autoridades encontraron en su poder un arsenal que incluía tres pistolas, 21 cargadores, dinamita y una cantidad considerable de dinero en efectivo.

Este armamento era utilizado para llevar a cabo extorsiones, asaltos y otros delitos violentos, consolidando así el poder de la organización en las calles.

La estructura de la organización era fragmentada y descentralizada, lo que dificultaba el trabajo de las fuerzas del orden.

Cada miembro de la red operaba de manera independiente, lo que complicaba la identificación de los cabecillas y la desarticulación de la organización.

Las autoridades descubrieron que los miembros encargados de las áreas administrativas y legales eran personas sin antecedentes penales, lo que les permitía operar con mayor discreción y evitar la atención de la policía.

Los ‘mexicanos’, como se autodenominaban, habían creado una cofradía que se extendía por diferentes puntos de Lima, y su historia se asemejaba a la de una película de gánsteres.

La caída de líderes anteriores en el crimen organizado había dejado un vacío que ‘La Mexicana’ y su banda supieron aprovechar.

Desde su creación, la organización había ido ganando terreno, utilizando tácticas de intimidación y violencia para establecer su dominio en la región.

 

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A medida que la policía comenzaba a desmantelar la organización, la figura de ‘La Mexicana’ se tornaba cada vez más emblemática del temor que esta banda había sembrado en la comunidad.

Las autoridades estaban al tanto de la existencia de un líder superior, conocido solo como ‘J’, cuya identidad permanecía en secreto, pero que era considerado el cerebro detrás de las operaciones de la organización.

La captura de ‘La Mexicana’ y ‘el armero’ representaba un golpe significativo para la organización, pero la policía sabía que debían seguir trabajando para desmantelar completamente la red.

La historia de ‘La Mexicana’ es un recordatorio del impacto que las organizaciones criminales pueden tener en la sociedad.

Con cada extorsión y acto violento, el mensaje de terror que enviaban se hacía más fuerte, dejando a la población en un estado de miedo constante.

La lucha contra estas organizaciones es un desafío que requiere la cooperación de las fuerzas del orden y la comunidad, y la reciente captura de dos de sus miembros clave es un paso hacia la restauración de la seguridad en las calles de Lima.

Sin embargo, la batalla está lejos de terminar, y las autoridades deben permanecer vigilantes ante la posibilidad de que otros líderes criminales surjan para llenar el vacío dejado por ‘La Mexicana’ y su banda.

 

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