imageA pocos días de la segunda vuelta presidencial en Perú, el tablero político comienza a definirse con movimientos que podrían cambiar el rumbo del país durante los próximos años.

La candidata conservadora Keiko Fujimori recibió un respaldo clave desde uno de los sectores más influyentes de la derecha peruana: el alcalde de Lima y líder de Renovación Popular, Rafael López Aliaga.

El anuncio se produjo en medio de una campaña marcada por la polarización, el desgaste institucional y el temor de amplios sectores económicos ante un eventual giro político hacia la izquierda.

López Aliaga, conocido por su discurso conservador y su estilo frontal, llamó públicamente a sus simpatizantes a apoyar a Fujimori en el balotaje presidencial previsto para este domingo.

“ No al voto blanco, no al comunismo de izquierda radical ”, declaró el dirigente de Renovación Popular en una conferencia de prensa que rápidamente generó repercusión en todo el país.

El respaldo no es menor.

López Aliaga terminó tercero en la primera vuelta presidencial y obtuvo cerca del 12 % de los votos, quedando fuera de la definición por un margen estrecho frente al candidato izquierdista Roberto Sánchez.

Su caudal electoral es considerado estratégico para definir una segunda vuelta que, según las encuestas más recientes, aparece prácticamente empatada.

De acuerdo con un sondeo de Ipsos publicado esta semana, Sánchez alcanza un 43,8 % de intención de voto frente al 43,2 % de Fujimori, dentro del margen de error estadístico.

El escenario refleja la enorme fragmentación política que atraviesa Perú y el profundo nivel de desconfianza que existe hacia toda la clase dirigente.image

Una alianza marcada por el temor al avance de la izquierda

Aunque durante meses existieron tensiones entre Fuerza Popular y Renovación Popular, el avance de Sánchez terminó acercando posiciones dentro de la derecha peruana.

López Aliaga, quien anteriormente había sido crítico de Keiko Fujimori e incluso cuestionó su capacidad electoral, ahora sostiene que ella representa “la única opción democrática” frente al bloque izquierdista.

El alcalde limeño también pidió a sus seguidores convertirse en personeros electorales para defender el voto durante la jornada electoral, alimentando un clima de máxima tensión política en el país andino.

En las últimas semanas, sectores conservadores han denunciado irregularidades en el proceso electoral, mientras que organizaciones civiles alertan sobre discursos que podrían debilitar aún más la confianza en las instituciones.

La elección ocurre además en un contexto extremadamente delicado para Perú, que en apenas una década ha tenido múltiples presidentes, destituciones, protestas masivas y permanentes crisis políticas.

La ciudadanía enfrenta un ambiente de cansancio y frustración frente a una clase política percibida como incapaz de estabilizar el país.

Keiko Fujimori busca reinventar su imagen

Para Keiko Fujimori, esta elección representa mucho más que una nueva candidatura presidencial.

Se trata de su cuarto intento por llegar al poder y posiblemente la oportunidad más decisiva de toda su carrera política.

La lideresa de Fuerza Popular intenta presentarse ahora como una figura más moderada y cercana, alejándose parcialmente de la imagen confrontacional que marcó campañas anteriores.

Sin embargo, continúa cargando con el peso del apellido Fujimori, uno de los más polémicos de la historia peruana.

Su padre, el expresidente Alberto Fujimori, sigue dividiendo profundamente a la sociedad peruana.

Mientras algunos sectores recuerdan su gobierno como un período de estabilidad y lucha contra el terrorismo, otros lo consideran responsable de graves violaciones a los derechos humanos y prácticas autoritarias.

Keiko también enfrentó investigaciones judiciales por presunto financiamiento ilegal de campañas y pasó cerca de 18 meses en prisión preventiva, aunque posteriormente la justicia anuló el proceso en su contra.

A pesar de ello, la candidata conservadora ha logrado mantener una base electoral sólida, especialmente en Lima y en sectores empresariales preocupados por la economía y la seguridad.image

Roberto Sánchez intenta captar al centro

Del otro lado aparece Roberto Sánchez, exministro y figura cercana al expresidente Pedro Castillo, quien ha tratado de moderar su discurso durante la campaña para atraer a votantes indecisos y sectores centristas.

Inicialmente asociado con propuestas más radicales, como una nueva Constitución y mayores controles estatales sobre sectores estratégicos, Sánchez ha suavizado parte de su narrativa económica en las últimas semanas.

Sin embargo, sus vínculos con figuras de izquierda dura continúan generando inquietud entre empresarios y grupos conservadores, quienes advierten sobre posibles riesgos para la inversión y la estabilidad económica del país.

Precisamente ese temor ha sido utilizado por Fujimori y López Aliaga para movilizar al electorado de derecha bajo la idea de que Perú se encuentra ante una elección “histórica”.

Una elección que puede redefinir el mapa político peruano

La segunda vuelta presidencial peruana no solo enfrenta a dos candidatos; también refleja dos visiones completamente opuestas sobre el futuro del país.

Por un lado, Fujimori promete mano dura contra la inseguridad, estabilidad económica y cercanía con el sector privado.

Por otro, Sánchez insiste en reformas sociales, mayor presencia del Estado y cambios estructurales en el modelo político y económico.

El apoyo de Rafael López Aliaga podría convertirse en un factor decisivo en un escenario tan ajustado.

Analistas peruanos coinciden en que la transferencia de votos de la derecha conservadora será clave para inclinar la balanza este domingo.

Mientras tanto, millones de peruanos observan con incertidumbre una elección que podría marcar un nuevo capítulo en la historia reciente del país, en medio de una crisis institucional que aún parece lejos de resolverse.