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El estruendo que partió el barrio en dos aún resuena entre escombros, dolor y una investigación que sigue buscando respuestas en La Unión, Nariño

Aumenta el número de víctimas mortales tras explosión en una polvorería de La Unión, Nariño

La tarde en La Unión, en el norte de Nariño, solía transcurrir con la calma típica de un municipio donde las rutinas se repiten entre calles estrechas, comercios familiares y el tránsito constante de vecinos que se reconocen entre sí. Pero esa normalidad se quebró de forma abrupta a la 1:30 de la tarde del viernes 26 de junio de 2026, cuando una explosión de gran magnitud sacudió el barrio Valencia y transformó una vivienda en el epicentro de una tragedia que, con el paso de las horas, seguiría sumando víctimas.

El estruendo fue tan potente que se escuchó en distintos puntos del municipio. En segundos, el aire se llenó de polvo, humo y fragmentos de estructuras que habían sido reducidas a escombros. Los vecinos salieron de sus casas sin entender del todo lo que estaba ocurriendo, guiados únicamente por el instinto de sobrevivir y por el temor de que nuevas detonaciones pudieran repetirse.

Dentro del inmueble, según las primeras versiones recogidas por las autoridades, se almacenaba material pirotécnico de manera clandestina. La vivienda habría funcionado como un punto de fabricación y depósito de pólvora, una actividad de alto riesgo que, al parecer, se desarrollaba en medio de un entorno residencial sin las condiciones de seguridad necesarias.

La onda expansiva no se limitó a una sola estructura. Varias viviendas del sector resultaron afectadas, con techos colapsados, ventanas destruidas y paredes agrietadas por la fuerza del estallido. En cuestión de minutos, el barrio Valencia dejó de ser un espacio cotidiano para convertirse en una escena de emergencia.

Los primeros en llegar fueron los organismos de socorro, seguidos por unidades de la Policía Nacional y el Cuerpo de Bomberos. Entre el caos, comenzaron las labores de búsqueda y rescate. Los gritos de auxilio se mezclaban con el sonido de las sirenas y el crujir de estructuras inestables que aún amenazaban con ceder.

En medio de ese panorama, los equipos de emergencia lograron evacuar a varios heridos con quemaduras de gravedad y lesiones causadas tanto por la explosión como por los escombros. La magnitud del incidente obligó a trasladar a algunos pacientes a centros asistenciales de mayor complejidad fuera del municipio, debido a la gravedad de sus heridas.

Sin embargo, la tragedia no terminó con el primer balance.

En las horas siguientes se confirmó el fallecimiento de varias personas que habían resultado gravemente heridas en el estallido. Entre ellas se encontraba Gerardo Paz, quien murió el mismo día de la explosión a causa de la magnitud de las lesiones sufridas. Su fallecimiento marcó el primer aumento en el número de víctimas mortales de la emergencia.

Pero el caso seguiría profundizando su impacto días después.

Una de las víctimas más afectadas, Jacqueline Meneses, permaneció hospitalizada en estado crítico debido a las graves quemaduras y lesiones internas. Su lucha por sobrevivir se extendió durante varios días, mientras el personal médico intentaba estabilizarla en medio de un cuadro clínico delicado. Finalmente, en la mañana del domingo 28 de junio, se confirmó su fallecimiento.

Con su muerte, el número de víctimas mortales ascendió a dos personas plenamente identificadas, consolidando una tragedia que aún no termina de dimensionarse por completo en el municipio.

El impacto emocional en La Unión ha sido profundo. Familias enteras quedaron marcadas por la pérdida, mientras otras aún permanecen a la espera de la evolución de sus seres queridos hospitalizados. En el barrio Valencia, las casas afectadas continúan mostrando las huellas visibles del estallido: muros destruidos, estructuras inestables y objetos personales esparcidos entre los restos.

Las autoridades locales han reiterado que la emergencia estaría relacionada con la manipulación y almacenamiento ilegal de pólvora en el inmueble donde ocurrió la explosión. Esta hipótesis ha sido uno de los ejes centrales de la investigación, que busca establecer con precisión cómo se originó el estallido y quiénes serían los responsables de la actividad clandestina.

Mientras avanzan las indagaciones, los equipos técnicos continúan la recolección de evidencia en el lugar de los hechos. Expertos en criminalística analizan los restos del material explosivo, la estructura del inmueble y los posibles puntos de detonación, con el objetivo de reconstruir la secuencia exacta de lo ocurrido.

La comunidad, por su parte, permanece en estado de conmoción. Muchos habitantes describen el momento de la explosión como un instante en el que el tiempo se detuvo. Algunos relatan haber sentido una onda de choque que los hizo salir de sus viviendas sin comprender aún la magnitud de lo sucedido.

Otros, desde la distancia, solo alcanzaron a ver la columna de humo elevándose sobre el barrio, señal inequívoca de que algo grave había ocurrido.

Las autoridades han insistido en la necesidad de reforzar los controles sobre la fabricación y almacenamiento de pólvora en zonas residenciales, recordando que este tipo de actividades ilegales representan un alto riesgo no solo para quienes las realizan, sino para toda la comunidad circundante.

Mientras tanto, el municipio intenta avanzar entre el duelo y la reconstrucción. Las familias afectadas enfrentan el desafío de rehacer sus vidas tras la pérdida de seres queridos y la destrucción de sus hogares. La ayuda institucional comienza a llegar lentamente, pero el impacto emocional y material de la tragedia aún es evidente en cada rincón del barrio Valencia.

La investigación sigue abierta y las autoridades han señalado que no se descarta ninguna línea de análisis. Cada elemento recogido en la escena será clave para determinar responsabilidades y evitar que hechos similares vuelvan a repetirse.

Por ahora, La Unión permanece en un estado de duelo silencioso. El eco de la explosión aún parece resonar en la memoria colectiva del municipio, recordando que en un solo instante la vida cotidiana puede transformarse en una emergencia de dimensiones irreparables. Y mientras la justicia avanza en la reconstrucción de los hechos, la comunidad espera respuestas claras sobre una tragedia que ya dejó dos vidas perdidas y un barrio entero marcado para siempre.

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