El 9 de mayo de 2026, la Plaza Roja de Moscú volvió a convertirse en el escenario principal del poder simbólico y militar de Rusia durante la celebración del 81 aniversario de la victoria soviética en la Gran Guerra Patria.

La ceremonia comenzó con una solemne transmisión desde la capital rusa. “Atención, habla y muestra Moscú. Escuchen y observen la Plaza Roja. Desfile de la Victoria”, anunció la narración oficial mientras las cámaras enfocaban el corazón político del país. Minutos después, ingresaron a la plaza la bandera estatal de la Federación Rusa y el histórico Estandarte de la Victoria, el mismo que fue izado por soldados soviéticos sobre el Reichstag en Berlín en 1945, simbolizando la derrota definitiva de la Alemania nazi.

La bandera roja, convertida desde entonces en uno de los símbolos más poderosos de la memoria soviética y rusa, fue presentada como emblema de valentía, sacrificio y resistencia. La televisión estatal recordó que aquel estandarte continúa representando el heroísmo del pueblo ruso y la capacidad de soportar las pruebas más duras de la historia.

El desfile estuvo encabezado por altos mandos militares rusos, entre ellos el coronel general Andréi Mordvichev, quien comandó la ceremonia militar en la Plaza Roja. Frente a miles de soldados y oficiales formados en el centro de Moscú, el presidente ruso Vladimir Putin pronunció un discurso cargado de referencias históricas, patriotismo y mensajes dirigidos tanto a la población rusa como al escenario internacional.

Putin calificó el Día de la Victoria como “el праздником más importante y sagrado” para Rusia. Según el mandatario, el país celebra la fecha con orgullo, amor por la patria y gratitud hacia la generación que derrotó al nazismo. Insistió en que Rusia siempre recordará que fue el pueblo soviético quien realizó la contribución decisiva para destruir el régimen nazi y salvar a Europa de la barbarie.

 

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Durante su intervención, Putin afirmó que los soldados soviéticos sacrificaron millones de vidas por la libertad y la dignidad de los pueblos europeos. También acusó indirectamente a varios países occidentales de haber colaborado o capitulado ante la Alemania hitleriana durante la Segunda Guerra Mundial, reforzando así una narrativa histórica utilizada frecuentemente por el Kremlin en los últimos años.

Uno de los momentos más llamativos del desfile fue la participación de soldados especializados en sistemas no tripulados. Por primera vez desfilaron en la Plaza Roja unidades vinculadas a la guerra con drones, reflejando cómo el conflicto moderno ha transformado las prioridades estratégicas del ejército ruso. Entre ellos destacó el teniente mayor Maksim Patashev, presentado oficialmente como Héroe de Rusia.

La presencia de militares de Corea del Norte también generó enorme atención internacional. Un contingente del Ejército Popular Coreano marchó por la Plaza Roja bajo el mando del coronel superior Choe Yong Kun. La narración oficial aseguró que soldados norcoreanos combatieron junto a fuerzas rusas en operaciones relacionadas con la región de Kursk y destacó su “heroísmo y valentía” en la lucha contra lo que Moscú describió como fuerzas neonazis.

La ceremonia mostró además a cadetes y oficiales de las academias militares más prestigiosas del país. Desfilaron representantes de la Academia de la Fuerza Aérea Zhukovski-Gagarin, instituciones navales del Pacífico y academias estratégicas vinculadas a las fuerzas de misiles nucleares.

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Uno de los bloques más aplaudidos fue el de la Escuela Superior Aerotransportada de Riazán, cuyos cadetes participaron recientemente en operaciones militares reales. Las autoridades informaron que decenas de esos jóvenes soldados recibieron condecoraciones por acciones durante la guerra en Ucrania.

El desfile también sirvió para reforzar la conexión entre la memoria de la Segunda Guerra Mundial y la actual campaña militar rusa. Las autoridades insistieron repetidamente en que los soldados desplegados hoy continúan la misión histórica de defender Rusia frente a amenazas externas.

Aunque el evento mantuvo toda la solemnidad tradicional, muchos observadores señalaron diferencias importantes respecto a años anteriores. La exhibición de vehículos pesados fue más limitada y la atención se concentró principalmente en las tropas, la aviación y los símbolos históricos. Analistas interpretaron esto como una consecuencia directa de la prolongada guerra en Ucrania y de las necesidades operativas del ejército ruso.

En el cielo de Moscú aparecieron las famosas patrullas acrobáticas “Russkie Vityazi” y “Strizhi”, consideradas orgullo de la aviación militar rusa. Los cazas Su-30 y MiG-29 realizaron maniobras sobre la Plaza Roja mientras miles de personas observaban desde las tribunas oficiales.

El cierre del desfile estuvo protagonizado por seis aviones de ataque Su-25 que pintaron el cielo con humo blanco, azul y rojo, reproduciendo los colores de la bandera rusa. La escena fue acompañada por música patriótica interpretada por la orquesta unificada de la guarnición de Moscú dirigida por el general mayor Timoféi Mayakin.

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La seguridad en la capital rusa alcanzó niveles extraordinarios. Calles enteras fueron cerradas y se desplegaron importantes sistemas de defensa aérea alrededor de Moscú ante el temor de posibles ataques con drones. Solo invitados especiales, veteranos, militares y periodistas acreditados pudieron acceder a las zonas cercanas a la Plaza Roja.

El acto dejó claro que, para el Kremlin, el Día de la Victoria sigue siendo mucho más que una ceremonia histórica. Se ha convertido en una herramienta política central para reforzar la identidad nacional, legitimar el discurso oficial y proyectar una imagen de fortaleza frente a Occidente.

Con los soldados abandonando lentamente la Plaza Roja y los ecos de la música militar resonando en el centro de Moscú, Rusia volvió a utilizar la memoria de 1945 para enviar un mensaje contundente al mundo: el país considera que sigue librando una batalla histórica por su supervivencia, su soberanía y su lugar en el orden internacional.