La Policía descubre inconsistencias en un supuesto accidente de tránsito en el occidente de Bogotá tras hallar una herida en el cuello de la mujer que no correspondía a un choque vehicular

 

 

La investigación por el hecho ocurrido en el occidente de Bogotá, inicialmente reportado como un accidente de tránsito, tomó un rumbo radical cuando los primeros análisis técnicos de la escena llevaron a las autoridades a sospechar que no se trataba de una simple colisión, sino de un crimen presuntamente planeado para simular una tragedia vial.

Desde entonces, la Policía y la Fiscalía han reconstruido paso a paso lo sucedido aquella noche, apoyadas en inspecciones forenses, entrevistas y un extenso rastreo de videos.

Uno de los primeros uniformados en llegar fue el superintendente José Luis Higuera, coordinador de laboratorios móviles de la Policía de Tránsito, quien relató que desde el comienzo la escena le generó dudas.

“Lo primero que yo encuentro es un vehículo el cual se encuentra colisionado en su parte delantera contra este árbol”, explicó al describir el punto del impacto.

Según indicó, el automóvil transitaba por la calle 63 en sentido oriente-occidente y el hecho ocurrió frente al Jardín Botánico.

Sin embargo, más allá del choque, hubo elementos que no encajaban.

Higuera aseguró que los daños del carro no parecían suficientes para explicar la muerte de dos ocupantes.

“Estos daños de este vehículo no eran tan grandes para producir el fallecimiento a dos personas”, dijo.

Dentro del automotor, los investigadores hallaron a una mujer ubicada aparentemente en la posición de conductora y a un menor en la parte posterior.

Lo que terminó de encender las alarmas fue una lesión observada durante la manipulación de los cuerpos.

“Observo que la persona de sexo femenino presenta una herida en el costado izquierdo del cuello y era una herida que no correspondía a las lesiones que se generan por un accidente de tránsito”, señaló el uniformado.

 

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Esa observación fue comunicada al investigador asignado al caso y, a partir de ese momento, el episodio dejó de analizarse únicamente como un siniestro vial para pasar a ser tratado bajo una hipótesis criminal.

Paralelamente, las autoridades ubicaron a Hugo, quien figuraba como sobreviviente del vehículo y que, según los reportes iniciales, había sido trasladado a un centro médico con lesiones.

Cuando salió del hospital, fue entrevistado por orden de la Fiscalía.

Su versión, según explicó Higuera, fue que en el momento del hecho venía dormido en el asiento del copiloto.

“Nos indica que al momento del hecho él se encontraba dormido, venía en el puesto de copiloto, y de un momento a otro sintió que alguien gritó y cuando abrió los ojos sintió el impacto contra el árbol y perdió el sentido”, relató el oficial.

Esa declaración, lejos de cerrar el caso, abrió nuevas líneas de análisis.

El siguiente paso fue una trazabilidad completa de los movimientos previos al choque.

El investigador Jason Novoa, integrante del grupo que asumió el caso, explicó que junto con la Fiscalía se diseñó un programa metodológico para recaudar registros videográficos desde la vivienda de la víctima, identificada como Karen, hasta la residencia del padre de Hugo.

“Se establecen dos grupos de trabajo. Uno parte de la casa de la señora Karen y otro grupo hace labores a partir del lugar donde vive el papá del señor Hugo”, precisó.

 

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El barrido permitió reunir más de 50 videos y establecer una secuencia temporal considerada clave.

Según Novoa, Hugo salió de la casa de Karen cerca de la medianoche y llegó aproximadamente a la 1:00 de la mañana al conjunto residencial donde vive su padre.

Después de permanecer allí alrededor de una hora u hora y media, volvió a salir en un vehículo gris.

Minutos más tarde, ese mismo automóvil apareció en el punto del supuesto accidente.

Los tiempos también llamaron la atención de los investigadores.

De acuerdo con el análisis del trayecto, el recorrido desde ese lugar hasta el punto del choque debía tomar cerca de diez minutos a esa hora de la madrugada, cuando las vías estaban despejadas.

El vehículo, sin embargo, cubrió la distancia en unos ocho minutos.

Para la Policía, ese margen, sumado a la evidencia física y a la disposición de los ocupantes, reforzó la tesis de que el automóvil fue conducido bajo una puesta en escena.

Novoa explicó una de las hipótesis que se manejaron durante la investigación.

“Por la posición de la silla que se encontraba reclinada, esta persona se sentó en las piernas de la persona ya fallecida y condujo el vehículo hasta el punto donde se presentó el accidente”, afirmó.

Según esa línea investigativa, el conductor habría manipulado la escena para hacer creer que la mujer iba al volante al momento del impacto.

 

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Sobre el momento en que habrían sido atacadas las víctimas, el investigador indicó que una de las primeras hipótesis apuntaba a que los hechos comenzaron en el lugar donde vive el padre de Hugo, aunque aclaró que la determinación definitiva corresponde a las pruebas técnicas y a los dictámenes de Medicina Legal.

“Eso ya lo establecerá más adelante las pruebas técnicas”, dijo.

La reconstrucción del caso ha dependido no solo de peritajes, sino también del aporte de testigos, vecinos y familiares de la víctima, quienes entregaron horarios, imágenes y datos que resultaron fundamentales para enlazar cada movimiento.

Con ese material, la Fiscalía avanza en la consolidación del caso mientras las autoridades terminan de establecer con precisión la secuencia de los hechos, el lugar exacto en que ocurrieron las agresiones y la responsabilidad penal del principal sospechoso.

Lo que comenzó como un aparente accidente terminó convirtiéndose en una investigación compleja que reveló inconsistencias desde el primer momento.

La escena, los tiempos, las heridas y la versión del sobreviviente fueron desmontando poco a poco la apariencia de una colisión fatal y empujaron a los investigadores hacia una hipótesis mucho más grave: la de un crimen presuntamente encubierto bajo la forma de un accidente de tránsito.