Adiós al “Amigo de los Pájaros”: fallece Rubén Cuestas, la voz que revolucionó la chamarrita y el folclore del litoral argentino
El integrante del histórico dúo Los Hermanos Cuestas falleció a los 84 años. Junto a su hermano Néstor, revolucionó la chamarrita y llevó el canto de las aves a los principales escenarios del país y del exterior.

El folclore del cono sur se ha quedado en silencio tras la partida de una de sus leyendas más singulares y queridas.
Rubén Rodolfo Cuestas, la inconfundible voz y el mágico silbido del histórico dúo Los Hermanos Cuestas, falleció a los 84 años en la ciudad de Paraná, Entre Ríos.
Con su deceso se cierra un capítulo dorado de la música del litoral argentino, una época en la que el canto de las aves silvestres abandonó los montes nativos para integrarse con gracia y maestría en las guitarras, los bombos y las orquestas sinfónicas más importantes del continente.
Conocido popularmente como el “Amigo de los Pájaros”, Rubén dedicó su vida a universalizar la chamarrita, un ritmo folclórico tradicional de su provincia que, gracias a su propuesta estética, traspasó fronteras geográficas y generacionales.
Nacido el 7 de febrero de 1942 en la localidad de Diamante, Rubén manifestó desde su más tierna infancia una conexión mística con la naturaleza que rodeaba el río Paraná.
Siendo apenas un niño, descubrió que poseía una habilidad extraordinaria para imitar, mediante un silbido de altísima precisión técnica, el trino de especies autóctonas como el cardenal, la calandria, el bicho feo o el zorzal.
Lo que comenzó como un juego infantil en los patios entrerrianos se convirtió, con los años, en el sello de identidad indiscutible de su carrera profesional.
Junto a su hermano Néstor Esteban, fundó inicialmente el dúo “Los Baqueanos”, con el que comenzaron a recorrer los pueblos de su provincia natal, combinando la música con sus estudios vocales en el coro de la Asociación Verdiana.
La trayectoria del dúo cambió de rumbo de manera definitiva a mediados de la década de 1960.
Fue en las aulas de la Escuela de Artes Visuales donde Rubén entabló una profunda amistad con el profesor Rubén Martínez Solís, inmortalizado en la cultura popular como Linares Cardozo.
Aquel maestro del folclore se convirtió en el guía intelectual y musical de los hermanos.
Bajo su tutela, adoptaron el nombre de Los Hermanos Cuestas y se propusieron rescatar y difundir la obra de los poetas de su tierra.
En 1964, irrumpieron en el prestigioso Festival de Cosquín, la máxima cita del folclore argentino.
Aunque en aquella época el reglamento del certamen no contemplaba una categoría formal para dúos, el impacto de su presentación —en especial por el virtuosismo de los silbidos de Rubén— obligó al jurado a otorgarles una mención especial, abriéndoles las puertas de los principales escenarios del país junto a figuras consagradas como Jorge Cafrune.
El verdadero estallido de popularidad llegó a finales de la década de 1960 y principios de los años 70, cuando Los Hermanos Cuestas se mudaron a Buenos Aires con una guitarra, un bombo y un estilo fresco que contrastaba con las propuestas tradicionales del folclore de la época.
Grabaron obras cumbres del cancionero litoraleño como “Juan del Gualeyán”, “Soy entrerriano”, “Peoncito de estancia”, “Canción de Puerto Sánchez” y, por supuesto, su himno instrumental “El Amigo de los Pájaros”.
Su discografía, que incluye álbumes memorables como El canto de los pájaros (1972) o Canto a Entre Ríos (1974), rompió récords de ventas y les valió múltiples Discos de Oro y Platino.
La audacia de Rubén y Néstor los llevó a fusionar la música costera con la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y diversos coros polifónicos bajo la dirección de maestros como Osvaldo Requena, una innovación estética que exportaron con éxito a países como España, Italia, Estados Unidos y Japón.
Más allá del éxito comercial y de los galardones acumulados a lo largo de más de cinco décadas de carrera —entre los que destacan el “Charrúa de Oro” en Uruguay, el premio SADAIC y la declaración como Ciudadanos Destacados de su Diamante natal—, el legado de Rubén Cuestas se mide por su profunda generosidad humana.
Músicos y colegas de la región litoraleña coinciden en que el dúo funcionó como un motor fundamental para visibilizar a autores y compositores rurales que, de otro modo, habrían quedado en el anonimato del interior profundo.
La partida de Rubén, que se produce años después del fallecimiento de su hermano Néstor, marca el fin definitivo de una propuesta artística irrepetible.
Sus allegados recuerdan con especial afecto una de sus máximas filosofías de vida, aquella que solía recitar en sus presentaciones y que resumía su respeto absoluto por la libertad de la naturaleza: “Soy amigo de las aves, pero sin jaula, señor”.
Hoy, el silbido que alguna vez trajo el monte a la gran ciudad se eleva definitivamente hacia la inmortalidad, dejando un vacío incalculable en el alma de su provincia.