LA SANGRIENTA VENGANZA TRAS LA MUERTE DE PANCHO VILLA: CÓMO TERMINARON LOS HOMBRES QUE LO ACRIBILLARON EN PARRAL

 

🔥🇲🇽🕯️ Una emboscada brutal, pactos secretos y décadas de silencio político siguen persiguiendo el asesinato de Pancho Villa 🐎💀.

Más de cien años después, las historias de quienes participaron en la ejecución del Centauro del Norte continúan estremeciendo a México ⚔️🌑.

Algunos murieron asesinados, otros desaparecieron en el olvido y varios vivieron protegidos por el poder 🤐🔥.

“Ni a usted ni a los suyos les va a pasar nada”, habría prometido Álvaro Obregón antes del atentado 😨👁️.

Entre conspiraciones, venganzas personales y ambiciones presidenciales, la muerte de Villa sigue siendo una de las heridas más oscuras de la Revolución Mexicana 🇲🇽⚡

 

 

El día en que Pancho Villa se convirtió en villano y asesinó a 85 hombres -  Infobae

 

La mañana del 20 de julio de 1923 quedó grabada para siempre en la historia de México.

En una calle de Hidalgo del Parral, Chihuahua, el automóvil Dodge Brothers Touring de Pancho Villa fue convertido en un amasijo de hierro por una lluvia de balas.

Más de 150 disparos fueron realizados en apenas unos minutos.

El legendario “Centauro del Norte”, uno de los hombres más temidos y admirados de la Revolución Mexicana, murió al volante sin siquiera alcanzar a sacar su revólver Smith & Wesson calibre .

44-40.

La emboscada no fue improvisada.

Durante semanas, un grupo de conspiradores vigiló cada movimiento del antiguo caudillo revolucionario.

“Nos dedicamos durante más de un mes a espiar y acechar todos los movimientos de Villa”, confesó años después José Guerra Enríquez, uno de los tiradores.

El nombre que apareció inmediatamente como principal organizador fue el del diputado duranguense Jesús Salas Barraza.

Procesado tras el crimen, envió una carta al presidente Álvaro Obregón asumiendo toda la responsabilidad.

“Yo fui el autor intelectual y organizador material”, afirmó.

Sin embargo, muchos historiadores consideran que aquella confesión fue una maniobra política destinada a proteger a personajes mucho más poderosos.

 

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A pesar de haber sido condenado a 70 años de prisión, Salas Barraza recibió el indulto durante el gobierno de Obregón y años después incluso ocupó un escaño en el Congreso mexicano.

Murió tranquilamente en Torreón en 1951, lejos de cualquier castigo real.

Otro personaje clave fue Melitón Lozoya, encargado de reclutar a los tiradores.

Viejo enemigo de Villa y relacionado con influyentes grupos políticos de Chihuahua, Lozoya organizó a varios campesinos y excombatientes que guardaban viejas cuentas de sangre contra el revolucionario.

Décadas después, su apellido volvería a resonar en la política mexicana cuando historiadores recordaron el parentesco familiar entre Melitón Lozoya y el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin.

Entre los hombres que dispararon aquella mañana se encontraba Román Guerra Enríquez, agricultor duranguense que murió durante la propia emboscada tras recibir disparos de los escoltas de Villa.

Fue el único atacante que cayó en el lugar de los hechos.

Su cuerpo permaneció inicialmente sin identificar en los registros de Parral.

José Barraza Corrugedo, otro de los tiradores y el único militar activo dentro del grupo, tuvo un destino igualmente violento.

Tras años dentro del Ejército Mexicano, fue expulsado por “conducta indigna”.

En 1949 murió asesinado de un disparo en el pecho cuando Pedro Zúñiga, conocido como “Perro Rabioso”, decidió vengar la muerte de su hermano Aurelio.

 

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José Ruperto Vara Gamboa también cargaba un profundo odio personal contra Villa.

Según diversas versiones históricas, culpaba al revolucionario de la muerte de su padre durante los años más violentos de la Revolución.

“La consigna era matarlo o morir en el intento”, recordaría uno de los implicados.

Vara Gamboa murió en 1934 en circunstancias nunca completamente aclaradas, durante un episodio violento en Durango.

Otros participantes tuvieron destinos menos dramáticos.

Librado Martínez sobrevivió hasta 1971 trabajando como velador en Parral.

José Sáinz Pardo Chavira alcanzó los 91 años y murió pacíficamente en Chihuahua en 1991, convirtiéndose en uno de los últimos sobrevivientes directos del comando que ejecutó a Villa.

 

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Las sospechas nunca se limitaron a los tiradores.

Con el paso de los años crecieron las versiones que señalaban a las máximas figuras del poder mexicano como responsables intelectuales del asesinato.

Historiadores como Friedrich Katz, Paco Ignacio Taibo II y Héctor Aguilar Camín sostuvieron que Álvaro Obregón veía a Villa como una amenaza política incluso después de su retiro en Canutillo.

La frase atribuida a Obregón alimentó aún más las sospechas.

Según la versión relatada por descendientes de los conspiradores, Jesús Herrera Cano visitó al presidente meses antes del atentado para advertirle: “Vengo a informarle que voy a matar a Francisco Villa”.

La supuesta respuesta del mandatario quedó marcada en la memoria política mexicana: “En lo que esté a mi alcance, ni a usted ni a los suyos les va a pasar nada”.

 

La venganza que desató el asesinato de Pancho Villa - Infobae

 

 

También Plutarco Elías Calles apareció constantemente señalado como posible cerebro del complot.

En 1923 ocupaba la Secretaría de Gobernación y sabía que Villa seguía siendo el único líder revolucionario capaz de movilizar miles de hombres armados.

Para muchos, eliminar al Centauro del Norte significaba despejar definitivamente el camino hacia el control absoluto del poder.

La ironía del destino terminó alcanzando incluso a Obregón.

Después de lograr reformar la Constitución para regresar a la presidencia, fue asesinado el 17 de julio de 1928 en el restaurante La Bombilla de Ciudad de México, apenas días después de haber ganado nuevamente las elecciones.

Más de un siglo después, el asesinato de Pancho Villa continúa envuelto en sombras, traiciones y versiones contradictorias.

Algunos de sus verdugos murieron violentamente; otros envejecieron en silencio.

Pero la historia jamás consiguió borrar la sensación de que detrás de aquella emboscada no solo hubo venganza personal, sino una fría decisión política destinada a cambiar para siempre el rumbo de México.