La IA lee por primera vez un texto del antiguo pergamino de Herculano

Herculano se encontraba en la bahía de Nápoles, justo a los pies del Vesubio.

Cuando el volcán explotó en el año 79 d.C., lanzó nubes abrasadoras de ceniza y gas que descendieron por las laderas a velocidades devastadoras.

Los científicos llaman a estos fenómenos flujos piroclásticos, pero la descripción técnica apenas captura su ferocidad.

Eran tormentas supercalientes capaces de superar a un caballo al galope y destruir todo a su paso.

A diferencia de Pompeya, que quedó cubierta por capas de ceniza que caían del cielo, Herculano fue golpeada directamente por estas avalanchas de fuego.

Las calles, las casas y las habitaciones quedaron selladas bajo una masa volcánica que con el tiempo se endureció como piedra.

Mesas con comida, vigas de madera, puertas… todo quedó preservado.

Incluso los libros.

En una enorme mansión frente al mar, conocida hoy como la Villa de los Papiros, los arqueólogos encontraron algo que jamás había aparecido antes en la historia de la arqueología: una biblioteca completa del mundo antiguo.

La villa era impresionante incluso para los estándares romanos.

Se extendía a lo largo de unos 250 metros frente al mar, con terrazas escalonadas, columnas elegantes y suelos de mármol que brillaban bajo el sol mediterráneo.

Probablemente pertenecía a una figura extremadamente rica de la élite romana.

Muchos historiadores creen que el propietario pudo haber sido Lucius Calpurnius Piso Caesoninus, suegro de Julio César.

Dentro de la casa había estanterías llenas de rollos de papiro.

Cuando el flujo piroclástico arrasó la ciudad, el calor extremo no los redujo a cenizas.

En cambio, los “horneó” en un ambiente con poco oxígeno.

El resultado fue extraño y paradójico: los papiros quedaron carbonizados, convertidos en cilindros negros quebradizos.

Parecían trozos de carbón.

Pergamino romano antiguo es descifrado con IA como parte del “Desafío  Vesubio” | WFLA

Durante siglos nadie entendió lo que eran realmente.

Algunos incluso fueron arrojados o quemados como combustible.

No fue hasta que uno de los cilindros se rompió accidentalmente en el suelo cuando apareció algo inesperado: letras griegas grabadas en su interior.

El descubrimiento cambió todo.

En el siglo XVIII comenzaron los primeros intentos de abrirlos.

El artista Camillo Paderni utilizó cuchillos para raspar capa tras capa del papiro.

El método reveló algunas líneas de texto, pero también destruyó innumerables pasajes para siempre.

Más tarde, el abad Antonio Piaggio diseñó una máquina delicada que desenrollaba lentamente los pergaminos usando hilos de seda y pesos diminutos.

El progreso era desesperadamente lento: menos de un centímetro por día.

Aun así, su dispositivo salvó muchos textos.

Otros intentos fueron más arriesgados.

En el siglo XIX el químico Humphry Davy probó tratamientos químicos para separar las capas del papiro.

A veces funcionaba… pero también hacía que la tinta desapareciera al contacto con el aire.

Después de décadas de esfuerzos, cientos de rollos seguían sellados.

Abrirlos significaba destruirlos.

Durante generaciones, los académicos pensaron que el problema era insoluble.

Hasta que llegó la tecnología moderna.

En 2019, algunos pergaminos fueron escaneados con un sincrotrón gigantesco en el Reino Unido, una máquina circular del tamaño de un estadio que acelera electrones casi a la velocidad de la luz para producir rayos X extremadamente potentes.

Estos rayos permitieron crear tomografías tridimensionales del interior del pergamino sin abrirlo.

El resultado fue como construir un modelo digital completo del rollo: cada pliegue, cada capa de papiro, cada arruga atrapada en una especie de “pan tridimensional” de datos.

Pero había un problema.

La tinta utilizada por los antiguos escribas era de carbono… casi idéntica al material del papiro carbonizado.

En las imágenes de rayos X, tinta y página parecían exactamente lo mismo.

Durante años, las letras permanecieron invisibles.

El avance llegó de forma inesperada.

En 2023, el investigador Casey Handmer observó un patrón extraño en las imágenes escaneadas: una textura diminuta, como grietas microscópicas, que aparecía justo donde debía estar la tinta.

La llamó “crackle”.

Ese detalle aparentemente insignificante permitió entrenar modelos de inteligencia artificial capaces de detectar la escritura escondida dentro de los datos.

El proyecto se transformó entonces en un desafío global: el Vesuvius Challenge.

Los organizadores publicaron los escaneos en internet y ofrecieron premios en efectivo a cualquiera que lograra descifrar texto real de los pergaminos.

Y entonces ocurrió algo histórico.

En otoño de 2023, un estudiante de informática de 21 años llamado Luke Farritor ejecutó un modelo de IA sobre los datos del escaneo.

En su pantalla apareció una palabra.

La primera palabra jamás leída desde dentro de un pergamino sellado de Herculano.

Estaba escrita en griego.

Y significaba simplemente: “púrpura”.

Poco después, otro investigador reprodujo exactamente el mismo resultado con un sistema distinto, confirmando que no era un error.

El silencio de dos mil años se había roto.

La inteligencia artificial permite leer un pergamino carbonizado tras la  erupción del Vesubio

En febrero de 2024 llegó el siguiente gran salto.

Un equipo de jóvenes investigadores logró reconstruir más de 2000 letras griegas del interior de uno de los rollos.

Por primera vez, pasajes completos de un texto antiguo emergían de un pergamino que nunca había sido abierto.

Y el contenido era fascinante.

El texto hablaba sobre el placer: cómo disfrutar de la vida sin caer en el exceso.

Reflexionaba sobre la música, la comida y la naturaleza del deseo humano.

Los especialistas creen que el autor podría ser Filodemo, un filósofo epicúreo que vivió en el siglo I a.C.

y que estaba relacionado con la misma villa donde se encontró la biblioteca.

En 2025, otro pergamino reveló incluso algo más concreto: el título de una obra de Filodemo llamada Sobre los vicios, probablemente el primer libro de una serie filosófica.

Todo esto se logró sin abrir físicamente el pergamino.

Y lo más impresionante es que la historia apenas comienza.

Hasta ahora se han escaneado decenas de rollos, pero en la Villa de los Papiros se encontraron más de 1800 fragmentos y pergaminos.

Muchos aún permanecen sellados.

Cada uno podría contener textos perdidos de la filosofía, la literatura o la ciencia del mundo antiguo.

Después de dos mil años enterrados bajo ceniza volcánica, esas voces empiezan lentamente a regresar.

No desde ruinas excavadas con palas.

Sino desde algoritmos que, capa por capa, están aprendiendo a escuchar los ecos de una biblioteca que el Vesubio creyó haber silenciado para siempre.