Gustavo Petro afirmó en Barcelona que el mundo enfrenta una decisión histórica entre “vivir o codiciar”, vinculando la crisis climática con el agotamiento del modelo económico basado en petróleo y carbón

 

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En medio de un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, crisis climática y disputas ideológicas, el presidente colombiano Gustavo Petro eligió Barcelona como plataforma para exponer no solo su visión del mundo, sino también las dudas que rodean su propia vida después de la presidencia.

Durante un encuentro con periodistas de Radio Televisión Española y la Agencia EFE, el mandatario ofreció un discurso profundo, a ratos filosófico y en otros momentos abiertamente confrontativo, en el que abordó desde el conflicto en Gaza hasta su relación con Donald Trump.

“Una ciudad donde he pensado que quizás algún día, si se puede, me muera de viejo”, afirmó Petro al referirse a Barcelona, marcando desde el inicio un tono inesperadamente íntimo que rápidamente se transformó en un análisis global.

Su intervención giró en torno a una idea central: la humanidad enfrenta una disyuntiva histórica entre “vivir o codiciar”, una frase que repitió con insistencia al advertir sobre el colapso del modelo energético basado en petróleo y carbón.

El presidente colombiano vinculó esta crisis ambiental con el sistema económico global, sugiriendo que “los estertores del mundo del petróleo pueden ser los estertores del mundo del capital”.

En su narrativa, la transición energética no es solo un desafío técnico, sino una ruptura estructural que redefinirá el orden mundial.

“La ciencia nos dice tajantemente que eso nos lleva a la muerte como especie humana”, sostuvo, aludiendo a fenómenos climáticos extremos que, según él, ya afectan a países como Colombia y España.

 

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En el plano político, Petro defendió la necesidad de una “democracia global” que supere las limitaciones del Estado-nación, al que calificó como una estructura en crisis.

Según explicó, organismos como Naciones Unidas han perdido eficacia frente a conflictos contemporáneos, lo que abre espacio a nuevas formas de articulación basadas en la movilización de los pueblos.

“Lo que detuvo parcialmente el genocidio en Gaza fueron las multitudes en las calles”, afirmó.

Uno de los momentos más reveladores de la conversación surgió al abordar su relación con Donald Trump.

Petro describió su encuentro en la Casa Blanca como un choque de percepciones mediado por lo que llamó “burbujas” dentro del entorno del líder estadounidense.

“Yo sentí que congeniábamos”, aseguró, tras relatar cómo logró desmontar acusaciones en su contra mostrando un video de un intento de asesinato sufrido durante su carrera política.

“Estos son los mafiosos que me quieren matar. Usted le dicen que yo soy el jefe de la mafia”, le dijo directamente a Trump.

Sin embargo, esa aparente conexión se vio rápidamente opacada por decisiones posteriores del mandatario estadounidense.

“Al rato salió a tirar misiles en Irán.Dije: entonces perdimos el tiempo”, comentó Petro, sugiriendo que las influencias externas dentro del gobierno norteamericano condicionan las acciones del presidente.

 

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En cuanto a América Latina, Petro rechazó la idea de un avance imparable de la extrema derecha, señalando que la región atraviesa un momento de disputa política más que de dominación ideológica.

Citó casos como Argentina, Perú y Colombia para ilustrar una dinámica en constante cambio, donde el progresismo sigue teniendo un peso significativo.

“Nunca se puede predeterminar el futuro”, advirtió.

Sobre la migración, el mandatario adoptó una postura contundente al criticar los discursos xenófobos.

“Excluir gente es excluir cerebros”, afirmó, recordando que el desarrollo de las naciones depende de la integración de la fuerza laboral y del conocimiento.

En este sentido, elogió las políticas de regularización impulsadas en España, destacando su impacto positivo tanto en la economía como en la cohesión social.

El diálogo también abordó temas sensibles como Venezuela y Cuba.

Petro propuso un modelo de transición para Venezuela basado en un gobierno de concentración temporal que permita generar confianza antes de convocar elecciones libres.

“Unas elecciones bajo sanciones se llaman extorsión”, afirmó, cuestionando la eficacia de las estrategias internacionales actuales.

 

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En el caso cubano, defendió la necesidad de diálogo y reconoció tanto los logros como los errores del sistema.

“El socialismo no es la propiedad estatal, es la propiedad social”, explicó, marcando distancia con modelos centralizados que, según él, han limitado el desarrollo económico de la isla.

Al acercarse el final de la entrevista, la conversación tomó un giro más personal.

Petro admitió errores durante su mandato, especialmente en la elección de algunos funcionarios.

“Nombrar un poco de gente que no servía”, reconoció, atribuyendo estas decisiones a su intento de construir un gobierno plural.

Pero fue al hablar de su futuro donde el presidente dejó una de las frases más inquietantes de la jornada.

“No tengo ni idea”, confesó sobre lo que hará después de dejar el cargo.

Luego, recurrió a la filosofía para explicar su incertidumbre, citando el concepto de “parresía” analizado por Michel Foucault: decir la verdad conlleva riesgos, incluso el exilio o la muerte.

“El pueblo decide si me manda al ostracismo o si continúa el camino”, concluyó, dejando abierta una interrogante que trasciende su figura y apunta al destino político de Colombia.

En un mundo que, según sus propias palabras, “está en llamas”, Petro parece prepararse para un desenlace donde la historia, más que el poder, tendrá la última palabra.

 

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