📰⚖️ Testimonio clave sacude al poder: María Alejandra Benavides relata desde dentro cómo operaba el engranaje de contratos y presiones políticas
María Alejandra Benavides relató cómo pasó de ser asesora técnica en el Ministerio de Hacienda a testigo protegida de un entramado de presiones políticas y decisiones irregulares vinculadas a contratos y votos en el Congreso.
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En una extensa y tensa entrevista radial, María Alejandra Benavides, exfuncionaria del Ministerio de Hacienda, ofreció uno de los testimonios más detallados y delicados sobre el entramado de presiones políticas, contratos y decisiones administrativas que hoy mantienen bajo investigación judicial a altas figuras del poder en Colombia.
Con voz serena, pero marcada por el miedo y el peso de sus palabras, Benavides habló como testigo protegida dentro de un proceso amparado por un principio de oportunidad avalado por la justicia.
“Yo me pregunto lo mismo todos los días”, respondió al ser cuestionada sobre el momento en que su vida dio un giro irreversible.
Su ingreso al Ministerio de Hacienda se dio en 2020, inicialmente como contratista, durante el gobierno anterior.
En diciembre de 2022 fue nombrada asesora, un cargo que describió como “pequeño dentro del ministerio”, pero que terminó ubicándola en una posición estratégica: la oficina de enlace con el Congreso.
En septiembre de 2023, según su relato, recibió la orden de reemplazar parcialmente a su jefa, Andrea Ramírez, como enlace entre el Ministerio de Hacienda y el Congreso de la República.
“Yo hice caso, no tenía ni idea de todo lo que se me venía al aceptar eso”, afirmó.
Benavides fue enfática en aclarar que ejercer como enlace legislativo no constituye un delito.
“El enlace con el Congreso no es un delito”, dijo, pero advirtió que existe “una línea muy delgada” que ella hoy se cuida de no cruzar.

Su condición actual es la de testigo clave.
“Yo soy una testigo, soy protegida y tengo un principio de oportunidad”, explicó, consciente de que cualquier imprecisión podría llevarla a perder ese beneficio.
Reconoció errores propios: “Yo me equivoqué como funcionaria pública. Yo fallé porque cuando sentí que las cosas no iban bien, no lo reporté”.
Aun así, subrayó que ha sido la única que decidió “dar la cara” y acudir cuantas veces sea necesario ante las autoridades.
Benavides entregó su teléfono celular y toda la información que le fue requerida.
“Yo entregué mi teléfono tal cual. Mi dicho es de las reuniones en las que yo estuve y de lo que me consta, nada más”, aseguró.
Reiteró que nunca se apropió de dinero público: “Yo nunca me apropié de un peso. Yo hacía caso. Yo seguía órdenes”.
El costo personal de su decisión ha sido alto.
Relató que vive bajo amenaza y que su vida cambió de manera radical.
“Nadie está listo para levantarse un día y ver que en el celular de su mamá, de su abogado y de un familiar hay una amenaza sobre su cabeza”.
Reconoció que duerme con miedo, pero que la tranquiliza saber que está diciendo la verdad.
“Eso es lo que me deja dormir en la noche”.

Durante la entrevista, fue interrogada sobre supuestas presiones de congresistas para obtener contratos a cambio de votos.
Aunque evitó detalles específicos por la reserva del proceso, dejó frases que resonaron con fuerza.
“Todos mis actos dentro del proceso tuvieron órdenes”, repitió en varias ocasiones.
Cuando se le insistió sobre si recibió exigencias directas del tipo “si no me dan estos contratos, no voto”, respondió con cautela: “Yo recibí órdenes. No puedo decir nada más al respecto”.
La conversación también abordó la salida del entonces director de Crédito Público, José Roberto Acosta, de reuniones clave con congresistas.
Benavides confirmó que Acosta “era el director de Crédito Público”, pero se abstuvo de explicar las razones de su exclusión.
Aun así, aceptó que existieron “encontronazos fuertes con algunos congresistas”.
Uno de los momentos más duros llegó al recordar el impacto humano del escándalo relacionado con los recursos de la Unidad de Gestión del Riesgo y los carrotanques destinados a La Guajira.
Conmovida, expresó: “Cuando vi todo esto, yo dije: ‘Esto no es lo que yo quiero. Este no es el sitio en el que yo quiero estar’”.
Aseguró que siempre creyó trabajar para el Estado y no para un gobierno, y que su intención era ayudar.
“Yo decía: ‘Dios, ayúdame a ayudar’”.

Benavides explicó lo difícil que resulta negarse a órdenes dentro de una estructura de poder.
“¿Qué pasa si uno dice que no? Es muy difícil”, afirmó.
Reconoció que su error fue no ir más allá en ese momento, pero insistió en que su colaboración actual busca esclarecer responsabilidades mayores.
“Yo sé que algo pasó”, dijo, sin señalar culpables directos.
Hoy, además de enfrentar amenazas, enfrenta el estigma.
Está desempleada desde agosto de 2024.
“Apenas ven mi nombre en Google, se acabó mi futuro profesional”, confesó.
Aseguró que no quiere volver a la política ni a nada que se le parezca.
“Yo solo quiero pasar la página”, concluyó.
El testimonio de María Alejandra Benavides, cargado de matices, silencios obligados y frases contundentes, se ha convertido en una pieza central para entender cómo funcionaba el engranaje interno de decisiones, presiones y obediencia institucional que hoy es objeto de investigación judicial.
Sin estridencias ni acusaciones directas, su relato deja una imagen clara del peso que puede recaer sobre un funcionario común cuando las órdenes vienen desde lo más alto del poder.