El futbolista ecuatoriano Mario Pineda y su pareja Gisel Fernández fueron asesinados en Guayaquil en un ataque violento ligado a crimen organizado y narcotráfico.
La investigación reveló que Gisel podría haber sido el objetivo principal y que otros implicados, incluyendo una mujer intermediaria y sicarios, ya fueron detenidos.

 

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En un giro escalofriante de los acontecimientos, el asesinato del futbolista ecuatoriano Mario Pineda y su pareja, la peruana Gisel Fernández, ha dejado a la comunidad en shock y ha desatado una serie de investigaciones que revelan un trasfondo de crimen organizado y narcotráfico.

La brutalidad del ataque, que tuvo lugar en una carnicería en el centro de Guayaquil, ha dejado más preguntas que respuestas, y las autoridades se encuentran en una carrera contrarreloj para desentrañar la verdad detrás de este horrendo crimen.

Los hechos se desarrollaron de manera trágica cuando Pineda y Fernández, quienes estaban acompañados por la madre del futbolista, fueron emboscados por un grupo de delincuentes.

Los sicarios, armados con rifles de asalto, abrieron fuego indiscriminadamente, dejando a la pareja tendida en el suelo.

En la escena del crimen, la policía encontró 17 casquillos de bala de calibre 9 mm, dos balas deformadas, y varios objetos personales, incluyendo dos teléfonos celulares y una billetera.

Sin embargo, el celular de Pineda no fue hallado, lo que ha despertado la curiosidad de los investigadores.

Testigos del ataque grabaron el horror de la escena, mientras que la madre de Pineda, aunque herida, logró sobrevivir y fue llevada de emergencia a un centro médico.

La rápida respuesta de la policía condujo a la captura de tres ciudadanos venezolanos, uno de los cuales era un repartidor que confesó haber recibido $200 por seguir a la pareja.

Otro de los detenidos, implicado directamente en el ataque, admitió haber recibido $1,500 de una mujer por llevar a cabo el crimen.

Esta mujer, también venezolana, se encuentra bajo custodia.

 

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Sin embargo, la situación se tornó aún más sombría cuando, al día siguiente del funeral de Pineda, otra mujer del círculo cercano fue asesinada.

Karen Grunauer, una empresaria de eventos de 39 años, fue interceptada y asesinada a tiros a pocas cuadras del cementerio.

En la escena del crimen se encontraron 12 casquillos de bala y un panfleto con la inscripción “Mafia 18”, lo que sugiere un posible vínculo con organizaciones criminales.

La investigación del diario Extra, que citó a un alto funcionario de la policía ecuatoriana, reveló que Grunauer estaba involucrada en el microtráfico de drogas, lo que añade una capa más oscura a esta historia.

Según fuentes cercanas, tanto Gisel como Karen eran amigas íntimas y estaban profundamente involucradas en una red de narcotráfico que operaba en eventos de gran escala.

La policía sospecha que Pineda, al ser la pareja de Gisel, conocía las actividades ilegales en las que estaba involucrada.

La narrativa inicial sostenía que Gisel era prestamista de grandes sumas de dinero y que el asesinato podría haber sido motivado por deudas impagas.

Sin embargo, las nuevas evidencias apuntan a que ella era el verdadero objetivo del ataque.

Pineda, quien recientemente dejó de jugar en el Barcelona Sporting Club y había comenzado a negociar con el Emelec, se encontraba en una situación vulnerable, sin ingresos, lo que podría haberlo vinculado indirectamente a las actividades ilícitas de su pareja.

 

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La policía ha comenzado a investigar las conexiones entre los asesinatos, y se ha revelado que Grunauer tenía vínculos con el mismo círculo criminal.

Testigos del funeral afirmaron que ella parecía asustada y mantenía un perfil bajo, lo que plantea la pregunta de si estaba consciente del peligro que corría.

A pesar de su amistad con Gisel, la situación se tornó mortal en cuestión de horas.

La investigación se ha intensificado, y las autoridades han estado revisando las grabaciones de las cámaras de seguridad.

Se ha informado que uno de los sicarios, tras el ataque, sufrió un percance con su motocicleta y tuvo que huir en un taxi, lo que llevó a su captura en un hotel.

Este individuo ha proporcionado información sobre la intermediaria que lo contrató, así como sobre otros cómplices involucrados en el asesinato.

Las autoridades han formalizado cargos contra los implicados, incluyendo al sicario que disparó, el repartidor que hizo el seguimiento y la mujer que actuó como intermediaria.

Sin embargo, la policía ha dejado claro que hay una figura más poderosa detrás de estos crímenes, alguien que podría poner en riesgo la vida de aquellos que decidan cooperar con la justicia.

Mientras las investigaciones continúan, el país se enfrenta a una ola de incertidumbre y miedo.

La brutalidad de estos crímenes ha dejado una marca indeleble en las familias de las víctimas y ha puesto de relieve la creciente influencia del narcotráfico en la sociedad ecuatoriana.

La pregunta que queda es: ¿quiénes son los verdaderos responsables detrás de estos asesinatos y qué más se oculta en la sombra de este oscuro caso? La respuesta podría ser más aterradora de lo que se imagina.