La Policía Nacional del Perú desarticuló en San Juan de Lurigancho a la banda “Los Lechuceros de Bayóvar”, que asaltaba a trabajadores en la madrugada usando un falso taxi colectivo

 

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En los primeros minutos de la madrugada limeña, cuando miles de trabajadores salen rumbo a sus empleos, una organización criminal convertía ese mismo horario en su ventana de caza.

En el distrito de San Juan de Lurigancho, el más poblado del Perú, la Policía Nacional logró desarticular a “Los Lechuceros de Bayóvar”, una banda dedicada al robo sistemático de celulares y pertenencias en plena vía pública, operando con una precisión casi empresarial y un nivel de violencia que mantenía en alerta permanente a los vecinos de la zona.

El grupo delictivo actuaba en el asentamiento humano Tercera Zona de Bayóvar, un sector identificado por las autoridades como uno de los puntos críticos de inseguridad de la capital.

Su nombre no era casual: como las aves nocturnas, salían a “cazar” en la oscuridad, entre las 4 y 5 de la mañana, cuando sus víctimas se dirigían a paraderos o iniciaban su jornada laboral.

Al frente de la organización estaba Abel León, alias “Mazamorra”, un joven de 23 años con antecedentes por robo, hurto y microcomercialización de sustancias ilícitas.

A pesar de haber pasado por el sistema penitenciario, lejos de abandonar el delito, reorganizó su estructura criminal con mayor sofisticación.

 

SJL: cae banda 'Los Lechuceros de Bayóvar' por robo de celulares a  comerciantes | foto | video | historia de policiales | ACTUALIDAD |  TROME.COM

 

Un agente del grupo Terna que participó en la investigación explicó el patrón de selección de víctimas: “Ubicaban a las personas que salen a trabajar en el horario de 4 a 5 de la mañana”.

En segundos, el ataque estaba ejecutado y los celulares o pertenencias eran arrebatados sin posibilidad de reacción.

La particularidad más alarmante del modus operandi era el uso de un vehículo camuflado como taxi colectivo. El auto se integraba al transporte informal para no levantar sospechas.

Las víctimas abordaban o caminaban confiadas cerca del paradero, hasta que el supuesto transporte se detenía abruptamente. En ese instante, el robo se consumaba con rapidez quirúrgica.

“Se disfrazaban de transporte público para que nadie sospechara”, relató uno de los investigadores. Esta estrategia les permitía operar a plena luz de la madrugada sin generar alertas inmediatas.

La estructura criminal no era improvisada. Cada integrante tenía un rol definido. Anthony Sandoval, de 27 años, era el conductor encargado de ejecutar las fugas tras cada asalto.

Marlon Núñez Cotrina, de 21, operaba una motocicleta de apoyo utilizada para interceptaciones o escapes alternativos. Y Jan Piier Carlos González, también de 21, cumplía la función de “campana”, vigilando la presencia policial y alertando al grupo.

 

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Cuando fue interrogado, su respuesta fue breve y reveladora: “Solo miraba”.

La caída de la banda fue posible gracias al trabajo de inteligencia del grupo Terna y la Dirección de Inteligencia de la Región Policial Lima, que durante semanas siguieron los movimientos de la organización hasta identificar su centro de operaciones.

El objetivo era claro: desarticular toda la red en un solo golpe.

El operativo se ejecutó en la tercera zona de Bayóvar con un ingreso sorpresivo de agentes encubiertos.

“Entramos directamente a la guarida”, indicó un oficial durante la intervención. El cabecilla fue reducido en el lugar sin posibilidad de resistencia, mientras sus cómplices intentaban escapar sin éxito.

Dentro del inmueble, las autoridades encontraron una escena que evidenciaba el nivel de peligrosidad de la banda.

Se incautó un arma de fuego, un cartucho de dinamita listo para su uso, 108 envoltorios de pasta básica de cocaína, además de 12 teléfonos celulares robados que posteriormente fueron reconocidos como parte del botín de las víctimas. También se halló el vehículo utilizado en los asaltos.

 

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El coronel Carlos Alcántara Obregón, jefe del Escuadrón Verde, advirtió que la presencia de explosivos abre una línea de investigación más amplia.

“No se descarta que esta organización haya estado vinculada a extorsión y cobro de cupos”, señaló, subrayando el nivel de escalamiento del grupo criminal.

Uno de los aspectos más impactantes del caso es el valor de reventa de los equipos robados.

Durante las diligencias, “Mazamorra” confesó que un celular de alta gama era vendido por apenas 300 soles, a pesar de que su valor en el mercado supera los 5.000 soles. Esta diferencia evidencia la existencia de redes de receptación que alimentan el negocio ilícito.

“Los equipos se revendían inmediatamente”, indicó un investigador, apuntando a una cadena criminal más amplia que incluye intermediarios y comercios informales.

El operativo culminó con la detención de los cuatro integrantes principales de la banda, quienes fueron trasladados a la Dipin de San Juan de Lurigancho y puestos a disposición del Ministerio Público.

Las investigaciones continúan para determinar si existen más implicados o ramificaciones en otros distritos de Lima.

 

Cae banda criminal “Los Lechuceros de Bayóvar”: cabecilla negó delitos ante  la PNP

 

San Juan de Lurigancho, con más de un millón de habitantes, sigue siendo uno de los territorios más complejos en materia de seguridad ciudadana.

Barrios como Bayóvar concentran constantes intervenciones policiales debido a la presencia de organizaciones dedicadas a delitos contra el patrimonio.

Un agente del grupo Terna resumió el impacto del operativo con una frase contundente: “No solo los capturamos, les quitamos su zona de control”.

El caso de “Los Lechuceros de Bayóvar” expone nuevamente la sofisticación de las bandas urbanas en Lima, capaces de camuflarse en el transporte público y operar con horarios estratégicos para maximizar su efectividad delictiva.

Sin embargo, también refleja la creciente capacidad de inteligencia policial para infiltrar, mapear y desarticular estructuras criminales que amenazan la vida cotidiana de miles de ciudadanos.

Mientras las investigaciones avanzan, los celulares recuperados serán claves para identificar nuevas víctimas y reconstruir el alcance real de la organización.

El desafío ahora, según las autoridades, no es solo capturar bandas, sino impedir que vuelvan a reorganizarse en las mismas calles donde operaban con total impunidad.