
En medio de un debate cada vez más intenso sobre el clima del planeta, una pregunta empieza a circular con fuerza en redes sociales y algunos espacios de opinión: si las temperaturas globales han dejado de subir al ritmo vertiginoso de los últimos años, ¿significa eso que la Tierra se dirige hacia una nueva era glacial?
La idea suena impactante, pero la respuesta de la comunidad científica es mucho más clara que el rumor: no, el planeta no está entrando en una nueva glaciación.
Aunque algunos periodos concretos pueden mostrar una ligera moderación temporal en las temperaturas globales, la tendencia general sigue siendo inequívocamente de calentamiento.
De hecho, 2024 fue confirmado como el año más cálido jamás registrado, y 2025 se mantuvo entre los años más calurosos de la historia observada, a pesar de la influencia transitoria de La Niña, que normalmente tiende a enfriar ligeramente la temperatura global.
Lo que ocurre es que el sistema climático de la Tierra no evoluciona en línea recta.
Existen oscilaciones naturales, variaciones oceánicas y fenómenos atmosféricos que pueden provocar pausas momentáneas, enfriamientos regionales o años algo menos extremos que el inmediatamente anterior.
Pero una bajada puntual no equivale a un cambio de era climática. Incluso la Organización Meteorológica Mundial ha subrayado que 2025 comenzó y terminó bajo la influencia de una La Niña de efecto refrescante, y aun así fue uno de los años más cálidos jamás observados.
Ese matiz es clave. Cuando algunas personas hablan de “descenso” de las temperaturas, en muchos casos se refieren a comparaciones muy cortas, por ejemplo entre un mes y otro, o entre un año extraordinariamente cálido y el siguiente.
Pero los científicos analizan tendencias a escala de décadas, no de semanas. Desde esa perspectiva, los registros más recientes no muestran un giro hacia el frío extremo, sino una persistencia del calentamiento global.
La NASA indica que 2025 fue algo más fresco que 2024, pero aun así se situó muy por encima de los promedios históricos modernos.
La magnitud del calentamiento reciente refuerza todavía más esa conclusión. Según la OMM, 2024 alcanzó aproximadamente 1,55 grados Celsius por encima del nivel preindustrial, y los diez años comprendidos entre 2015 y 2024 fueron, uno por uno, los diez más cálidos del registro.
Copernicus también señaló que 2024 fue el primer año completo en superar los 1,5 grados sobre el nivel preindustrial.
Entonces, ¿por qué reaparece una y otra vez la idea de una nueva era glacial?
En parte, porque el clima regional puede comportarse de forma muy distinta al promedio global.
Mientras el planeta en conjunto se calienta, algunas zonas pueden atravesar inviernos severos, nevadas intensas o anomalías frías.
La propia OMM recordó que en enero de 2025 hubo regiones con temperaturas muy por debajo de la media, al mismo tiempo que el balance global seguía siendo extraordinariamente cálido.
Ese contraste local puede alimentar percepciones erróneas sobre una supuesta vuelta al frío planetario. También influye la confusión entre “tiempo” y “clima”.
El tiempo describe lo que ocurre hoy, esta semana o este invierno. El clima, en cambio, se define a partir de patrones de largo plazo.
Un invierno especialmente frío en un país no invalida una tendencia global de calentamiento, del mismo modo que una jornada lluviosa no desmiente una sequía prolongada.
Por eso los expertos insisten en que los cambios estructurales del sistema climático deben evaluarse a lo largo de muchos años y con series de datos amplias.
Esa visión de conjunto, precisamente, es la que muestra que el planeta sigue acumulando calor.
La hipótesis de una nueva glaciación, además, choca con la explicación física dominante del clima actual.
La OMM atribuye que 2025 haya seguido entre los años más cálidos del registro a la acumulación de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera.
Dicho de otro modo: puede haber variaciones temporales, pero el motor principal del sistema sigue empujando hacia temperaturas globales más altas, no más bajas.
Eso no significa que no existan incertidumbres o elementos complejos en la evolución del clima.
Los científicos siguen estudiando el papel de las corrientes oceánicas, los aerosoles, la nubosidad y la variabilidad natural.
Pero ninguna de esas incertidumbres recientes apunta, con la evidencia disponible, a la llegada inminente de una edad de hielo.
Más bien ocurre lo contrario: incluso con factores temporales de enfriamiento, como La Niña, el planeta continúa registrando temperaturas excepcionalmente altas.
En definitiva, la pregunta sobre una nueva era glacial resulta llamativa, pero los datos actuales no la respaldan.
Sí puede haber descensos puntuales, sí pueden darse meses menos extremos y sí pueden producirse episodios regionales de frío intenso.
Pero el panorama global sigue mostrando un planeta que, en términos generales, continúa calentándose. Lejos de anunciar una glaciación, los registros recientes refuerzan la idea de que la crisis climática sigue plenamente activa.
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