Con tan solo 25 años, Yalitza Aparicio pasó de ser una humilde maestra de preescolar en Oaxaca a caminar por la alfombra roja de los Premios de la Academia.

Sin experiencia actoral previa, sorprendió al mundo en Roma de Alfonso Cuarón, obteniendo una nominación al Óscar y rompiendo barreras para las mujeres indígenas en el cine.

Pero su ascenso a la fama tuvo un alto precio.

Recibió duras críticas, fue objeto de acusaciones de que no era una “actriz de verdad”, y se desataron debates interminables sobre su belleza, sus orígenes y su lugar en Hollywood.

Fue elogiada como una voz del orgullo indígena, pero también ridiculizada por compañeros actores que minimizaron su éxito como simple “suerte”.

Ahora, a los 31 años, Yalitza finalmente admite lo que muchos de nosotros sospechábamos desde el principio.

La verdad sobre su camino no tiene que ver solo con la fama o el glamour, sino con la supervivencia, la resiliencia y la redefinición de lo que significa triunfar cuando el mundo te dice que no perteneces.

Quédate con nosotros porque esta es Yalitza Aparicio como nunca la habías escuchado.

La Maestra de Tlaxiaco: Raíces, Sueños y Tragedia

Yalitza Aparicio nació el 11 de diciembre de 1993 en Tlaxiaco, Oaxaca, México.

Sus raíces estaban profundamente ligadas a su herencia: Mixteca por parte de su padre y Triqui por parte de su madre, algo que cargó desde el inicio como orgullo de su identidad indígena.

Antes de que la fama la encontrara, Yalitza vivía una vida simple y humilde.

Creció en un hogar modesto, enfrentando a menudo dificultades económicas, pero nunca faltó el calor del amor ni la comida en la mesa.

De joven, se preparó para ser maestra de preescolar.

Enseñar fue su primera pasión, animando a los niños a ver un mundo más grande que el suyo.

Los vecinos recuerdan la difícil situación económica de su familia, pero Yalitza se mantuvo firme, trabajando duro hasta conseguir su título.

Más tarde enseñó en un kínder donde ganaba alrededor de 9,000 pesos al mes, y se seguía identificando primero como maestra.

La discriminación también formó parte de su camino; por ser indígena, enfrentó prejuicios, aunque nunca permitió que la definieran.

“Conocer los otros lados de México me hace feliz y orgullosa de lo que soy”, dijo una vez.

Pero su vida también estuvo marcada por la tragedia.

El 2 de febrero de 2016, su hermano Alex Uriel murió en un accidente automovilístico con apenas 18 años, dejando una herida que nunca terminó de sanar.

Roma: El Accidente que Cambió el Destino

Convertirse en actriz nunca estuvo en sus planes.

Al principio, sus padres se opusieron a que hiciera un casting, temiendo que pudiera ser peligroso.

En realidad, era su hermana, Edith, quien quería presentarse a la audición local, pero debido a un embarazo de alto riesgo no pudo hacerlo.

Así que fue Yalitza quien se animó casi por accidente.

Al principio no sabía nada sobre el proyecto ni quién era el director.

“¿Quién es Alfonso Cuarón?”, le preguntó a su madre, quien solo respondió con una sonrisa.

Cuarón, sin embargo, lo supo de inmediato.

En Yalitza vio a la mujer que había imaginado para Cleo, la protagonista de Roma.

Después de ser elegida, los retos apenas comenzaban.

Uno de los primeros fue aprender a hablar mixteco, una lengua tonal.

“Estoy eternamente agradecida con Nancy“, admitió Yalitza, refiriéndose a su amiga y compañera en la película.

“Ella me enseñó a pronunciar esas palabras.

Honestamente, todavía no he aprendido mixteco”.

Su trabajo fue reconocido por el Senado de la República, que la aplaudió por dar visibilidad a la cultura indígena.

A pesar de su rápido ascenso, Yalitza no se libró de la discriminación.

Actores y espectadores la criticaron por sus orígenes y apariencia física, desestimándola como alguien sin la “imagen para Hollywood”.

“Llegar a donde estoy ha implicado muchos esfuerzos, no solo míos, sino también de mi familia y de las personas que siempre me apoyaron”, reflexionó.

Su filosofía era simple pero poderosa: “Mientras más grande sea el obstáculo, más grande será el premio.

Mi misión es continuar, seguir adelante y seguir luchando.

Siento que será una oportunidad para tanta gente”.

Su nominación al Óscar por Roma en 2019 hizo historia, al convertirla en la primera mujer indígena nominada como Mejor Actriz.

La Furia de la Crítica y el Intento de Boicot

La controversia en torno a su nominación, lejos de silenciarla, la impulsó al centro de la atención.

Muchos en su propio país la criticaron con dureza, alegando que no era una “verdadera actriz” y que no tenía futuro.

Otros se burlaron de su físico diciendo que solo tenía la “suerte de las feas”.

La actriz Laura Zapata incluso llegó a decir que su nominación era pura suerte.

Roma silenció a muchos incrédulos al obtener 10 nominaciones al Óscar.

Sin embargo, las críticas no se limitaron a las redes sociales.

El actor Sergio Goyri menospreció su trabajo y usó un insulto racista para referirse a ella durante una reunión que, sin saberlo, estaba siendo transmitida en vivo por su pareja.

Ante la indignación, Goyri se vio obligado a disculparse públicamente.

Más tarde, se reveló que un grupo de intérpretes supuestamente intentó bloquear su nominación como Mejor Actriz en los Premios Ariel, el máximo reconocimiento al cine en México.

El intento de boicot se hizo público cuando Rossana Barro, coordinadora del Festival Internacional de Cine de Morelia, lo denunció en Twitter, calificándolo de patético y vil.

