El reconocido cantautor tucumano Palito Ortega consolidó una exitosa trayectoria artística tras superar una infancia marcada por la extrema pobreza y el trágico fallecimiento de su hermana menor

 

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Palito Ortega, uno de los íconos más grandes de la música argentina, cumplió 84 años, pero su historia es mucho más que éxitos y fama.

Desde sus humildes comienzos en Lules, Tucumán, hasta convertirse en una leyenda de la música, su vida está marcada por decisiones que reflejan su carácter y valores.

Nacido Ramón Bautista Ortega el 8 de marzo de 1941, Palito creció en un entorno donde la pobreza era una constante.

Desde muy joven, trabajó para ayudar a su familia.

A los 10 años, limpiaba sepulturas en el cementerio de Tucumán, y a los 12, lustraba zapatos en la Plaza Independencia.

Su infancia no fue fácil; vivía en un ingenio azucarero donde las condiciones eran duras y la vida se regía por la cosecha de caña de azúcar.

Sin electricidad ni agua corriente, Palito y sus hermanos aprendieron desde pequeños a colaborar en casa, lo que moldeó su carácter.

Una de las tragedias que marcaron su vida fue la muerte de su hermana Rosario, quien falleció trágicamente a los 11 años.

Este evento dejó una profunda huella en su corazón, y Palito a menudo recuerda el aliento que ella le daba para cantar.

A pesar de las adversidades, su amor por la música nunca flaqueó.

A los 16 años, decidió dejar su hogar y mudarse a Buenos Aires con una valija llena de sueños y una guitarra.

 

Bautista, el nieto de Palito Ortega y Evangelina Salazar, compartió una  tierna foto que revela la intimidad de sus abuelos | Caras

 

En la capital, Palito enfrentó muchos desafíos.

Vendía diarios, lavaba autos y ofrecía café a los oficinistas.

Sin embargo, su gran oportunidad llegó en 1962 cuando fue descubierto por un ejecutivo de la compañía discográfica RC Víctor.

Fue en este momento que adoptó el nombre artístico de Palito Ortega, un apodo que se le ocurrió a un directivo debido a su delgada figura.

Desde entonces, su carrera despegó, y se convirtió en una figura central en el programa “El Club del Clan”, que lo catapultó al estrellato.

A lo largo de su carrera, Palito vendió más de 28 millones de discos y filmó 33 películas, convirtiéndose en un referente de la música y el cine argentino.

Su éxito no solo se debió a su talento, sino también a su carisma y conexión con el público.

A pesar de su popularidad, Palito nunca olvidó sus raíces.

Se casó con Evangelina Salazar, y juntos formaron una familia con seis hijos.

A lo largo de los años, Palito se comprometió a no separarse de su esposa, una decisión que refleja su deseo de proporcionar estabilidad a sus hijos, algo que él mismo no tuvo en su infancia.

Sin embargo, la vida de Palito no estuvo exenta de dificultades.

En 1981, a la cima de su carrera, tomó la arriesgada decisión de traer a Frank Sinatra a Argentina.

A pesar del éxito de los shows, la economía del país se desplomó, y Palito perdió más de 2 millones de dólares en una semana.

En lugar de declararse en quiebra, decidió honrar sus deudas, vendiendo todo lo que tenía y trabajando incansablemente durante cinco años para recuperar su estabilidad financiera.

Este período de su vida, aunque poco conocido, muestra su determinación y ética de trabajo.

 

Bautista Ortega, nieto de Palito Ortega y Evangelina Salazar, es músico y  modelo | Caras

 

Después de este desafío, Palito se mudó a Miami con su familia, donde encontró apoyo en Sinatra, quien lo ayudó a reintegrarse en el mundo del espectáculo.

Con esfuerzo y dedicación, Palito logró reconstruir su carrera y su vida.

Regresó a Argentina en 1989, pero esta vez con un enfoque diferente: se adentró en la política.

En 1991, fue elegido gobernador de Tucumán, enfrentando críticas y elogios por su gestión.

Aunque algunos cuestionaron su legado político, su compromiso con su provincia fue innegable.

A pesar de las críticas, Palito Ortega ha mantenido una conexión profunda con su pasado.

Hoy, a sus 84 años, continúa dando conciertos y grabando música, siempre recordando que la verdadera felicidad no se encuentra en las riquezas materiales.

Vive en su chacra “Los Pájaros”, un lugar que representa su elección de vida simple y auténtica.

La casa que construyó refleja su amor por la familia y su deseo de permanecer anclado a sus raíces.

Palito Ortega es más que un artista; es un símbolo de perseverancia, humildad y amor familiar.

Su historia es un recordatorio de que, a pesar de los altibajos, lo que realmente importa son las conexiones humanas y el legado que dejamos atrás.

A través de sus decisiones, Palito ha demostrado que la verdadera riqueza se encuentra en las relaciones y en la capacidad de mantenerse fiel a uno mismo, sin importar las circunstancias.

 

La dolorosa muerte que anunció Palito Ortega a sus 84 años y llenó tristeza  a su familia - Revista Paparazzi