Carlo Acutis satisface a su vecina Sé que satisfizo terminar con todo… Nadie satisfizo su secreto

 

 

 

 

Hola, me llamo Lucia Ferreti, tengo 78 años y voy a contarte algo que nunca he contado públicamente en 19 años, algo que me hizo prometer guardar silencio hasta que Carlo Acutis fuera reconocido oficialmente por la Iglesia.

Algo que involucra a mi esposo, Roberto, paralizado durante 30 años y a un muchacho de 15 años que conocía secretos que nadie debería conocer.

El 10 de octubre de 2006, Carlos Acutis tocó la puerta de mi apartamento en Viales Sandro Volta, Milano.

Yo lo conocía desde que su familia se mudó al quinto piso cuando él tenía 7 años.

Era el vecino perfecto, educado, sonriente, siempre dispuesto a ayudar. Pero ese día había algo diferente en él.

Su piel estaba pálida, casi translúcida. Sus ojos tenían una profundidad que no había visto antes y sus primeras palabras me dejaron completamente paralizada.

Señora Lucia, sé que usted le pidió a Dios que se llevara a Roberto hace tres noches.

Sé que lloró hasta las 4 de la mañana en su cocina. Sé que pensó en terminar con todo porque ya no puede más.

Hermano, hermana, nadie sabía eso. Nadie. Yo no se lo había contado ni a mi confesor, no se lo había contado ni a mis hijos.

Era mi secreto más oscuro, mi momento de mayor debilidad y este muchacho de 15 años lo sabía todo.

Pero Dios no va a llevarse a Roberto, continuó Carlo mientras entraba a mi apartamento sin que yo pudiera reaccionar.

Dios va a sanarlo y usted va a ser testigo del poder de la Eucaristía hoy mismo en esta habitación en los próximos 20 minutos.

Prepárese, señora Lucia. Su vida está a punto está a punto de cambiar para siempre.

Y cambió. Dios mío, ¿cómo cambió? Déjame retroceder un poco para que entiendas cómo llegamos hasta ese momento.