La caída de “La otra Wanda”: el fin del imperio de terror y extorsión que asfixiaba a los comerciantes de Lima Norte
La ciudadana venezolana Wanda Alexandra Laguado Jaimes, alias Mardita, fue capturada en flagrancia por agentes de la Dirincri mientras cobraba un cupo extorsivo de 10000 soles a comerciantes de Lima Norte

Detrás de una pantalla telefónica, la frialdad y el sadismo se camuflaban bajo la apariencia de una joven madre inofensiva obsesionada con las redes sociales.
Wanda Alexandra Laguado Jaimes, una ciudadana de nacionalidad venezolana conocida en el mundo del hampa bajo el alias de “Mardita”, utilizaba sus ratos libres para grabar videos de TikTok, bailando y sonriendo ante miles de seguidores virtuales.
Sin embargo, las investigaciones de la Policía Nacional del Perú revelaron que esa faceta digital era solo la fachada de una criminal calculadora y despiadada.
La denominada “Otra Wanda” lideraba una de las células de extorsión más feroces adscritas a la organización criminal transnacional conocida como el Tren de Aragua, sembrando el pánico absoluto entre los microempresarios y trabajadores honestos de los distritos de Lima Norte.
El calvario para los comerciantes del concurrido mercado de Caquetá y zonas aledañas comenzaba con llamadas telefónicas y mensajes de mensajería instantánea cargados de una violencia verbal explícita y perturbadora.
La banda criminal, bajo las órdenes directas de Laguado Jaimes y su pareja sentimental, exigía a los pequeños empresarios la entrega inmediata de sumas que ascendían hasta los 10000 soles a cambio de permitirles continuar trabajando en sus respectivos puestos.
Si las víctimas mostraban el más mínimo rastro de resistencia o alegaban la imposibilidad de reunir el dinero, la organización activaba un protocolo de asedio psicológico implacable.
Los delincuentes otorgaban plazos perentorios de apenas cuatro horas bajo la amenaza directa de asesinar a los hijos de los comerciantes, detallando con escalofriante precisión que ellos mismos se encargarían de ejecutar los crímenes para demostrar que sus advertencias no eran un juego.

La ferocidad del modus operandi de esta facción del Tren de Aragua no se limitaba al amedrentamiento verbal.
En un intento por demostrar su control territorial y doblegar por completo la voluntad de los trabajadores, los extorsionadores implementaron tácticas extremas de sabotaje logístico.
Miembros de la red criminal acudían camuflados entre los clientes a los centros de abastos para cortar de forma física los suministros de servicios públicos esenciales, dejando deliberadamente sin agua ni energía eléctrica los establecimientos comerciales de las víctimas.
Con estas acciones colaterales, los delincuentes no solo paralizaban las ventas de los negocios afectados, sino que enviaban un mensaje directo a toda la comunidad de comerciantes: el control del territorio les pertenecía y denunciar ante las autoridades gubernamentales equivalía a firmar una sentencia de muerte familiar.
A pesar del profundo terror infundido por las constantes amenazas que advertían represalias sangrientas si intervenían las fuerzas del orden, el valor de los emprendedores y el trabajo encubierto de las unidades de inteligencia marcaron el principio del fin para la organización criminal.
Los agentes policiales de la Dirección de Investigación Criminal de la Policía Nacional iniciaron un riguroso proceso de videovigilancia y seguimiento detallado tras recibir las denuncias de las víctimas afectadas por el cobro de cupos.
Durante semanas, equipos tácticos mimetizados en el entorno comercial registraron los movimientos de la sospechosa, determinando que operaba con una naturalidad pasmosa y sin mostrar el más mínimo remordimiento al momento de ejecutar sus fechorías habituales.
El desenlace de esta investigación criminal se concretó mediante un operativo relámpago ejecutado en flagrancia.
Wanda Alexandra Laguado Jaimes fue interceptada por los efectivos policiales en el preciso instante en que se disponía a recibir el dinero en efectivo producto de una de las extorsiones programadas.
Al verse acorralada, la joven criminal pasó de la prepotencia criminal al llanto descontrolado, intentando vanamente desvincularse de los cargos argumentando que simplemente cumplía encargos familiares.
Sin embargo, las evidencias físicas recopiladas y las grabaciones telefónicas previas donde se reconocía plenamente su voz fría desbarataron cualquier intento de coartada legal ante las autoridades peruanas.
Junto a la cabecilla de la banda fue capturado su compañero sentimental, consolidando la desarticulación de una de las duplas extorsivas más buscadas del sector norte de la capital peruana.
El Ministerio Público, basándose en el peligro de fuga latente, la falta de una actividad laboral lícita comprobada en el país y el alto nivel de peligrosidad demostrado, solicitó formalmente la medida de prisión preventiva contra ambos procesados.
El dictamen favorable del Poder Judicial garantiza que los investigados permanezcan recluidos en un centro penitenciario de máxima seguridad mientras avanza el proceso penal correspondiente.
Este golpe policial devuelve la tranquilidad de manera temporal a miles de familias que dependen del comercio diario, sirviendo además como un firme recordatorio de que la cooperación entre la ciudadanía y las instituciones de justicia es la herramienta más eficaz para frenar el avance de las mafias extranjeras instaladas en el territorio nacional.
