“Aída Quilcué defendió una Colombia diversa y dejó en evidencia las diferencias sobre el futuro del país”

En medio de la intensa campaña presidencial colombiana rumbo a la segunda vuelta, el reciente debate televisivo emitido por Caracol generó fuertes reacciones políticas y mediáticas tras la participación de la lideresa indígena Aída Quilcué, fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda. La entrevista, centrada en temas como seguridad, desarrollo económico, paz y relaciones internacionales, terminó convirtiéndose en uno de los momentos más comentados de la contienda electoral.

La presencia de Quilcué en el espacio televisivo permitió exponer dos visiones profundamente distintas sobre el futuro de Colombia. Por un lado, una propuesta enfocada en los territorios, la inclusión social y la construcción de paz desde las comunidades. Por otro, una postura centrada en el fortalecimiento de las relaciones estratégicas con Estados Unidos, el combate frontal al narcotráfico y la defensa del modelo económico tradicional.

Durante la entrevista, Aída Quilcué insistió en que la campaña de Iván Cepeda busca representar “un proyecto de vida y dignidad” para las regiones históricamente excluidas. La dirigente indígena afirmó que el principal reto del país continúa siendo el abandono estructural de las zonas rurales y de amplios sectores urbanos marginados.

“Tenemos que dialogar con los pueblos y con la gente de las ciudades, pero sobre todo llegar con propuestas concretas”, señaló Quilcué al explicar la estrategia de campaña para las semanas decisivas antes de las elecciones.

La senadora defendió la necesidad de construir políticas públicas desde las realidades territoriales y no únicamente desde Bogotá. Según explicó, muchos de los problemas de violencia y pobreza que afectan al Cauca, al Catatumbo, a La Guajira o al Chocó requieren soluciones diseñadas junto a las comunidades locales y no impuestas desde los centros de poder político.

Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue su análisis sobre el conflicto armado y la política de “paz total” impulsada por el gobierno de Gustavo Petro. Frente a las críticas que sectores opositores han realizado sobre esta estrategia, Quilcué respondió que la paz no puede limitarse únicamente al silenciamiento de los fusiles.

“La paz también significa transformar las condiciones de pobreza, desigualdad y exclusión”, afirmó. Además, sostuvo que los procesos de reconciliación deben construirse escuchando directamente a las comunidades afectadas por la guerra.

La lideresa indígena recordó que ha recorrido distintas regiones del país como defensora de derechos humanos y presidenta de la Comisión de Paz y Posconflicto del Senado, experiencia que —según dijo— le permitió comprender que las soluciones requieren participación ciudadana y reconocimiento de las diversidades culturales del país.

Otro de los temas que generó debate fue el concepto de desarrollo económico. Quilcué cuestionó la idea de que el crecimiento de Colombia dependa exclusivamente de modelos económicos occidentales o extractivistas. En contraste, defendió una visión más amplia del desarrollo, incluyendo la protección ambiental, la educación, la cultura y los saberes ancestrales.

“No rechazamos la empresa privada ni la inversión. Lo que planteamos es que también existen otras formas de construir desarrollo desde las comunidades”, explicó.

La candidata aseguró que el país necesita reconocer las iniciativas económicas populares, las pequeñas y medianas empresas, así como los proyectos comunitarios que históricamente han sido ignorados por el Estado.

Asimismo, hizo énfasis en la protección de los territorios y del medio ambiente, argumentando que ciertos modelos de desarrollo terminan afectando gravemente la vida, los ecosistemas y las culturas locales. En ese sentido, planteó la necesidad de avanzar hacia un modelo económico más equilibrado y sostenible.

La entrevista también contrastó con las declaraciones de representantes del sector político cercano a Abelardo de la Espriella, quienes defendieron una relación mucho más estrecha con Estados Unidos y criticaron duramente la política exterior del actual gobierno.

Desde esa visión, se argumentó que Colombia debe fortalecer sus alianzas estratégicas con Washington para garantizar inversión extranjera, cooperación en seguridad y estabilidad económica. Además, se insistió en que el país necesita recuperar la confianza internacional y combatir con mayor firmeza a los grupos armados ilegales.

Sin embargo, las respuestas de Quilcué buscaron diferenciar claramente ambas propuestas. Mientras sus contradictores priorizaron la relación geopolítica con Estados Unidos y la defensa de la inversión privada, la candidata vicepresidencial insistió en la necesidad de proteger la soberanía territorial, fortalecer las economías comunitarias y garantizar la inclusión de sectores históricamente marginados.

Uno de los momentos más comentados ocurrió cuando Quilcué señaló que Colombia no puede seguir construyendo políticas pensando únicamente desde las élites urbanas. Según afirmó, existe “otra Colombia” conformada por pueblos indígenas, campesinos, comunidades afrodescendientes y jóvenes que también deben participar en la definición del futuro nacional.

La lideresa también rechazó los discursos que estigmatizan regiones como el Cauca debido a la violencia y el narcotráfico. En su opinión, esos territorios no solamente representan conflicto, sino también resistencia, organización comunitaria y propuestas de transformación social.

“Hay comunidades que están construyendo otra realidad y eso también debe ser reconocido”, afirmó.

Las declaraciones de Quilcué provocaron numerosas reacciones en redes sociales y medios de comunicación. Mientras sectores progresistas destacaron la solidez de sus argumentos y su defensa de las comunidades excluidas, sectores opositores cuestionaron varias de sus posiciones sobre seguridad y política económica.

Más allá de las interpretaciones políticas, el debate dejó en evidencia la fuerte polarización que atraviesa actualmente Colombia. La discusión ya no gira únicamente alrededor de candidatos, sino sobre dos visiones distintas de país: una enfocada en la seguridad, el crecimiento económico tradicional y las alianzas internacionales; y otra centrada en la inclusión social, la justicia territorial y la construcción de paz desde las regiones.

Con las elecciones cada vez más cerca, intervenciones como la de Aída Quilcué reflejan que la campaña presidencial colombiana continúa marcada por profundas diferencias ideológicas, pero también por la disputa sobre cuál debe ser el modelo de nación para los próximos años.