Rosa, hija del comediante peruano Pompinchú, reveló entre lágrimas el fuerte deterioro físico que sufrió su padre durante sus últimos meses de vida debido a graves problemas en las piernas y dolores insoportables

 

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Con la voz entrecortada y visiblemente afectada, Rosa, hija del recordado humorista peruano Pompinchú, reapareció en el programa “América Hoy” para compartir uno de los capítulos más dolorosos de su vida: los últimos meses de enfermedad de su padre, el deterioro físico que sufrió en silencio y las emotivas palabras que le dejó antes de ingresar a cuidados intensivos.

Lejos de los escenarios donde hizo reír durante décadas, el querido cómico enfrentaba una realidad muy distinta. Según contó su hija, los problemas de salud comenzaron a impedirle continuar trabajando en los tradicionales ruedos cómicos, actividad que demandaba largas horas de pie y un gran esfuerzo físico.

“Él vendía sus chocolates porque ya no podía hacer ruedo. No podía permanecer mucho tiempo parado y la garganta le molestaba. Como en los ruedos tenían que gritar fuerte y hablar fuerte, decidió dedicarse a vender chocolates”, recordó Rosa.

Durante la temporada de verano, incluso optó por vender helados para seguir generando ingresos. A pesar de las limitaciones físicas y del dolor constante, Pompinchú nunca perdió la voluntad de trabajar ni el deseo de salir adelante por su familia.

 

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Rosa aseguró que detrás del personaje humorístico existía un hombre profundamente responsable y amoroso. Aunque tenía un carácter fuerte y muchas veces demostraba el cariño de manera ruda, jamás dejó desamparados a sus hijos ni a sus nietos.

“Como papá fue muy bueno. Nunca me hizo faltar nada, ni a mí ni a mis hijos. Adoraba a sus nietos, especialmente a Ricardo porque grababa videos con él, pero repartía amor para todos igual”, expresó emocionada.

La hija del artista recordó que el inicio del complicado proceso médico ocurrió después de un accidente que terminó con una fractura en la pierna izquierda. Los médicos tuvieron que colocarle clavos, pero el humorista evitaba acudir constantemente al hospital debido al miedo que sentía y también porque priorizaba el trabajo.

“Siempre le decíamos que se haga ver, pero él era muy miedoso y no quería ir al hospital”, confesó.

Con el tiempo, la situación empeoró. Pompinchú comenzó a perder estabilidad y sufría constantes caídas. Para soportar el dolor consumía medicamentos fuertes como ketorolaco, aunque llegó un momento en el que ya no le hacían efecto.

 

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La peor parte llegó cuando la otra pierna, la derecha —a la que él mismo llamaba “la coja sana”— empezó a deteriorarse gravemente debido al desgaste total del cartílago.

“Ya chocaba hueso con hueso. Ese dolor era insoportable”, contó Rosa.

Las noches dentro de la casa familiar se transformaron en escenas desgarradoras. Según relató, muchas veces despertaban de madrugada escuchando los gritos de dolor del comediante.

“Dos o tres de la mañana escuchábamos sus gritos. A veces, mientras dormía, estiraba el cuerpo sin darse cuenta y ahí chocaba hueso con hueso. Le hacía doler muchísimo”, narró con lágrimas.

Finalmente, el artista decidió someterse a una operación de cadera debido a que ya no soportaba el sufrimiento físico. El procedimiento médico fue cubierto económicamente por un empresario conocido como “El Paisa”, dueño de la cevichería Rico Pura, a quien la familia agradeció públicamente por el apoyo brindado.

“Hasta el último día estuvo ayudándonos. Siempre estuvo con mi papá”, afirmó Rosa.

Todo parecía avanzar favorablemente después de la intervención quirúrgica. Sin embargo, el mismo día en que debía recibir el alta médica, Pompinchú presentó una fuerte baja de saturación de oxígeno.

 

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Rosa contó que ella había salido unos momentos de la clínica para cambiarse de ropa tras permanecer varios días cuidándolo sin descanso. Cuando regresó, encontró a su padre conectado a oxígeno.

“Pensamos que se le iba a pasar. Los médicos dijeron que era una pulmonía y que ya le estaban poniendo medicamentos”, recordó.

A pesar del delicado estado de salud, el humorista continuaba preocupado por los gastos médicos. Aunque “El Paisa” insistía en que él asumiría todos los costos, Pompinchú no quería seguir generando más gastos y pedía regresar a casa.

“No te preocupes por eso, yo lo voy a pagar”, le repetían, pero él decía que ya no quería seguir internado”, relató su hija.

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista ocurrió cuando Rosa recordó la última conversación que tuvo con su padre antes de que ingresara a la Unidad de Cuidados Intensivos.

“Me dijo que me cuidara mucho, que cuidara a mis hijos y sobre todo a Ricardo, porque con él siempre grababa videos. Me pidió que siguieran subiendo contenido, fotos y videos”, contó.

Aun en medio de la enfermedad, Pompinchú intentaba transmitir tranquilidad a su familia.

“Yo voy a salir, no te preocupes, no llores, estate tranquila”, fueron algunas de las últimas palabras que le dijo a su hija.

 

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Rosa respondió con una mezcla de amor y esperanza. Le aseguró que era fuerte, que sus nietos lo esperaban afuera y que toda la familia lo amaba profundamente.

“Le dije que saliera adelante porque en mi casa lo iba a esperar con su ceviche con bastante cebolla, como a él le gustaba”, recordó entre lágrimas.

La hija del humorista también compartió escenas íntimas y dolorosas del cuidado diario que le brindaba a su padre. Muchas veces él le pedía ayuda para mover la pierna o simplemente para aliviar un poco el dolor.

“Me decía: ‘Hija, ayúdame a levantar mi pierna’. Yo lo hacía despacito porque me daba miedo lastimarlo más. A veces solo me pedía que le sobara o le rascara la pierna”, confesó.

La historia de Pompinchú ha conmovido profundamente al público peruano. Detrás de las risas, los personajes y los años dedicados al humor popular, existía un hombre que enfrentó con valentía una enfermedad dolorosa mientras intentaba mantenerse fuerte por su familia.

Su partida dejó un vacío inmenso entre quienes crecieron viéndolo en televisión y también dentro de su hogar, donde hoy sus hijos y nietos conservan vivo el recuerdo de un padre luchador, trabajador y profundamente humano.