En lugar de silenciar a Yalitza, la controversia solo resaltó lo que ella representaba: un avance para la diversidad y para quienes habían escuchado toda su vida que el éxito no era para ellos.

La Dignidad No Se Paga con un Desayuno Gratis

A pesar de los rumores de boicot, Yalitza continuó brillando.

Algunas voces, como la de la cantante Yuri, aunque expresaron admiración, avivaron el debate de que su ascenso no era más que pura suerte.

Otros, como la actriz Patricia Reyes Espíndola, dudaban que pudiera construir una carrera duradera, viéndola solo como “un momento, un destello”.

Y aún así, Yalitza siguió demostrando que estaban equivocados.

Se convirtió en un fenómeno no solo por su nominación, sino por lo que representaba.

“Mi piel es muy mexicana, oaxaqueña y muy humana.

El color de mi tierra”, dijo una vez con orgullo.

Admitió abiertamente que alguna vez creyó que el cine no era para ella porque “ninguna mujer que veía en pantalla se parecía a mí”.

Una de las experiencias más dolorosas que Yalitza ha compartido no vino de la industria, sino de la discriminación sufrida por su familia en su vida cotidiana.

Recordó cómo a sus padres y a su hermana les negaron la entrada a un pasillo de humo en un mercado de Oaxaca después de comprar aguas frescas en otro puesto, a pesar de haber preguntado si estaba permitido.

“Para Yalitza, fue un claro acto de discriminación”.

Más tarde le dijeron sin rodeos que si el personal hubiera sabido que era la famosa actriz de Roma, el trato habría sido diferente.

El mercado emitió una disculpa pública y ofreció un desayuno gratuito.

Yalitza lo rechazó, señalando que “la dignidad no se paga con una comida gratis”.

La Lucha por la Representación y el Orgullo en Designer

Más allá de la pantalla, Yalitza Aparicio se ha convertido en una voz contra la discriminación, un símbolo del orgullo indígena y una representante global de la identidad mexicana.

En 2021 fue nombrada embajadora de una prestigiosa marca de joyería en México.

Protagonizó el cortometraje Hijas de brujas y más tarde apareció en una película mexicana de terror y suspenso dirigida por Luis Mandoki.

La televisión también le abrió nuevas puertas con Mujeres asesinas.

Sus logros no dejan de llegar: se anunció una nueva serie de televisión inspirada en un documental sobre su vida titulada La familia, un drama médico de 10 episodios donde compartirá créditos con un elenco estelar.

También ha aparecido en las portadas de importantes revistas que celebran su resiliencia y su belleza única.

Ha demostrado que no tiene intención de detenerse, uniéndose a un movimiento colectivo de artistas contra el racismo con el lema “donde hay cultura, hay sabor”.

“La lucha va más allá de ella misma”, ya que se trata de visibilizar la racialización.

En 2023, recibió otra nominación, y se anunció que debutaría como productora ejecutiva en un proyecto de Hollywood.

Más recientemente, Yalitza Aparicio habló con franqueza sobre cómo lidia con el odio, en particular después de ser criticada por usar ropa de diseñador.

El 30 de agosto compartió un mensaje en Instagram que se convirtió en una declaración de principios: “Siempre me recuerdo que yo también puedo usar ropa de diseñador, así como otros pueden usar textiles de las hermosas comunidades indígenas, que también me encanta llevar en mi vida diaria, no solo para las fotos”.

Su declaración reafirma su orgullo y confianza, y su derecho a vestir marcas de lujo.

En una entrevista, explicó: “Creo que es importante empezar por uno mismo, reconocer tu propio valor y no dejar que los comentarios externos te hagan dudar de lo que eres o de quién eres.

No necesitas negar tus orígenes o tu apariencia para pertenecer a algún lugar“.

Agregó que su lucha es lenta, pero constante, y que el hecho de que los medios le hayan dado la oportunidad de hablar abiertamente “ya es un gran paso”.

En su participación en el podcast Crear Transforma, reflexionó sobre sus percepciones de infancia respecto a la belleza y la raza.

“Yo no sabía que mi color de piel era malo, al contrario”, recordó.

“Para mí, entre más oscuro el tono de piel, mejor.

Y cuando la gente me decía, ‘Es que eres muy morena’, yo pensaba, ‘¿En serio, gracias, porque siempre he querido ser muy morena'”.

A través de todo, Yalitza Aparicio sigue destacando el orgullo por sus orígenes.

Ahora con 31 años, mira hacia atrás en su recorrido por una de las industrias más duras del mundo y admite lo que todos sospechábamos: su éxito no fue solo suerte o un casting afortunado.

Fue una cuestión de resiliencia y la decisión de no permitir que el racismo definiera su destino.

Sus raíces, su identidad y su perspectiva como mujer no la han detenido, la han hecho más fuerte.

“¡Viva Oaxaca!”, declara con orgullo.

A menudo le atribuye a su madre, una trabajadora doméstica, la clave de su éxito: “La gente siempre da lo que mi madre me dio”.

Para Yalitza, eso significa trabajo duro, humildad y amor.

Su ascenso de maestra de pueblo a figura internacional del cine no es solo suyo, también es un homenaje a su familia, a su cultura y a las muchas mujeres que vinieron antes que ella.

Desde un aula humilde en Oaxaca hasta los escenarios más grandes del mundo, su camino no trata solo de fama, se trata de romper barreras e inspirar a quienes alguna vez se sintieron invisibles.

¿Tú qué piensas?

¿Ha logrado ya Litsa silenciar a sus críticos o la lucha por una verdadera representación en Hollywood apenas comienza?

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