¿El fin de la luna de miel? La brutal llamada en la que Trump advirtió a Netanyahu con la cárcel y el abismo de una guerra regional

 

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El tablero geopolítico de Medio Oriente ha sufrido una sacudida tectónica de consecuencias imprevisibles.

Lo que durante años se consideró una alianza inquebrantable y casi sagrada entre el ala más conservadora de Estados Unidos y el gobierno de Israel parece haberse quebrado de forma estrepitosa.

En el centro del sismo se encuentra una filtración periodística que ha dejado boquiabiertos a las cancillerías de todo el mundo: una conversación telefónica de altísima tensión en la que Donald Trump arremetió con una furia sin precedentes contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, amenazándolo abiertamente con dejarlo desamparado ante la justicia internacional si continuaba dinamitando los esfuerzos diplomáticos en la región.

La llamada, cuyos detalles corrieron como pólvora en los principales círculos políticos de Washington, expone un nivel de hostilidad verbal pocas veces visto entre líderes de este calibre.

Trump, fiel a su estilo volcánico pero visiblemente presionado por la agenda electoral y la inestabilidad de los mercados energéticos de cara al verano, no se anduvo con rodeos.

El mandatario estadounidense acusó a Netanyahu de actuar de manera irracional y temeraria, utilizando expresiones severas que denotaban una profunda frustración por la soberbia con la que el mandatario israelí ha ignorado las directrices de la Casa Blanca.

La advertencia fue tajante: sin el veto protector y el financiamiento de Washington, el futuro del primer ministro de Israel no sería el poder, sino una celda penitenciaria.

 

Trump explotó contra Netanyahu en una llamada en la que “frenó” la ofensiva  israelí en el Líbano - LA NACION

 

Esta ruptura no responde únicamente a un choque de egos, sino a una divergencia fundamental de objetivos estratégicos.

Para Estados Unidos, la prioridad absoluta en este momento es estabilizar los flujos comerciales y energéticos globales.

La persistente tensión en el estrecho de Ormuz y el amago de un conflicto a gran escala amenazan con disparar los precios del petróleo, la gasolina y el combustible de aviación justo cuando el hemisferio norte entra en su temporada de mayor consumo.

Un repunte inflacionario de esa magnitud tendría un costo político impagable en los comicios presidenciales de noviembre.

Washington busca con urgencia sellar un acuerdo con Irán que reabra las vías marítimas y destrabe las sanciones a cambio de compromisos de enriquecimiento de uranio.

Sin embargo, los planes de la administración israelí apuntan en una dirección radicalmente opuesta.

Para el ejecutivo de Netanyahu, la tregua y la diplomacia representan un obstáculo para sus ambiciones históricas.

El reciente bombardeo contra instalaciones civiles, específicamente el ataque que provocó el colapso de infraestructura en el hospital Jabal Amel en la ciudad de Tiro, al sur del Líbano, ha sido interpretado por los analistas como una provocación deliberada para romper el frágil cese al fuego.

La respuesta de Teherán y sus aliados no se hizo esperar, desatando contraataques inmediatos que incluyeron el lanzamiento de misiles balísticos contra bases operadas por fuerzas occidentales en Kuwait y ofensivas con misiles de crucero contra buques cargueros en el Golfo.

 

Trump y Netanyahu discrepan sobre el futuro de la guerra con Irán en una  tensa llamada telefónica - La Tercera

 

La doctrina de seguridad que hoy domina en Tel Aviv mira mucho más allá de las fronteras actuales de Gaza y el Líbano.

Voces de la inteligencia militar y antiguos activos del Mossad han comenzado a ventilar públicamente lo que antes era un secreto a voces: el proyecto expansionista del Gran Israel.

Bajo esta visión maximalista, la confrontación con Irán funciona como una cortina de humo ideal para desgastar a las potencias vecinas y preparar el terreno para una expansión territorial sin precedentes.

Una vez neutralizada la amenaza de Hezbolá y consolidadas las operaciones en el frente norte, los estrategas israelíes contemplan escenarios bélicos directos contra naciones de la talla de Turquía y Egipto, aspirando a rediseñar el mapa geopolítico desde el Nilo hasta el Éufrates.

Esta agenda imperialista ha terminado por colmar la paciencia de un Washington que no está dispuesto a ser arrastrado a una guerra total de desgaste mundial para satisfacer ambiciones ajenas.

El hecho de que la Casa Blanca no haya salido a desmentir la veracidad del altercado telefónico, sumado al silencio incómodo de la oficina del primer ministro israelí, confirma que el divorcio político está consumado.

Israel ya no se comporta como el aliado subordinado que acata las órdenes de la superpotencia global; por el contrario, busca consolidarse como una fuerza nuclear regional plenamente autónoma, armada con sistemas de inteligencia artificial y vigilancia de vanguardia capaces de desafiar la hegemonía estadounidense en la zona.

Las cartas están sobre la mesa y el abismo de una conflagración regional que involucre a las principales potencias del Mediterráneo y el Golfo Pérsico parece ahora más real y cercano que nunca.

 

Trump explotó contra Netanyahu en una llamada telefónica para frenar la  ofensiva israelí en el Líbano | Diario Crónica