Serigne Mbaye denunciará la "violencia policial" que asegura que sufrió en  su detención del pasado jueves

 

 

La reciente detención de Serigne Mbaye ha reavivado un intenso debate político en España, enfrentando dos versiones completamente opuestas sobre lo ocurrido en las calles de Madrid y elevando la tensión entre distintas fuerzas políticas.

El exdiputado de Podemos ha denunciado públicamente haber sido víctima de una actuación policial racista y violenta, asegurando que su arresto forma parte de una persecución sistemática. “He sido objeto de una redada racista”, afirmó durante una concentración organizada por colectivos afines, donde también hizo un llamado a frenar lo que considera un patrón de discriminación hacia personas racializadas.

Sus palabras encontraron eco entre sus seguidores, que acudieron a respaldarlo en un acto cargado de consignas contra el racismo institucional. Mbaye insistió en que su detención no fue un hecho aislado, sino el reflejo de una problemática más profunda dentro de las fuerzas de seguridad.

Sin embargo, la versión ofrecida por la policía contradice de manera frontal este relato. Según fuentes oficiales, la intervención se produjo tras detectar a varios individuos que presuntamente intentaban robar un vehículo. En ese contexto, Mbaye habría intervenido para impedir la actuación de los agentes, lo que derivó en su detención junto a otras seis personas.

 

 

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“En ningún caso la actuación estuvo motivada por razones raciales”, sostienen desde el entorno policial, subrayando que el procedimiento respondió exclusivamente a un presunto delito flagrante. Horas después, el exdiputado fue puesto en libertad, lo que, según estas fuentes, confirma la normalidad del proceso.

Este choque de versiones ha encendido el debate político, que no tardó en trasladarse a las redes sociales y a los medios de comunicación. Uno de los pronunciamientos más contundentes fue el del eurodiputado Hermann Tertsch, quien reaccionó con extrema dureza contra Mbaye.

“Este individuo tiene que acabar donde nació”, escribió Tertsch, en un mensaje que generó una fuerte controversia por su tono y contenido. El eurodiputado fue más allá al plantear que “debería ser razón de Estado” actuar para que, en sus palabras, “este invasor deje de insultar, agredir y robar a los españoles”.

Las declaraciones no se quedaron ahí. Desde el mismo espectro político, el dirigente Ignacio Garriga también intervino en la polémica, reforzando una línea discursiva similar. “A este tipo de delincuentes deberíamos retirarle la nacionalidad y enviarlo a su país de origen”, afirmó, intensificando aún más la tensión en el debate público.

 

 

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Estas reacciones han sido interpretadas por sectores críticos como un intento de vincular el caso con una agenda más amplia sobre inmigración y seguridad, trasladando el foco desde los hechos concretos hacia un discurso político de mayor alcance.

Por su parte, Mbaye ha mantenido su postura, insistiendo en que acudirá a los tribunales para denunciar lo que considera una vulneración de sus derechos fundamentales. Su entorno defiende que el caso evidencia un problema estructural que debe ser abordado desde las instituciones.

Mientras tanto, desde posiciones contrarias se cuestiona duramente su relato, señalando que la versión policial “desmonta” la idea de una actuación arbitraria y acusando al exdiputado de utilizar el argumento del racismo como escudo político.

El episodio ha vuelto a situar a Podemos en el centro del debate, en un momento en el que el partido enfrenta múltiples desafíos en el panorama político nacional. Para sus críticos, este tipo de casos refleja una estrategia de confrontación discursiva; para sus defensores, pone de relieve problemáticas sociales que, aseguran, siguen sin resolverse.

En cualquier caso, lo sucedido en Madrid ha trascendido el ámbito de un incidente puntual para convertirse en un nuevo foco de polarización política. Entre acusaciones de racismo, versiones policiales y declaraciones incendiarias, el caso de Serigne Mbaye continúa creciendo y amenaza con prolongarse en el tiempo tanto en el terreno judicial como en el mediático.