AZOV REGRESA A MARIÚPOL Y LOS DRONES UCRANIANOS LLEVAN LA GUERRA A LA RETAGUARDIA RUSA

La guerra en Ucrania está entrando en una nueva fase. Por primera vez desde el inicio de la invasión a gran escala, la legendaria unidad Azov anunció públicamente su regreso a Mariúpol. Aunque todavía no se trata de una operación terrestre, el mensaje es claro: los drones ucranianos ya vuelan sobre territorios que Rusia consideraba completamente seguros.

Las imágenes difundidas recientemente muestran drones de reconocimiento y ataque operando sobre Mariúpol y otras zonas ocupadas del Donbás. Para Ucrania, el impacto no es solo militar. También representa una declaración política: Kiev sigue considerando a Mariúpol una ciudad ucraniana temporalmente ocupada y deja claro que la posibilidad de recuperarla militarmente sigue sobre la mesa.

Analistas militares señalan que esta nueva estrategia busca romper una de las principales ventajas rusas: la sensación de seguridad en la retaguardia profunda. Durante gran parte de la guerra, ciudades ocupadas como Mariúpol o Donetsk funcionaron como centros logísticos relativamente protegidos donde Rusia movía tropas, combustible, municiones y vehículos blindados sin demasiada presión.

Eso está cambiando rápidamente.

 

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Según declaraciones de la unidad Azov, los drones ucranianos ya patrullan rutas logísticas situadas hasta 160 kilómetros detrás de la línea del frente. Los objetivos principales son depósitos militares, subestaciones energéticas, almacenes y columnas de transporte utilizadas por el ejército ruso.

Esta táctica tiene un objetivo muy concreto: impedir que Moscú redistribuya reservas operativas hacia los sectores más activos del frente.

Los expertos explican que cuando la logística comienza a colapsar, las tropas avanzadas pierden capacidad de ataque. Sin combustible, municiones o rotaciones constantes de personal, incluso los grandes ejércitos empiezan a desgastarse rápidamente.

Mariúpol ocupa un lugar clave dentro de esa estrategia.

La ciudad portuaria se convirtió en uno de los principales centros de conexión entre el sur ocupado de Ucrania y otras zonas bajo control ruso. Desde allí se movilizan equipos blindados, suministros y personal militar hacia distintos sectores del frente.

Por esa razón, cualquier ataque contra Mariúpol genera enorme preocupación en Moscú.

Los analistas ucranianos afirman que la lógica de la guerra está cambiando. Antes, Rusia utilizaba con relativa tranquilidad las ciudades ocupadas como plataformas militares seguras. Ahora, los drones de largo alcance permiten atacar objetivos situados a cientos de kilómetros dentro de territorios controlados por Moscú.

La estrategia sigue un esquema progresivo.

 

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Primero se golpea la logística enemiga. Después se atacan centros de mando, depósitos y lugares de despliegue temporal. Finalmente se preparan las condiciones para futuras operaciones ofensivas.

Especialistas militares comparan este enfoque con una táctica de “saltos de rana”, donde cada etapa busca debilitar progresivamente la estructura defensiva rusa antes de una eventual contraofensiva terrestre.

El problema para el Kremlin es que la línea entre frente y retaguardia empieza a desaparecer.

Mientras Ucrania incrementa sus ataques de precisión, diversos informes occidentales sostienen que la ofensiva rusa atraviesa uno de sus momentos más difíciles desde 2023.

El medio The Economist afirmó recientemente que la iniciativa estratégica comienza a inclinarse nuevamente hacia Ucrania. Al mismo tiempo, análisis publicados por The New York Times indican que el ritmo de avance ruso cayó esta primavera a sus niveles más bajos en años.

En varios sectores del frente, las fuerzas rusas continúan lanzando ataques costosos con resultados limitados.

 

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Uno de los episodios más comentados ocurrió cerca de Rodynske, donde una gran agrupación de asalto rusa fue destruida tras un bombardeo aéreo ucraniano. Según reportes militares, decenas de soldados quedaron sepultados bajo edificios destruidos por bombas de gran potencia.

En otra zona cercana a Sloviansk, tropas rusas intentaron avanzar utilizando motocicletas para cruzar rápidamente áreas expuestas al fuego enemigo. Sin embargo, drones de la Primera Brigada Aeromóvil ucraniana detectaron la columna y destruyeron prácticamente todos los vehículos antes de que alcanzaran sus objetivos.

La creciente efectividad de los drones FPV y de reconocimiento está modificando completamente el combate terrestre.

Otro elemento clave en esta transformación son las Fuerzas de Sistemas No Tripulados creadas por Ucrania. Bajo el mando de Robert Brovdi, conocido también como “Madyar”, estas unidades se especializaron en ataques de largo alcance y operaciones de desgaste contra infraestructura militar rusa.

Según analistas ucranianos, uno de los objetivos prioritarios es destruir sistemas de defensa aérea rusos cerca del frente. Cuando las defensas antiaéreas son debilitadas, Ucrania puede atacar con mayor libertad centros logísticos, cuarteles generales y depósitos militares.

Además, los drones ucranianos ya alcanzan regularmente regiones rusas alejadas del frente, algo que aumenta la presión psicológica sobre la población y sobre el propio Kremlin.

El desgaste ruso empieza a reflejarse incluso en símbolos propagandísticos tradicionales.

Durante el desfile militar del 9 de mayo en Moscú, numerosos observadores notaron la ausencia de gran parte del equipamiento militar pesado que históricamente dominaba la Plaza Roja. Muchos analistas interpretaron esto como una señal de que el material disponible resulta demasiado necesario en el frente.

Al mismo tiempo, expertos occidentales afirman que Rusia enfrenta dificultades crecientes para sostener avances rápidos en el Donbás.

Algunos cálculos sostienen que, manteniendo el ritmo actual, Moscú necesitaría décadas para ocupar completamente toda la región de Donetsk.

Mientras tanto, Ucrania apuesta cada vez más por drones baratos, ataques logísticos y operaciones de precisión para desgastar lentamente la maquinaria militar rusa.

Y con el regreso simbólico de Azov a Mariúpol, Kiev busca enviar un mensaje contundente: ninguna zona ocupada puede considerarse completamente segura.