Fuerzas federales y estatales detuvieron a 11 presuntos integrantes de células delictivas en Sinaloa durante varios operativos simultáneos realizados en municipios como Culiacán, Mocorito, Concordia, Rosario y Mazatlán

 

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Melissa Calderón Ojeda, conocida en el mundo del crimen como “La China”, fue una figura temida en Baja California Sur, donde llegó a controlar una estructura delictiva con decenas de operadores a su mando.

Nacida el 12 de agosto de 1984, Melissa creció en un estado que, durante décadas, fue considerado uno de los más tranquilos de México.

Sin embargo, con el tiempo, las organizaciones criminales comenzaron a ver el potencial del lugar y la paz que una vez reinó se transformó en violencia y caos.

En 2005, con solo 21 años, Melissa dio sus primeros pasos en el mundo del crimen organizado, vinculándose con Eric Dávalos von Borstel, quien ya operaba en ese ámbito.

Su entrada fue rápida y violenta, integrándose a las fuerzas especiales de Damaso, el brazo armado del cártel de Sinaloa.

Su habilidad para involucrarse en dinámicas de violencia la llevó a ocupar un rol destacado en una estructura donde pocas mujeres habían tenido poder.

Para 2008, apenas tres años después de su ingreso, ya era jefa de un grupo de 50 operadores, controlando áreas clave como La Paz y Los Cabos.

Durante su liderazgo, los homicidios en Baja California Sur se triplicaron, y su nombre comenzó a asociarse con métodos extremos y violentos.

Las autoridades la señalaron como responsable de al menos 150 a 170 muertes, y su forma de operar se caracterizaba por dejar mensajes claros a otros grupos criminales, comunicando su poder a través del terror.

Sin embargo, su imperio comenzó a desmoronarse cuando su pareja y segundo al mando, conocido como “el Chino”, fue detenido y ofreció información a las autoridades a cambio de una reducción de condena.

 

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El 19 de septiembre de 2015, Melissa fue arrestada en el aeródromo de Cabo San Lucas mientras intentaba abordar un vuelo con identidad falsa.

Sin resistencia, fue llevada al Centro Penitenciario de La Paz, donde enfrentó una realidad completamente diferente a la que había conocido.

En prisión, su vida se convirtió en una rutina de encierro, lejos del poder y el control que había ejercido sobre su organización.

Tras su captura, Melissa fue trasladada al Centro Federal de Readaptación Social Femenil número 16 en Morelos, un penal de máxima seguridad.

Allí, las condiciones eran drásticamente diferentes a las de La Paz, con acceso limitado a visitas y un régimen de vida estrictamente controlado.

A pesar de la severidad de su situación, Melissa comenzó a moverse legalmente para revertir su traslado, argumentando que había sido realizado de forma ilegal.

En enero de 2017, un juez federal le otorgó un amparo, permitiendo su regreso a La Paz.

Sin embargo, el regreso a su antiguo penal no fue el mismo.

Las condiciones habían cambiado, y la situación dentro del centro penitenciario se había deteriorado.

En 2023, el director del penal confirmó que las internas tenían acceso a actividades diarias, pero también reconoció que las instalaciones necesitaban mejoras significativas.

 

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Melissa Calderón vive actualmente en la sección femenina del Centro Penitenciario de La Paz, donde se enfrenta a una rutina estricta y condiciones que han sido calificadas como deficientes por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

A pesar de los programas de capacitación laboral y actividades recreativas, su vida diaria está marcada por la falta de libertad y la vigilancia constante.

Desde su captura en 2015, no ha vuelto a aparecer públicamente, y su comunicación con el mundo exterior se ha reducido a lo que permiten las autoridades penitenciarias.

En mayo de 2024, después de casi nueve años en prisión, Melissa fue condenada a 20 años de cárcel por el homicidio calificado de Humberto Juárez Lucero, un caso que se considera el único que logró acreditarse formalmente entre los numerosos delitos que se le atribuyen.

Esta condena marca el inicio oficial del conteo de su pena, pero también plantea preguntas sobre la justicia en el contexto del crimen organizado en México, donde muchos casos quedan sin resolución.

La historia de Melissa Calderón es la de una mujer que alcanzó un nivel de control en el crimen organizado sin precedentes para una mujer en su posición, pero que finalmente pagó las consecuencias de sus decisiones.

Su vida en prisión es un recordatorio de las realidades del sistema penitenciario en México, donde la impunidad y la falta de justicia siguen siendo problemas persistentes.

Melissa, ahora con 41 años, enfrenta un futuro incierto en un entorno que ha cambiado radicalmente desde sus días de poder, y su historia continúa resonando en las comunidades afectadas por la violencia y el crimen en Baja California Sur.

 

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