Fredy Emiro Abaunza, conductor de plataforma en Bogotá, fue secuestrado en Bosa el 3 de abril de 2026 por cinco personas que exigieron hasta 20 millones de pesos, siendo rescatado horas después por el Gaula tras ubicar el vehículo mediante GPS

 

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Conducir para una plataforma o aceptar un acarreo volvió a convertirse en una actividad de alto riesgo en Bogotá y Soacha.

En menos de dos semanas, dos historias estremecieron a las familias de transportadores del sur de la capital: la de Fredy Emiro Abaunza Hernández, conductor de aplicación secuestrado y rescatado por el Gaula tras varias horas de cautiverio, y la de Luis Eduardo Rodríguez Montaño, un hombre de 70 años desaparecido después de salir a cumplir un servicio de trasteo hacia Ciudad Verde.

Ambos casos, distintos en su desenlace hasta ahora, dejaron al descubierto una modalidad que las autoridades vienen rastreando con creciente preocupación.

El episodio de Fredy Abaunza ocurrió el 3 de abril de 2026 en la localidad de Bosa, en el sur de Bogotá.

De acuerdo con la judicialización conocida por la Fiscalía y divulgada por la Alcaldía, cinco personas, entre ellas un menor de 17 años, habrían solicitado un servicio de transporte por plataforma y, una vez iniciado el trayecto, intimidaron al conductor, lo obligaron a pasar a la parte trasera del vehículo, lo hirieron en una pierna y lo trasladaron a una vivienda.

Allí, según la investigación, fue golpeado, amenazado y obligado a soportar videos de presión enviados a su familia para exigir dinero a cambio de su libertad.

Las imágenes del cautiverio, conocidas públicamente en Colombia, revelaron la dimensión humana del caso.

“Para que por favor envíen lo que los muchachos están pidiendo”, se escucha decir a la víctima en uno de los videos enviados a sus familiares.

En otro momento del operativo, ya durante el rescate, un uniformado del Gaula pronunció una frase que sintetizó el final de la pesadilla: “Policía Metropolitana de Bogotá, bienvenido a la libertad”.

El conductor había permanecido retenido durante horas mientras los secuestradores exigían 20 millones de pesos para liberarlo.

 

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La investigación oficial indica que los captores utilizaron además el vehículo de la víctima y que el rastreo por GPS fue clave para ubicar la casa donde lo tenían atado de pies y manos en un baño.

En el lugar, las autoridades hallaron un arma de fuego, tres celulares y el automóvil hurtado.

La Fiscalía imputó a los cuatro adultos los delitos de secuestro extorsivo y hurto calificado, ambos agravados, mientras que al menor le fueron imputados además tortura y lesiones personales.

El caso no solo conmocionó por la violencia de los hechos, sino porque confirmó que el uso de aplicaciones y servicios concertados sigue siendo una puerta de entrada para estructuras que buscan inmovilizar, despojar y extorsionar a conductores que trabajan solos.

Fredy, ya libre, resumió en pocas palabras el miedo que sintió en cautiverio.

“Yo pensé que ya, o sea, que hasta ahí llegaba”, relató al recordar el momento en que escuchó las exigencias económicas y entendió que su familia difícilmente podría reunir semejante suma.

 

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Su testimonio, difundido en televisión, mostró a un hombre golpeado, herido y todavía en shock, pero vivo.

Esa última palabra no es menor.

En Bogotá, la conversación pública sobre seguridad en el transporte se ha endurecido después de varios hechos recientes de secuestro y violencia extrema que han puesto el foco sobre controles insuficientes, reincidencia criminal y vacíos en la trazabilidad de quienes operan vehículos de servicio.

Mientras Abaunza regresaba con vida a casa, la familia de Luis Eduardo Rodríguez Montaño entraba en otra clase de tormenta.

El conductor, de 70 años, salió en la mañana del 9 de abril para realizar un trasteo hacia Soacha y desde entonces no volvió a responder.

Según sus familiares, el servicio fue pedido por teléfono y le habrían indicado que acudiera solo porque en el destino alguien lo ayudaría a cargar.

“La última vez que habló fue para decir que llamaba cuando terminara, pero nunca volvió a contestar”, contó su esposa.

Su hija añadió con angustia: “A esta hora no responde ni él ni aparece el vehículo. Están desaparecidos los dos”.

 

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La desaparición de Rodríguez Montaño elevó la alarma entre conductores independientes del corredor entre Bogotá y Soacha, una zona donde la Fiscalía ya ha documentado operaciones de grupos criminales dedicados a engañar transportadores.

El ejemplo más claro apareció esta misma semana con la judicialización de ‘Las Atrapadoras’, una red que, según el ente acusador, estaría relacionada con al menos 15 casos de secuestro y robo contra conductores entre octubre de 2024 y mayo de 2025.

La modalidad era simple y efectiva: una mujer abordaba a la víctima para generar confianza, pedía una parada y, en ese punto, aparecía el resto del grupo para someter al conductor, quitarle el vehículo, la mercancía o sus objetos personales.

Ese contexto explica por qué los casos de Fredy y Luis Eduardo no son leídos por las autoridades como hechos aislados.

Bogotá arrastra desde comienzos de 2026 una nueva oleada de secuestros y robos asociados al transporte, incluidos expedientes que reabrieron el debate sobre los llamados paseos millonarios, la reincidencia delictiva y la falta de filtros rigurosos para quienes participan en este sector.

 

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Reportes recientes han señalado incluso que más del 60 % de los conductores sometidos a un tamizaje tenían antecedentes penales, un dato que profundizó la discusión sobre control, prevención y responsabilidad institucional.

En ese panorama, la historia de Fredy Abaunza se convirtió en advertencia y alivio al mismo tiempo.

Sobrevivió al disparo, al encierro, a la presión sobre su familia y a una extorsión que pudo terminar peor.

La de Luis Eduardo Rodríguez Montaño, en cambio, sigue abierta como una herida.

Dos trayectos aceptados como parte de la rutina laboral bastaron para transformar la jornada de trabajo en una escena de miedo, incertidumbre y búsqueda.

En las calles del sur de Bogotá y en la salida hacia Soacha, cada llamada de servicio vuelve a parecer hoy menos una oportunidad de ingreso y más una apuesta contra el peligro.

 

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