Sasha Montenegro, nacida en Bari en 1946 como Alexandra Achimovic Popovic, se estableció en México a finales de los años 60 y construyó una carrera cinematográfica dentro del cine popular de los años 70

 

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La vida de Sasha Montenegro, nacida como Alexandra Achimovic Popovic en Bari, Italia, en 1946, estuvo marcada desde sus primeros días por el exilio, la guerra y la inestabilidad.

Hija de una familia de origen yugoslavo con raíces en Montenegro, creció en un entorno atravesado por la posguerra europea, el desplazamiento constante y la pérdida de referentes familiares.

A los pocos días de nacida, su familia inició un largo recorrido que la llevó por distintos países, incluyendo Alemania y Argentina, donde finalmente se estableció durante su infancia y juventud.

La muerte temprana de su padre profundizó aún más una sensación de desarraigo que la acompañaría durante toda su vida.

Con el tiempo, Alexandra comprendió que la supervivencia dependía de la adaptación.

Esa visión la llevó a reinventarse por completo cuando emigró hacia Estados Unidos y posteriormente a México a finales de la década de 1960.

Fue en este nuevo entorno donde adoptó el nombre artístico de Sasha Montenegro, una identidad que evocaba sofisticación y misterio, y que encajaba con la industria del entretenimiento en la que comenzaba a abrirse paso.

Su presencia, marcada por una fuerte personalidad escénica y una estética llamativa, le permitió integrarse rápidamente en el cine mexicano de la época, especialmente en un tipo de producción popular que dominaba las taquillas de los años setenta.

 

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Durante esa década, Sasha participó en numerosas películas que la consolidaron como una figura reconocible dentro del llamado cine de ficheras.

Su imagen se convirtió en un símbolo mediático, alternando entre la fascinación del público y la crítica de ciertos sectores de la sociedad.

Sin embargo, detrás del éxito cinematográfico, su trayectoria también estuvo marcada por decisiones difíciles y por una constante tensión entre la exposición pública y la percepción privada de su carrera.

En varias producciones, se vio obligada a asumir escenas y papeles que generaban controversia, lo que alimentó su fama pero también reforzó la idea de que su carrera estaba profundamente condicionada por las dinámicas comerciales de la industria cinematográfica.

En este contexto de notoriedad pública, su vida dio un giro significativo a comienzos de la década de 1980, cuando conoció a José López Portillo, expresidente de México.

El encuentro tuvo lugar en Sevilla en 1984, en un momento en que el exmandatario ya había dejado el poder político.

La diferencia de edad entre ambos y sus trayectorias vitales tan distintas no impidieron que iniciaran una relación que rápidamente atrajo la atención pública.

López Portillo, tras haber concluido su mandato presidencial, atravesaba una etapa de transición personal lejos del poder institucional que había definido su vida durante años.

 

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La relación entre Sasha Montenegro y el expresidente se desarrolló entre Europa y México, y con el tiempo dio lugar a la formación de una familia.

En 1985 nació su primera hija, Nabila, y en 1990 su segundo hijo, Alexander.

Estos acontecimientos consolidaron el vínculo entre ambos, que pasó de ser una relación privada a convertirse en un tema de interés público y político, especialmente debido al entorno familiar previo del expresidente, quien seguía legalmente unido a Carmen Romano durante parte de este periodo.

Con el paso de los años, la pareja formalizó su situación.

En 1991 se produjo el divorcio de López Portillo con su esposa anterior, y en 1995 contrajo matrimonio civil con Sasha Montenegro.

Ese mismo periodo estuvo marcado por la consolidación de una vida en común en una propiedad de grandes dimensiones conocida popularmente como “La Colina del Perro”, ubicada en la zona de Bosques de las Lomas en Ciudad de México.

La residencia, descrita como un extenso complejo con múltiples edificaciones, instalaciones recreativas y una biblioteca de gran tamaño, se convirtió en el centro de la vida familiar.

Durante estos años surgieron también diversas controversias en el ámbito familiar.

Algunas versiones y testimonios posteriores señalaron la existencia de tensiones internas relacionadas con el control del entorno del expresidente durante su etapa de salud deteriorada.

Se mencionaron desacuerdos entre miembros de la familia y acusaciones cruzadas sobre el manejo de su atención y su vida cotidiana.

Estas afirmaciones, sin embargo, formaron parte de disputas familiares que llegaron a instancias legales y fueron objeto de interpretaciones diversas, sin una única versión concluyente.

 

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En 1999, López Portillo sufrió un grave deterioro de salud tras un episodio cerebrovascular que afectó de manera significativa su movilidad y autonomía.

A partir de ese momento, su estado físico requirió cuidados constantes.

En ese contexto, se intensificaron los conflictos entre distintos miembros de la familia, especialmente en relación con el acceso al expresidente y la administración del entorno doméstico.

Las disputas derivaron en procedimientos legales en los años posteriores, en los que se abordaron temas relacionados con el matrimonio, la convivencia y la situación patrimonial.

Uno de los elementos centrales de estas controversias fue la validez de documentos y declaraciones firmadas por el propio López Portillo durante su vida, incluidos escritos en los que defendía públicamente a su esposa frente a ciertas acusaciones.

Paralelamente, la familia del expresidente cuestionó distintas decisiones relacionadas con el entorno en el que vivía durante sus últimos años.

Estos desacuerdos se prolongaron hasta el año 2004, cuando se intensificaron los procedimientos legales relacionados con el estado civil y la situación patrimonial.

El 17 de febrero de 2004 falleció José López Portillo en Ciudad de México.

Su muerte no puso fin a las disputas legales y familiares, ya que el proceso de divorcio no había sido completamente resuelto en ese momento.

Como resultado, Sasha Montenegro mantuvo su condición legal de viuda del expresidente, lo que generó nuevas reacciones dentro del entorno familiar y mediático.

 

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Tras el fallecimiento del exmandatario, la vida de Sasha Montenegro continuó marcada por la atención pública y por la administración de los bienes y derechos vinculados a su relación matrimonial.

Con el paso de los años, parte de las propiedades asociadas a la familia fueron vendidas o reestructuradas, incluyendo la conocida residencia, que posteriormente fue demolida para dar paso a nuevos desarrollos urbanos.

En sus últimos años, Sasha llevó una vida más discreta, alejada en gran medida de la exposición mediática que había caracterizado sus décadas anteriores.

Residió principalmente en Cuernavaca y mantuvo apariciones esporádicas en público.

En el ámbito económico, algunos de los beneficios asociados a su condición de viuda de un expresidente fueron modificados con el tiempo debido a cambios en la legislación y en las políticas públicas.

Sasha Montenegro falleció el 14 de febrero de 2024 a los 78 años de edad, tras complicaciones de salud.

Su muerte cerró una etapa de la historia pública mexicana que había estado marcada por su presencia en el cine, su relación con una figura presidencial y las controversias familiares que acompañaron los últimos años de vida de José López Portillo.

Su figura permanece asociada tanto a la industria cinematográfica de su época como a uno de los episodios más comentados de la vida privada de un expresidente mexicano, en una narrativa que entrelaza espectáculo, poder y vida personal dentro de un mismo contexto histórico.

 

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