El silencio de la vereda La 42 se rompió en segundos, dejando una escena de destrucción, incertidumbre y una noticia que más tarde confirmaría una tragedia irreparable en el Catatumbo
Confirman la muerte de dos menores tras ataque con explosivos en zona rural de Tibú, Norte de Santander
La vereda La 42, en zona rural del municipio de Tibú, Norte de Santander, amaneció como cualquier otro día del Catatumbo: con caminos de tierra húmeda, viviendas dispersas entre la vegetación y la rutina de familias acostumbradas a convivir con la incertidumbre. Sin embargo, en cuestión de segundos, ese paisaje cambió radicalmente cuando un ataque con explosivos sacudió la comunidad y convirtió la tranquilidad del sector en una escena de emergencia.
El estruendo fue tan fuerte que pudo sentirse a varios kilómetros a la redonda. Los habitantes, sorprendidos por la magnitud de las detonaciones, salieron de sus viviendas sin entender lo que estaba ocurriendo. El humo, el polvo y los gritos marcaron los primeros minutos de un hecho que rápidamente se transformó en tragedia.
Con el paso de las horas, las autoridades confirmaron una noticia que profundizó el dolor en la región: dos menores de edad habían fallecido como consecuencia de las graves heridas sufridas durante el ataque.
Las víctimas fueron identificadas como Dilan Jesús Correa Cuadros, de 10 años, y Clivel Pérez Lobo, de 2 años, quienes habían sido trasladados inicialmente a centros asistenciales debido a la gravedad de su estado. Pese a los esfuerzos del personal médico, ambos menores murieron como resultado de las lesiones provocadas por los artefactos explosivos.
El ataque, según los primeros reportes oficiales, se habría producido en una zona donde varias viviendas resultaron afectadas por la detonación de explosivos lanzados desde dispositivos no convencionales, una modalidad que en los últimos años ha generado preocupación en distintas regiones del país por su impacto indiscriminado sobre la población civil.
En la vereda La 42, las consecuencias fueron inmediatas. Varias viviendas sufrieron daños estructurales, mientras que familias enteras quedaron atrapadas en medio del caos. Vecinos del sector relataron que el impacto de las explosiones generó pánico generalizado, obligando a muchos a buscar refugio en zonas cercanas mientras llegaban los organismos de emergencia.
Las unidades del Ejército Nacional y la Policía se desplazaron hasta el lugar para asegurar el área, atender a los heridos y realizar la evacuación de los afectados. Paralelamente, equipos médicos intentaron estabilizar a los menores y a otros civiles lesionados antes de su traslado a centros hospitalarios de mayor complejidad en la región del Catatumbo.
A pesar de la intervención de los equipos de salud, la gravedad de las heridas sufridas por los dos menores hizo imposible su recuperación.
La confirmación de sus muertes generó una profunda conmoción tanto en la comunidad de Tibú como en el resto del departamento de Norte de Santander. En una región marcada por años de conflicto armado, este nuevo hecho volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de la población civil, especialmente de los niños, frente a la violencia persistente en el territorio.
Las autoridades han iniciado las investigaciones para determinar las circunstancias exactas del ataque y establecer qué grupo armado estaría detrás de la acción violenta. Aunque aún no se ha atribuido oficialmente la responsabilidad, la zona del Catatumbo es escenario frecuente de confrontaciones entre estructuras armadas ilegales que disputan el control del territorio.
Mientras avanzan las labores investigativas, los organismos de seguridad continúan desplegados en la región con el objetivo de prevenir nuevos hechos violentos y recopilar evidencia que permita esclarecer lo ocurrido. Expertos en criminalística analizan los restos de los explosivos y la dinámica del ataque para reconstruir la secuencia de los hechos.
En paralelo, la comunidad de la vereda La 42 intenta asimilar el impacto emocional de lo ocurrido. Los habitantes describen escenas de desesperación en los momentos posteriores a las explosiones, cuando las familias buscaban ayuda entre los escombros y trataban de comprender la magnitud de la tragedia.
El caso ha reavivado los llamados de organizaciones sociales y defensores de derechos humanos para reforzar la protección de la población civil en el Catatumbo, una región donde los ataques armados y el uso de artefactos explosivos continúan afectando de manera recurrente a comunidades rurales.
Mientras tanto, las familias de las víctimas enfrentan un dolor irreparable. La pérdida de dos menores en medio de un ataque con explosivos ha dejado una huella profunda en la comunidad, que hoy vuelve a preguntarse cómo proteger la vida en un territorio donde la violencia sigue interrumpiendo la cotidianidad.
Las investigaciones continúan abiertas, y las autoridades han reiterado su compromiso de esclarecer el caso. Sin embargo, en La 42, el sonido que quedó grabado no es el de las detonaciones, sino el silencio posterior, ese que acompaña a las tragedias que cambian para siempre la memoria de una comunidad.