El Poder Ejecutivo impulsa un proyecto de ley denominado Súper RIGI que otorga una reducción del Impuesto a las Ganancias al quince por ciento y exenciones totales de aranceles de importación para corporaciones tecnológicas que inviertan más de mil millones de dólares

 

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El diseño de la política económica del Poder Ejecutivo ha ingresado en una fase de profunda radicalización regulatoria orientada a la atracción discrecional de capitales tecnológicos globales.

Tras la implementación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones orientado a los sectores primarios, la administración central ha estructurado un nuevo marco normativo denominado en el ámbito parlamentario como “Súper RIGI”.

Este proyecto de ley, diseñado específicamente para corporaciones enfocadas en el desarrollo de inteligencia artificial, semiconductores, biotecnología avanzada e infraestructura digital de gran escala, contempla un entramado de exenciones impositivas, aduaneras y cambiarias sin precedentes en la legislación económica regional.

La iniciativa oficial busca seducir a los principales fondos de inversión de Silicon Valley y a referentes globales del sector tecnológico, abriendo un severo debate sobre el costo fiscal definitivo y la cesión de soberanía jurídica que deberá afrontar el Estado durante las próximas décadas.

 

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El núcleo de la propuesta legislativa establece una reducción drástica en la alícuota del Impuesto a las Ganancias, la cual descendería del treinta y cinco por ciento general que abonan las empresas locales a un beneficio exclusivo del quince por ciento para aquellos proyectos tecnológicos que comprometan inversiones mínimas de mil millones de dólares.

Asimismo, la ingeniería fiscal diseñada por el Ministerio de Economía exime a estas firmas del pago del veintiuno por ciento correspondiente al Impuesto al Valor Agregado mediante mecanismos de descuento directo, al tiempo que declara la liberación absoluta del cien por ciento de los derechos de importación.

Bajo esta normativa, las corporaciones extranjeras podrán ingresar bienes de capital, insumos tecnológicos y componentes informáticos sin abonar tasas estadísticas ni percepciones impositivas de carácter nacional, provincial o municipal, neutralizando cualquier esquema de protección para la incipiente industria de software y hardware local.

El tratamiento otorgado a las operaciones de exportación profundiza las asimetrías respecto a los sectores productivos tradicionales de la economía argentina.

Mientras la producción agropecuaria y las manufacturas industriales continúan sujetas a esquemas de retenciones cambiarias, el “Súper RIGI” estipula un sendero de desgravación acelerada: las ventas externas de servicios tecnológicos contarán con una exención del veinte por ciento durante el primer año de vigencia, un cuarenta por ciento en el segundo período y la eliminación total del cien por ciento de los derechos de exportación a partir del tercer año.

Para blindar estos privilegios frente a eventuales alternancias políticas, el proyecto introduce una cláusula de estabilidad normativa por un plazo absoluto de treinta años.

Cualquier modificación tributaria o cambiaria posterior ejecutada por administraciones futuras será declarada nula de nulidad absoluta, otorgando a las empresas la facultad de litigar contra el Estado ante tribunales internacionales como el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones.

 

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Las concesiones en materia de seguridad social y autonomías federales representan otro eje de alta conflictividad en el texto ingresado al Congreso.

Las contribuciones patronales destinadas al financiamiento del sistema previsional público se reducirán a la mitad para los beneficiarios de este régimen, fijándose en un diez por ciento frente al veinte coma cuatro por ciento exigido a las grandes empresas nacionales.

En el plano territorial, las provincias y municipios que decidan adherir al régimen quedarán impedidos de crear nuevos gravámenes o tasas de seguridad e higiene, debiendo limitar el impuesto sobre los Ingresos Brutos a un tope máximo del cero coma cinco por ciento, eliminar el impuesto de Sellos y renunciar al cobro de regalías tecnológicas.

La normativa garantiza además la operación continuada del proyecto sin interrupciones estatales, lo que impediría la intervención de las autoridades civiles locales ante situaciones de emergencia energética o ambiental derivadas del elevado consumo eléctrico de los centros de datos masivos.

El debate legislativo se encuentra fuertemente influenciado por los recientes informes del Centro de Economía Política de la Argentina, los cuales analizan el impacto del régimen inicial sobre las arcas públicas.

Los relevamientos de este instituto señalan que los primeros doce proyectos aprobados bajo el marco previo representan compromisos de inversión por veintiséis mil seiscientos ochenta millones de dólares, pero implican un costo fiscal directo superior a los mil millones de dólares que el Estado nacional dejará de recaudar en concepto de facilidades impositivas otorgadas.

La implementación de esta nueva variante para empresas de tecnología de punta profundiza la preocupación de los analistas en torno a la ausencia de cláusulas que obliguen a la transferencia tecnológica efectiva o a la creación genuina de puestos de trabajo calificados en el mercado local.

El Parlamento se enfrenta a la decisión de convalidar un enclave normativo de excepción que redefine las competencias del Estado frente al capital transnacional o priorizar la defensa de la recaudación tributaria y los recursos estratégicos del país.

 

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