Una operación quirúrgica de diecinueve minutos coordinada por la Secretaría de Marina y la DEA en Popotla, Rosarito, logró la captura de René Arzate García, alias “La Rana”, un influyente jefe de plaza del Cártel de Sinaloa en la frontera norte por quien el Departamento de Justicia de Estados Unidos ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares

 

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La madrugada costera de Baja California se convirtió en el escenario de uno de los golpes estratégicos más significativos contra la estructura del Cártel de Sinaloa en la frontera norte de México, ejecutado mediante una operación quirúrgica que combinó el despliegue aéreo táctico con la más alta inteligencia bilateral.

René Arzate García, alias “La Rana”, señalado históricamente como el influyente jefe de plaza de dicha organización criminal en Tijuana y Rosarito, fue capturado a las 6:47 de la mañana en la localidad de Popotla, rompiendo con ello semanas de un meticuloso y silencioso seguimiento.

El operativo, coordinado de manera directa desde la Ciudad de México bajo las directrices de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad federal, destacó no solo por su precisión cronométrica de diecinueve minutos, sino también por una deliberada decisión política y logística: la exclusión total del Ejército Mexicano, de la Fiscalía General de la República y de las autoridades locales de Baja California.

Esta drástica medida de aislamiento institucional, diseñada para blindar la misión contra cualquier posible filtración o traición interna dentro de los aparatos de seguridad del Estado, limitó la acción de campo de manera exclusiva a elementos de la Secretaría de Marina Armada de México y a agentes especializados de la Administración de Control de Drogas (DEA) de los Estados Unidos.

 

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La relevancia de Arzate García dentro del entramado delictivo superaba por mucho el perfil de un operador violento convencional, pues era considerado un auténtico arquitecto de la logística criminal en el corredor costero que conecta Rosarito con la frontera estadounidense.

Bajo su mando operaba una red altamente sofisticada capaz de controlar rutas marítimas discretas, puntos estratégicos de desembarco en zonas pesqueras y un circuito de casas de seguridad camufladas entre residencias de descanso vacacionales.

Esta posición lo situó desde hace meses en la lista de objetivos prioritarios del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, el cual mantenía activa una recompensa de cinco millones de dólares sobre su cabeza tras levantar cargos federales por narcoterrorismo y tráfico masivo de fentanilo, cocaína y metanfetaminas.

Para establecer su refugio temporal, “La Rana” eligió la geografía de Popotla debido a sus ventajas tácticas tradicionales, las cuales facilitaban el acceso inmediato al mar y complicaban la vigilancia terrestre mediante un entramado residencial propenso al anonimato.

Sin embargo, las dinámicas de fractura interna que experimenta el Cártel de Sinaloa a raíz de la reestructuración de mandos forzaron a Arzate a abandonar su estricto protocolo de movilidad, permaneciendo más de setenta y dos horas en un mismo punto geográfico y permitiendo que los sistemas de vigilancia aérea establecieran un patrón claro de su rutina.

 

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El rastreo final combinó tecnología de punta e intercepción de metadatos de ubicación precisados por antenas de telefonía costeras cada vez que el objetivo realizaba comunicaciones breves para coordinar sus redes.

A pesar de haber recibido alertas sobre movimientos inusuales de vehículos sin identificar en las calles adyacentes horas antes de la incursión, el desgaste físico y la paranoia colectiva del entorno criminal llevaron al líder a desestimar el peligro, ignorando que el cerco definitivo no provendría de las vías terrestres sino del cielo.

A las 4:20 de la madrugada, aprovechando condiciones climáticas de viento que amortiguaban el sonido de los rotores, tres helicópteros militares de la Marina que operaban con luces apagadas y sistemas de navegación encriptados se posicionaron en formación triangular sobre Popotla.

Mientras un equipo terrestre camuflado con vestimenta civil mantenía sellados los accesos vehiculares desde tempranas horas y una embarcación interceptaba cualquier intento de escape por el agua, dos de las aeronaves iniciaron un descenso táctico simultáneo sobre la playa y un terreno baldío colindante para dar paso a la incursión armada en la propiedad.

 

Operativo de Marina y DEA en Rosarito apuntan a red Arzate

 

La fase de penetración en el inmueble avanzó con absoluto silencio y mediante señales manuales, logrando neutralizar los accesos en segundos mediante herramientas de brechado hidráulico para anular la capacidad de respuesta de los escoltas ubicados en la planta baja.

La única resistencia armada se concentró en el segundo nivel detrás de una puerta metálica reforzada, donde se desató un breve intercambio de disparos que concluyó con el sometimiento de dos custodios mediante tiros de precisión en las extremidades, sin que se registraran bajas en las fuerzas federales.

“La Rana” fue localizado finalmente en la habitación principal a las 4:57 de la mañana, de pie junto a una ventana con vista al mar y sin oportunidad de activar túneles de escape o protocolos de emergencia.

Tras asegurar al detenido y trasladarlo de inmediato en una de las aeronaves con rumbo desconocido, los equipos de la Marina y de la DEA procedieron con el inventario minucioso del lugar, descubriendo un arsenal que incluía fusiles de asalto modificados para fuego automático, mochilas con dinero en efectivo y paquetes prensados de fentanilo de alta pureza.

El hallazgo más valioso para la inteligencia gubernamental consistió en dispositivos electrónicos y una carpeta con documentación financiera detallada que abarca cuatro años de lavado de dinero, vinculando presuntamente a figuras del sector empresarial formal de la región.

Asimismo, entre las pertenencias personales del capo se localizó una fotografía que expone la cadena de mando de la organización y que incluye a un tercer individuo cuya identidad oculta abre nuevas líneas de investigación sobre los niveles de infiltración del narcotráfico en las estructuras institucionales del país.

 

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