El operativo “Caballo de Troya” en Pataz permitió la intervención de la bocamina Ventura, donde se halló un búnker con armas de guerra, explosivos y decenas de personas vinculadas a una red criminal

 

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En lo profundo de la sierra de La Libertad, donde la geografía se mezcla con túneles clandestinos y el brillo del oro convive con el sonido de las detonaciones, el Estado peruano ejecutó una de las operaciones más contundentes contra la minería ilegal en los últimos años.

Pataz, una provincia marcada por la riqueza aurífera y la violencia asociada a su explotación ilegal, volvió a ser escenario de un despliegue militar-policial de gran escala que terminó con decenas de detenidos, un arsenal de guerra incautado y la estructura criminal de una red liderada por Miguel Antonio Rodríguez Díaz, conocido como “Cuchillo”, severamente golpeada.

La intervención, denominada “Operación Caballo de Troya”, se ejecutó en la madrugada del 1 de mayo de 2026 en el sector La Porfía, anexo Pueblo Nuevo, específicamente en la bocamina Ventura, un socavón que según informes de inteligencia no solo servía para la extracción ilegal de mineral, sino como centro de operaciones armado de una organización criminal.

El despliegue fue ejecutado por el Comando Unificado Pataz, con participación de unidades del Grupo Especial contra el Crimen Organizado (GRECO), fuerzas especiales conjuntas y apoyo del Ejército peruano.

El objetivo era claro: ingresar sin ser detectados, cerrar rutas de escape y neutralizar a los ocupantes que controlaban el interior de la mina.

Un oficial involucrado en la operación describió el momento inicial con una frase que refleja la tensión del operativo: “Entramos sabiendo que no era una mina, sino un búnker armado”.

 

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La estrategia se inspiró en una maniobra de infiltración tipo “Caballo de Troya”, combinada con un cerco táctico denominado “tela de araña”, que permitió bloquear todos los accesos a la bocamina antes de iniciar el ingreso.

Durante el avance, el uso de cámaras térmicas permitió detectar múltiples presencias humanas en las profundidades del túnel, confirmando que el lugar estaba ocupado por un número significativo de individuos armados.

Lo que encontraron en el interior superó las previsiones de los equipos de inteligencia. La bocamina funcionaba como una base de operaciones subterránea equipada con armamento de guerra, municiones y explosivos.

Entre lo incautado se registraron fusiles de alto poder, incluyendo modelos Galil de origen israelí, un fusil de precisión con mira telescópica, subametralladoras Mini Uzi, además de chalecos antibalas, placas balísticas, cartuchos de dinamita, cordones detonantes y más de cuarenta cargadores de distintos calibres.

Un agente del operativo resumió la magnitud del hallazgo con una frase contundente: “Esto no es minería, es logística de guerra”.

La estructura criminal intervenida está vinculada a Miguel Antonio Rodríguez Díaz, alias “Cuchillo”, señalado por las autoridades como uno de los principales responsables de actividades de secuestro, extorsión y homicidios en la zona minera.

Su nombre cobró notoriedad tras ser relacionado con el asesinato de trabajadores de seguridad en 2025, lo que desencadenó una intensa persecución policial internacional que culminó con su captura en Colombia gracias a una alerta de Interpol.

Sin embargo, su detención no significó la desarticulación de su red. Según los informes de inteligencia, sus operadores continuaron controlando la zona desde el interior de las minas ilegales.

 

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Durante la operación, fue capturado John Vargas Rivera, alias “El Gato”, identificado como uno de los principales lugartenientes de la organización. Las autoridades lo señalan como pieza clave en la continuidad operativa del grupo.

Un oficial de la policía afirmó tras su detención: “Con su caída, se rompe parte de la cadena de mando”.

El operativo dejó un saldo inicial de 68 detenidos en la primera fase, de los cuales la mayoría no eran originarios de Pataz, sino provenientes de diferentes regiones del país, evidenciando la capacidad de estas redes para movilizar personal armado a zonas estratégicas de minería ilegal.

Días después, una segunda intervención en la misma bocamina derivó en nuevos enfrentamientos. De acuerdo con los reportes oficiales, uno de los individuos apuntó con un arma de fuego contra el jefe de patrulla, siendo reducido antes de disparar.

En el interior del socavón se registraron también detonaciones dirigidas contra las fuerzas del orden, que respondieron conforme a los protocolos establecidos.

En medio del caos, varios implicados intentaron huir hacia zonas más profundas del túnel, llegando incluso a sufrir lesiones durante su escape. Esta segunda fase permitió la captura de siete personas adicionales y la incautación de más armas, municiones y explosivos.

 

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El general César Briceño Valdivia, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, destacó la relevancia del operativo con una declaración firme: “El Estado está presente en Pataz y no permitirá que las estructuras criminales retomen espacios donde ya se ha actuado con contundencia”.

Las cifras acumuladas del Comando Unificado Pataz reflejan la magnitud del conflicto en la zona: más de 75 bocaminas intervenidas, decenas de socavones desmantelados, más de 78 armas incautadas y miles de municiones decomisadas, además de más de 33 mil kilos de explosivos retirados de circulación. Las autoridades estiman que el golpe económico a las organizaciones ilegales supera los 250 millones de soles.

A pesar de estos resultados, el desafío continúa. La minería ilegal en Pataz sigue siendo un fenómeno complejo, alimentado por redes criminales, altos precios internacionales del oro y la dificultad del control territorial en zonas de difícil acceso.

Un oficial del operativo lo resumió con una reflexión que evidencia la incertidumbre del escenario: “Hoy los sacamos, pero mañana pueden volver”.

La Operación Caballo de Troya se consolida así como uno de los golpes más importantes contra el crimen organizado en la minería ilegal peruana, pero también como un recordatorio de que la disputa por el control del oro en Pataz aún está lejos de terminar.

 

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