El salón estalló. Aplausos. Exclamaciones. El tipo de estruendo que solo se produce cuando 200 personas reciben simultáneamente la mejor noticia posible en el mejor momento posible.
Alejandro seguía sosteniendo a Nadia. La miraba con una expresión que era tres cosas al mismo tiempo.
Soc, felicidad y la cara específica de alguien cuyo sistema nervioso no sabe exactamente en qué orden procesar la información.
¿Estás? Empezó. Creo que sí. Eso parece. Nadie lo miraba y se estaba riendo y también llorando y ninguna de las dos cosas era actuada.
Lo siento, no lo sabía o no lo había confirmado. Oh, no te disculpes. Estamos en mitad de la inauguración y acabo de No te disculpes repitió Alejandro y el Sock estaba cediendo paso a algo que era simplemente limpiamente alegría.
Le tomó la cara entre las manos. Fue Nicolás quien habló desde atrás con la voz levemente rota de alguien tratando de no llorar frente a 200 personas.
Enhorabuena, hermano. Vas a ser padre. Alejandro lo miró, luego miró a Nadia, luego miró al suelo y se sentó literalmente en el suelo de la sala inaugural de la Fundación Vidal de Salud Mental, frente a 200 personas con su traje de director ejecutivo y todo.
El Dr. Marco suspiró. Alguien traiga agua y sales. El fundador está en el piso.
La carcajada de Nadia fue tan genuina que le costó respirar. Soy tu enfermera. No puedes desmayarte en mi turno.
No me he desmayado dijo Alejandro desde el suelo. Solo estoy procesando desde el suelo.
El suelo es neutral. Nicolás le tendió la mano. Alejandro la tomó. Se levantó con la dignidad particular de alguien que acaba de sentarse en el suelo de su propia inauguración y que de alguna manera sigue siendo la persona más importante de la sala.
Cuando estuvo de pie, nadie lo miró. ¿Estás bien? No. Sí. Los dos. Nadie le tomó la mano.
Respira, dijo él. Respiró. Una vez, dos veces, tres. Vamos a ser padres, dijo, como si lo dijera por primera vez, que era exactamente lo que estaba pasando.
Sí, vamos a ser terribles al principio, probablemente. Y luego vamos a aprender juntos. Alejandro apretó su mano.
La sala seguía aplaudiendo. Las cámaras seguían grabando. 200 personas eran testigos de que el hombre que había dicho que ninguna enfermera duraría una semana era ahora el hombre que no podía imaginarse un mundo sin ella.
Esa tarde, cuando la sala se fue vaciando y quedaron solo ellos dos en la terraza del edificio, Alejandro se giró hacia Nadia.
¿Puedo preguntarte algo? Sí. Cuando llegaste aquel primer día, tres enfermeras saliendo corriendo. Claudia con cara de funeral.
Yo diciéndote que no ibas a durar. Sí. Tuviste dudas. Nadie lo pensó. Muchas. Pero las dudas no eran sobre quedarme, eran sobre si iba a poder hacer lo que tenía que hacer.
¿Y lo hiciste? Lo hicimos. Alejandro asintió. Miró el lago que a esa hora de la tarde tenía el color específico del invierno suizo, algo entre gris y plata.
Nadia. Mmm. Gracias por no irte. Ella lo miró. Gracias por no echarme, dijo Alejandro se ríó.
El mismo sonido limpio de antes. Y nadie pensó en las dos enfermeras que se habían ido en el contrato con la cláusula del trauma psicológico, en los registros médicos que nadie quería ver, en la sala del directorio y el suelo frío y las 2 de la madrugada y todas las noches en que alguien había decidido quedarse cuando era más fácil irse.
Y pensó que algunas historias empiezan como obligaciones y terminan siendo exactamente lo que ambas personas necesitaban encontrar.
¿Sabes qué es lo más raro? Dijo, “¿Qué? Que vine aquí convencida de que iba a durar tres semanas y resulta que esto es a donde pertenezco.
Alejandro la miró, luego miró el lago, luego a ella de nuevo. Yo también, dijo.
Y allí, en la terraza de un edificio que llevaba el nombre de un hombre que había creído que los hombres fuertes no se quiebran, dos personas que se habían roto de maneras muy distintas sostuvieron juntas algo que ninguno de los dos habría podido construir.
Solo el lago brillaba abajo, quieto, indiferente y completamente ajeno a lo que acababa de comenzar.
¿Qué opinas sobre esta historia? ¿Crees que nadie hizo lo correcto al romper el protocolo para salvar a Alejandro?
Aunque eso pusiera en riesgo su carrera. Déjame tu opinión en los comentarios. Recuerda darle me gusta al video, suscribirte al canal y activar la campanita para no perderte nuestras próximas historias llenas de emoción.
Y si quieres seguir disfrutando, aquí en pantalla tienes otra historia increíble que seguro te atrapará desde el inicio.
Gracias por acompañarnos y nos vemos en el próximo
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